Las estimaciones realizadas a partir de la información coyuntural disponible apuntan a que, en el primer trimestre, el PIB pasó a crecer un 0,1%, en términos de su tasa intertrimestral, tras seis trimestres consecutivos de bajadas. No obstante, en términos de la tasa interanual, que mide con algún desfase la situación coyuntural, el producto habría descendido un 1,3%. 
La economía española experimentó en 2009 una acusada contracción, que alcanzó su punto álgido en el primer trimestre; a partir de entonces se moderó, hasta cerrar el año con un descenso del PIB del 0,1%, en términos de su tasa intertrimestral. En el conjunto del año, la producción disminuyó un 3,6%, en respuesta a una demanda nacional que cayó más de un 6% anual, mientras que la demanda exterior neta, con una aportación positiva de 2,8 puntos porcentuales (pp), contribuyó a amortiguar el impacto negativo de aquella sobre el PIB.

En los primeros meses de 2010 prosiguió la mejora gradual de la economía española, en un entorno caracterizado por la progresiva recuperación de la economía mundial, la continuación de los efectos de las medidas públicas de apoyo a la demanda y el aumento en la confianza de los agentes. Las estimaciones realizadas a partir de la información coyuntural disponible apuntan a que, en el primer trimestre, el PIB pasó a crecer un 0,1%, en términos de su tasa intertrimestral, tras seis trime res consecutivos de bajadas. No obstante, en términos de la tasa interanual, que mide con algún desfase la situación coyuntural, el producto habría descendido un 1,3%.

Por el lado del gasto, la demanda nacional atenuó su ritmo de descenso, hasta el −2,6% (−5% en el período de octubre-diciembre) y la demanda exterior neta redujo su aportación positiva, hasta 1,4 pp (2,2 pp en los tres meses anteriores), con una recuperación tanto de las exportaciones como de las importaciones. Los planes de apoyo al sector privado incidieron en la reactivación de algunos componentes del gasto, en particular del consumo de los hogares, aunque su impacto se ha ido reduciendo, mientras que la finalización de los proyectos vinculados al Fondo Estatal de Inversión Local se reflejó en un cierto retroceso de la inversión en construcción no residencial.

En sintonía con este panorama, todas las ramas productivas mantuvieron un tono algo menos deprimido que en trimestres anteriores y el empleo también atenuó su ritmo de descenso, hasta egistrar un retroceso en su tasa interanual del 3,6%, según la EPA. No obstante, la tasa de paro experimentó un nuevo repunte en el primer trimestre, hasta el 20%, debido, en parte, a la ralentización en el ritmo de descenso de la población activa. Con el trasfondo de bajo crecimiento y de debilidad de la recuperación, la inflación prolongó su pauta de moderación. La tasa de variación del IPC repuntó en los primeros meses de 2010 (1,4% en marzo), como consecuencia del encarecimiento de la energía, en tanto que el IPSEBENE mantuvo tasas de variación prácticamente nulas. El indicador adelantado del IAPC muestra un aumento de la tasa interanual hasta el 1,6% en abril.

En el panorama económico internacional se prolongó el proceso de reactivación, que, como viene ocurriendo desde que se iniciara, mostró ritmos diferentes entre países y regiones, destacando la recuperación en las economías emergentes asiáticas y latinoamericanas, si bien Estados Unidos contribuyó también de forma decidida al crecimiento del PIB mu ial. No obstante, en la evolución de las economías desarrolladas subsisten factores que representan lastres y riesgos para la recuperación, entre los que cabe destacar la debilidad del mercado laboral y el deterioro generalizado de las posiciones fiscales.

Por su parte, la inflación mundial repuntó en estos primeros meses como consecuencia de los incrementos en los precios del petróleo y de las materias primas, si bien las expectativas sobre su evolución futura continúan siendo moderadas. Por último, la tendencia a la estabilización en los mercados financieros internacionales, aunque se afianzó en numerosos segmentos, se interrumpió a partir del mes de febrero como consecuencia de la crisis fiscal en Grecia; esta generó diversos episodios de inestabilidad, que alcanzaron particular severidad en la segunda mitad de abril, sobre todo, en la zona del euro. En sus fases iniciales, estos se localizaron en los mercados de deuda soberana, pero, con posterioridad, se propagaron hacia los mercados bursátiles y cambia os.