
Los analistas más pesimistas se preguntan si un posible crack de los mercados vendrá de la mano de las acciones o de los bonos. De momento, las bolsas se están comportando mejor y se alejan, en el peor de los casos como el Nasdaq, un 9% de sus niveles máximos históricos.
De continuar durante mucho tiempo la escasez de petróleo y la consiguiente elevación de los precios, los tipos actuales no serían suficientes para contrarrestar una escalada hiperinflacionista y, de ahí, estos fuertes repuntes en el mercado de bonos. Aterrizando en el bono español a 10 años, éste ofrece ahora una rentabilidad del 3,60% que marcó allá por noviembre de 2023 la última vez seguida de una continuada caída con sus lógicos dientes de sierra.
Una de las víctimas de la escalada de las rentabilidades es el oro, un activo que no ofrece ninguna rentabilidad. Hoy registraba un descenso de más del 7% hasta los 4.271 dólares la onza, aunque la plata todavía ahondaba más en las pérdidas con un 8,5% hasta los 63,68 dólares. Hay expertos que consideran que además se está produciendo venta de oro por parte de los bancos centrales para sufragar el aumento en el gasto militar.
Esta fuerte subida de los tipos en el mercado secundario no se refleja, de momento, en las decisiones que tomaron la pasada semana los grandes bancos centrales, Fed y BCE. Ambos organismos decidieron mantener el precio del dinero a la espera de que conocer la duración del conflicto bélico y su reflejo en la marcha de los precios que no tardará mucho en constatarse afectando a toda la economía.
En el caso del bono alemán, la referencia de mayor solvencia para Europa, los 13 años transcurridos hasta volver a niveles del 3,2%, conviene no olvidar que tuvo tipos negativos que obligaban a los inversores a pagar por invertir en esta deuda.
Javier Molina, analista de Mercados de eToro, considera que “lo que hemos visto en las últimas semanas no es un simple episodio de volatilidad, es un cambio de régimen. El detonante ha sido geopolítico, pero las consecuencias son profundamente financieras”. Y añade: “ese movimiento ha provocado un giro brusco en las expectativas de política monetaria. Donde hace apenas semanas el consenso estaba centrado en recortes de tipos, ahora el mercado empieza a valorar incluso subidas. Y no solo en Europa o Reino Unido, donde el impacto del shock energético es más directo, sino también en Estados Unidos”. El analista destaca el ajuste especialmente violento en la renta fija. Las “tires” han repuntado con fuerza a lo largo de la curva y, lo más relevante, es que lo han hecho al mismo tiempo que caían las bolsas.
Tres verdades incómodas
David Rees, director de Economía Global de Schroders, considera que las sucesivas oleadas de inflación energética y alimentaria durante un período prolongado aumentarían el riesgo de que la crisis de la oferta se arraigara en la fijación de salarios y otros precios, lo que daría lugar a los temidos efectos de segunda ronda que quitan el sueño a los responsables de los bancos centrales”. Y añade, las críticas que sufrieron estos organismos por haber reaccionado con demasiada lentitud ante la crisis de los precios de la energía tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia.
Por último, Luke Hickmore, director de inversiones de renta fija de Aberdeen Investments indica que el aumento de los precios del petróleo ha recordado a los mercados tres incómodas verdades. “En primer lugar, los riesgos de inflación no han desaparecido. En segundo lugar, los bancos centrales no tienen libertad ilimitada para recortar los tipos si los precios de la energía siguen subiendo. En tercer lugar, la geopolítica conlleva un coste económico real que los inversores no pueden ignorar”, explica.
Los rendimientos de los bonos reflejan estas tres realidades. Hasta que los precios del petróleo se estabilicen y los riesgos geopolíticos remitan, es probable que los inversores sigan exigiendo una prima más alta por mantener bonos. “No se trata de pánico, sino de una valoración racional en un mundo menos predecible”, concluye.

