A medida que se recupera la economía mundial, el rápido crecimiento de economías emergentes como China e Indida ha supuesto en dichos países mantener a raya los precios al consumo, mientras que el estancamiento de los países desarrollados ha tenido lugar en un entorno de bajos niveles de inflación.

En cualquier caso, durante los últimos meses hemos vuelto a hablar de inflación en estos países más ricos: en diciembre, el IPC británico creció un 3.7%, mientras que en la eurozona la inflación subió incluso por encima del objetivo del BCE. Gran parte de la culpa se echa al fuerte crecimiento de los precios de las materias primas.

Pero el impacto sobre los consumidores finales es muy diferente entre los distintos países. Una gran parte de los ingresos se destina en la alimentación, como sucede en países pobres como China (33%) o India (46%), lo que supone que la inflación en estos países se debe al gran incremento en los precios de los alimentos.

Por el contrario, en los países ricos, es el precio de la energía el mayor determinante de esta inflación, pese a que este consumo sigue siendo una pequeña parte de los ingresos.

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