Las expectativas sobre los tipos de interés han sido uno de grandes catalizadores de las bolsas en los últimos tiempos, más allá de la guerra comercial entre China y EEUU. En febrero de 2018, el Dow Jones registró su mayor caída en puntos de su historia, cerró la sesión con una bajada del 4,6% e incluso llegó a ceder hasta un 6,1% por el temor de los inversores a una subida agresiva de los tipos de interés. La Fed elevó los tipos cuatro veces en 2018 de manera escalonada y 2019 arrancó con expectativas de nuevas alzas. El pasado año, de hecho, la mayoría de índices bursátiles cerraron en rojo.

Sin embargo, la debilidad económica global ha trastocado lo que hasta comienzos de año nadie cuestionaba: que los bancos centrales debían aprovechar el crecimiento económico para ir normalizando los tipos de interés, ir retirando los estímulos y poner fin a las políticas monetarias no convencionales antes de que llegase otra crisis. La historia ha cambiado, el BCE ha vuelto a poner en marcha un programa de compra de activos a un ritmo mensual de 20.000 millones y la expectativa de que vaya a subir los tipos queda, de momento, aparcada.

Sectores defensivos, ‘growth’ y oro: las temáticas favoritas ante el largo escenario de tipos bajos

En su última reunión de septiembre, el BCE ajustó sus proyecciones de crecimiento de la economía y la evolución de los precios. La tasa de inflación para 2019 la rebajó del 1,3% al 1,2%, en 2020 la rebajó aún más desde el 1,4% hasta el 1% y en 2021 estima que el Índice de Precios al Consumo (IPC) se situará en el 1,5% frente al 1,6% que anunció en junio. Es decir, teniendo en cuenta la expectativa de inflación del organismo monetario y el mandato que tiene de que el IPC suba a un ritmo cercano al 2%, el BCE anticipa que al menos hasta 2022 no subirá los tipos de interés.

Estas proyecciones, no obstante, no son inamovibles como se ha visto entre 2018 y 2019. Pero el mercado descuenta un largo período de tipos bajos, porque pese a la desaceleración económica, todos los aranceles aplicados entre China y Estados Unidos por valor de 375.000 millones de dólares, la guerra comercial que se empieza a vislumbrar también entre la Unión Europea y su tradicional aliado atlántico o el Brexit… pese a todo ello, las bolsas acumulan revalorizaciones positivas en 2019 e incluso Wall Street está en máximos históricos. 

“Vemos una divergencia entre los indicadores económicos y el comportamiento de los mercados bursátiles sin precedentes, quese explica por la recompra de acciones de las empresas y la compra de bonos por parte de los bancos centrales”, explica Luis Francisco Ruiz, director de análisis de Estrategias de Inversión.

La principal crítica que se le hace a las políticas monetarias expansivas es básicamente que distorsionan los mercados financieros por los abultados precios a los que cotizan los activos de calidad y la reducida volatilidad que existe, mientras que la renta fija cotiza incluso con rentabilidades negativas. Tras las últimas medidas anunciadas por el BCE, el presidente del Banco Central Holandés, Klaas Knot, emitió un comunicado muy crítico con el programa de compra de activos y subrayó que estas medidas favorecen a que las inversiones seguras rindan cada vez menos, advirtió de la existencia de precios "distorsionados en los mercados financieros” y de un "comportamiento excesivo de búsqueda de riesgos en el mercado inmobiliario”.

Con todo, ¿dónde invertir?

Los expertos creen que si los tipos de interés se mantienen bajos los sectores a tener en cuenta son los mismos que lo han hecho bien hasta ahora: los sectores más disruptivos y de crecimiento como las compañías tecnológicas, que pueden acceder fácilmente a la financiación y en condiciones ventajosas, y también aquellos valores defensivos, con ingresos recurrentes y alto dividendo que pueden proteger al inversor en caso de que la incertidumbre económica y política se incremente. Compañías de consumo básico, farmacéuticas, las que presentan servicios públicos -’utilities’, eléctricas o las socimis.

“En este entorno los activos no cotizados como las infraestructuras y el ‘private equity’ también lo pueden hacer bien, ya que los gastos de intereses se reducen y el ratio deuda sobre ebitda puede ser más benevolente”, explica Félix López, socio y director de inversiones de Atl Capital.

Mientras que en renta variable los sectores más presionados en este entorno también van a seguir siendo los mismos: la banca, las empresas de telecomunicaciones, los valores cíclicos y los ligados a las materias primas. “Las ‘telecos’ tienen un crecimiento flojo, mientras que en los valores cíclicos la visibilidad de su crecimiento es también reducida”, indica López.

En el segmento de renta fija hay poco que hacer en bonos soberanos con rating AAA como Alemania o Estados Unidos, más allá del 'high yield' corporativo, la deuda subordinada financiera y la renta fija soberana emergente. Este 2019, muchos fondos de renta fija cerrarán con rentabilidades positivas tras años de pérdidas básicamente por el efecto que tienen las bajadas de tipos respecto a las largas duraciones de los bonos en cartera, sin embargo sólo es posible que sigan revalorizándose si los retornos de la renta fija sigue cayendo. “La Tasa Interna de Retorno (TIR) de muchos de estos fondos es negativa, que junto a las comisiones, hace que pierdan dinero a no ser que los tipos de interés sigan bajando”, añade López.

 

 

En renta variable, desde el bróker británico apuntan que en escenarios de incertidumbre, las compañías de servicios públicos -‘utilities’- podrían seguir comportándose bien. “El sector del lujo también podría ser un área interesante, incluso ante el riesgo de que el dólar pudiera sufrir una depreciación”, comenta Carlo Alberto de Casa, analista jefe de ActivTrades.

“Los bajos tipos han sido un factor central en los últimos años y parece que este escenario va a continuar al aumentar la incertidumbre en los mercados bursátiles y en el entorno geopolítico. La recuperación del oro podría ser uno de los temas principales en los próximos meses si la incertidumbre aumenta aún más”, añade De Casa.

José María Luna, socio de Luna-Sevilla Asesores Patrimoniales, añade otra disyuntiva y es que si Alemania lanza un programa de estímulos fiscales, en una clara apuesta por mantener el crecimiento de su economía, con bajadas de impuestos a empresas y familias eso generaría oportunidades para invertir en renta variable europea. “Algo que no vendría bien a la deuda, puesto que si hay una política fiscal expansiva, a la renta fija le vendría mal. Veríamos repunte en los tipos de interés, caídas en los precios y pueden venir sustos de ese lado”, arguye.

En el caso hipotético de que las economías muestren mayor fortaleza en los próximos meses, y de que los tipos de interés suban, el mercado iría premiando a aquellos valores que se han quedado más rezagados. Un flujo de capital que se vio en los primeros 15 días de septiembre entre activos de crecimiento y compañías de valor.