Tomás Cano, becario de la Fundación "la Caixa" y estudiante de Derecho y Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. 

Añadir Estrategias de Inversión en Google

Tomás Cano, becario de la Fundación "la Caixa" y estudiante de Derecho y Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. 

«En los ojos se abren infinitos senderos», reza un poema de Federico García Lorca. En los de Tomás brilla la ilusión de quien sabe cuál es su destino y ya ha emprendido el viaje. Hijo pequeño en una familia de cinco hermanos —todas mujeres menos él—, aprendió pronto lo que es pasar dificultades. Sus padres no lo han tenido fácil, pero si hay algo que ha abundado en su casa es el amor y la empatía. «Mi padre tiene una discapacidad en el hombro que le imposibilita la movilidad y mi madre es una persona inmigrante. Dejó a su hija en Ecuador y vino a España para buscar una vida mejor. Ha trabajado y sufrido mucho, a veces en condiciones deplorables», explica Tomás.

«Mis padres han hecho siempre un esfuerzo brutal para sacar a la familia adelante. Ellos intentaban transmitirme toda la tranquilidad del mundo, pero yo era consciente de lo que fallaba y del dolor que sufrían.»

En la localidad murciana de Calasparra, ambos han ido saliendo adelante con trabajos precarios y poco ajustados a su salud y sus capacidades: su padre, en la construcción, la ganadería, como conductor…; y su madre, sobre todo, en la agricultura. «Han hecho siempre un esfuerzo brutal para sacar a la familia adelante», explica Tomás. Sobre todo en 2010, cuando la crisis llegó a su apogeo y Tomás tenía solo 4 años. «Era muy pequeño y sufrí mucho esa crisis. Ellos intentaban transmitirme toda la tranquilidad del mundo, pero yo era consciente de muchas cosas que fallaban y de muchas cosas que faltaban en mi casa. También del dolor que sufrían».

Este contexto adverso configuró de algún modo su manera de mirar el mundo, modelada tanto por el amor de su familia como por la vulnerabilidad a la que se veían expuestos. Tomás confiesa que crecer rodeado de mujeres le hizo desarrollar una visión singular y diferente a la de sus compañeros. «En un sistema que muchas veces impone roles de género rígidos, yo tuve la oportunidad de desarrollar una sensibilidad y una empatía profundas a la hora de resolver problemas y entender nuestro entorno».

La injusticia que vivían le ayudó a analizar su entorno y plantearse muchas preguntas: ¿Por qué se veían abocados a la vulnerabilidad? ¿Por qué nadie velaba por sus derechos? ¿Qué estaba fallando? Esto encendió en él la pasión por el derecho al entender que sus mecanismos podían ayudarlo a solucionar lo que estaba mal. «Sabía lo que quería hacer y lo que quería cambiar, y encontré en el derecho la herramienta para ayudar a la gente», afirma con emoción.

La escuela: una ventana al descubrimiento

Si su casa y su experiencia determinaron su visión, el instituto ensanchó sus miras y le abrió la puerta al descubrimiento de otras disciplinas e intereses. «Allí me di cuenta de la inmensidad de campos a los que podía dedicarme. Descubrí las herramientas y asignaturas clave para entender mi realidad y la importancia de querer avanzar, querer ayudar», comenta. Durante esa etapa, su talento y sus ansias por aprender lo llevaron a participar en programas como el Global Governance & Law Experience de ESADE y el programa europeo Dial-GO!, que le brindaron la oportunidad de interactuar con otros alumnos con distintas perspectivas, pero con las mismas ganas de cambiar el mundo.

«Mi profesora de Filosofía en el instituto me enseñó a interpretar las cosas, a tener una mirada crítica del mundo, a descubrir cómo funcionan sus estructuras.»

Como alumno del IES Emilio Pérez Piñero, Tomás también agradece la suerte de haber contado con grandes profesores. «Le ponían mucha ilusión y empeño a todo». Pero reconoce que hubo una persona en concreto que supuso un punto de inflexión en su trayectoria: Diana, su profesora de Filosofía. «Me cautivó la manera en la que te invitaba a pensar, la forma de introducirte en mundos que no conocías, de querer que mejoráramos todo el rato. Me enseñó a interpretar las cosas, a tener una mirada crítica del mundo, a descubrir cómo funcionan sus estructuras. Me levantaba por dentro la curiosidad y las ganas de aprender», explica ilusionado.

Tomás Cano, becario de la Fundación "la Caixa" y estudiante de Derecho y Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. 

Fundación ”la Caixa”

En primero de bachillerato estaba convencido de que quería estudiar el doble grado en Derecho y Economía, pero al cursar la asignatura de Filosofía todo cambió. «Al final del curso me acerqué y le dije: “Diana, voy a estudiar Derecho y Filosofía en Madrid”. Ella me miró y me contestó: “Ya lo sabía”. Fue alguien muy especial y se lo agradeceré toda la vida porque «me hizo cambiar mi visión del mundo y mi mundo personal».

Además de la escuela, el soporte incondicional de su familia también resultó clave en su evolución académica. «A pesar de todas las dificultades que han tenido y siguen teniendo, han hecho lo posible y lo imposible para que no sufriera nada y pudiera hacer lo que quería», explica Tomás con gratitud.

«Sobre todo mi padre. Si le decía que quería ir a clases de inglés o practicar un deporte, hacía todo lo necesario para que fuera posible». Ese apoyo también se traducía en pequeños gestos cotidianos.«Desayunaba conmigo todas las mañanas a la misma hora para ir al instituto y estaba siempre atento a todo lo que necesitase. Durante la ESO se sentaba a mi lado, me apoyaba y leía conmigo lo que hiciese falta. Eso me transmitió una tranquilidad y una serenidad enormes, incluso cuando las cosas no venían como pretendía», reconoce.

