La entidad anglosajona asegura que este proceso de reestructuración se debe a la necesidad de ajustar la plantilla a las perspectivas de la empresa.

El banco, controlado ahora por el Gobierno de David Cameron, reducirá un total de 680 puestos de trabajo, aunque ya ha comunicado al sindicato Unite que ofrecerá bajas incentivadas voluntarias para reducir al mínimo posible los despidos que, por otro lado, afectarán a todos los departamentos.