Ese apoyo incondicional en sus capacidades dio a Tomás la seguridad necesaria para fijarse metas altas. Cuando llegó el momento de dar el salto a la educación superior, tenía claro que su destino estaba en Madrid. «Soy una persona muy lanzada. Así que antes de que me dieran la beca de la Fundación ”la Caixa” ya había cogido piso y pagado la fianza», explica con decisión. Por eso, confiesa que, cuando al fin recibió la ayuda, sus padres, además de alegrarse se sintieron aliviados. «Para ellos es un orgullo. […] Sin la beca no habría podido estudiar en Madrid. Vieron que yo tenía la capacidad y que habían criado a una persona que intentaba sacar lo mejor de sí misma».

Una justicia cercana frente a la extrañeza del derecho

Ya plenamente asentado en la Universidad Complutense, la combinación del derecho y la filosofía ha permitido a Tomás desarrollar unenfoque crítico con el sistema judicial actual. Lejos de entender las leyes como un conjunto de normas frías e inmutables, las concibe como estructuras vivas que impactan directamente sobre las personas y que pueden evolucionar.

«La filosofía te permite estudiar cómo se configura nuestro entorno, nuestra sociedad, y de qué manera se articulan las estructuras económicas, políticas y jurídicas. Está en la base de todo», explica. Mientras el derecho, tal y como lo entiende, es una herramienta social creada por personas con una visión del mundo concreta, aplicada por ciudadanos con sus propios sesgos y dirigida a ciudadanos que muchas veces la perciben como un mero elemento de represión. «Para mí es muy importante para ayudar y salvaguardar los bienes jurídicos de las personas que lo necesitan», asegura.

Por eso considera prioritario derribar lo que define como la «extrañeza del derecho». «Un lenguaje jurídico complicado lo que hace es dejar a la gente fuera, consolidar un lobby de abogados y jueces, y que los que realmente lo necesitan, personas en situaciones de vulnerabilidad y de exclusión, no puedan hacer efectivos sus derechos», afirma.

Tomás Cano en el Santuario Virgen de la Esperanza de Calasparra.© Fundación ”la Caixa”

Tomás Cano en el Santuario Virgen de la Esperanza de Calasparra.© Fundación ”la Caixa”

Si hay que eliminar algo obsoleto del sistema judicial, lo tiene claro: la revictimización. Especialmente cuando se habla de abusos contra las mujeres. Para Tomás hay que abordar los fallos en los procesos y mejorar la atención a las víctimas. Hay que apoyarlas y «poner a su disposición todas las herramientas necesarias para denunciar los abusos».

«Hay que tener mucho amor, mucha empatía, mucho conocimiento de lo que hay detrás de una ley, de una pena y de una persona. Mirar las cosas con amor y sensibilidad, y ser consciente de la dignidad inherente a las personas.»

Para hacer frente a esos fallos del sistema que vuelcan todo su peso sobre los más débiles, Tomás propone abordar los cambios en el sistema judicial desde la teoría poética del amor. «Hay que tener mucho amor, mucha empatía, mucho conocimiento de lo que hay detrás de una ley, de una pena y de una persona. Mirar las cosas con amor y sensibilidad, y ser consciente de la dignidad inherente a las personas», explica, y cita a poetas como Rafael Alberti o Lorca como ejemplos de sensibilidad y defensa de las causas justas. Una de esas causas sería la defensa de los inmigrantes y de las personas con discapacidad, realidades que le han tocado muy de cerca y a las que querría dedicar su carrera.

Al final, solo con ese enfoque, el de la humanidad, la sensibilidad y la empatía, se pueden modificar las estructuras que perpetúan la injusticia. Y aunque afirma que no pretende «cambiar el mundo de la noche a la mañana porque es muy complicado», sí que tiene clara su ambición: «Ayudar a cambiar la realidad de la gente que me rodea y de la gente que lo necesita».

La fuerza de las oportunidades

En España, uno de cada tres niños crece en contextos marcados por la pobreza y la falta de oportunidades, mientras que uno de cada cuatro jóvenes que quiere trabajar no encuentra empleo. Las dificultades económicas, el abandono escolar, el desempleo juvenil o la precariedad siguen condicionando el presente y el futuro de miles de familias vulnerables.

Para contribuir a romper este círculo de desigualdad, la Fundación ”la Caixa” impulsa programas de acompañamiento socioeducativo y acceso al empleo para infancia y juventud vulnerable, como CaixaProinfancia, Incorpora Joven, las Becas de Grado, las Convocatorias de Proyectos Sociales o las iniciativas Más Infancia y Más Empleo Joven.

Cada año, más de 140.000 niños, adolescentes y jóvenes reciben apoyo a través de estos programas, desarrollados junto a una amplia red de entidades sociales. En 2026, la Fundación ”la Caixa” destina más de 700 millones de euros a transformación social para actuar allí donde las necesidades son más urgentes.

«La vulnerabilidad es cada vez más compleja y exige respuestas que vayan más allá de las ayudas económicas. Hace falta un acompañamiento integral y sostenido para que niños, jóvenes y familias puedan acceder a oportunidades y construir un futuro mejor. Solo así es posible romper dinámicas de exclusión que se perpetúan de generación en generación», asegura el subdirector general de la Fundación ”la Caixa”,Marc Simón.