Los bonos basura o junk bonds, que hicieron furor en el mercado norteamericano a comienzos de la década de los 80 de la mano del estadounidense Michael Milken –que terminó con sus huesos en la cárcet–, están viviendo su mejor rally desde 1996. Basura y más basura. En lo puramente social se conoce el fenónmeno como Freegan: comedores de basura. Hace tiempo que nació esta una nueva forma de protesta social de quienes, por conciencia social, se dedican a comer de la basura de los demás.
 
Pero no de cualquier ciudadano, sino de aquellos que sin ningún tipo de reparo tiran a la basura comida en perfectas condiciones. Porque les sobra, porque les fastidia tener que comer dos veces lo mismo, porque en cuanto el alimento cumple la fecha de caducidad ya no le dan ninguna oportunidad, porque, o saben, o no quieren aprovechar las sobras en perfecto estado, porque no piensan en quienes no tienen absolutamente nada que llevarse a la boca… Los “freegan” proliferan ya por las calles de Nueva York y otras grandes ciudades del mundo, hastiados de ver cómo la sociedad occidental despilfarra toneladas de comida en perfectas condiciones mientras la otra mitad del mundo se muere de hambre. Este despilfarro de recursos, uno más de los que conlleva el consumismo, es para los freegans profundamente antiecológico, por lo que se han organizado para intentar recuperar parte de la comida que se tira a diario, evitando así consumir más…

El fenómeno, de una u otra manera, se ha instalado este año en las Bolsas del mundo, y la española no es la excepción. Los inversores están dispuestos a comprar todo lo que haga falta y más. Y por supuesto, bonos basura o de alto riesgo. Esto, porque transcurridos dos años desde que estalló la crisis financiera, las empresas europeas con el ráting crediticio más bajo (inferior a BBB- según la escala de Standard & Poor’s o Baa3 según la de Moody’s), es decir, las menos solventes, están consiguiendo acceder de nuevo a los mercados mayoristas de financiación.

Decimos al principio que los bonos basura o junk bonds, que hicieron furor en el mercado norteamericano a comienzos de la década de los 80 de la mano del estadounidense Michael Milken –que terminó con sus huesos en la cárcet–, están viviendo su mejor rally desde 1996.

Estos títulos de renta fija de alto riesgo han presentado rentabilidades positivas durante catorce meses consecutivos, debido al creciente apetito de los inversores por el riesgo en medio de un escenario de bajos tipos de interés. En el año, ganan un 4,74%, según el índice Bank of America Merrill Lynch US High Yield Master II.

De ahí que los fondos que invierten en este tipo de deuda presenten uno de los mejores comportamientos del sector. La categoría sube de media un 47,29% en los últimos doce meses, un 6,9% en lo que va de 2010 y un 3,01% en marzo, según datos de Interactive Data.

Destacan tres productos de Aberdeen, UBS Global Asset Management y BNP Paribas, con rentabilidades del 163%, 80,57% y 79,06%, respectivamente. “Hace un año se pensaba que esto era el fin del mundo. Sin embargo, se han ido despejando poco a poco las dudas sobre el impago de muchas compañías”, explica Andrés Francoy, responsable de renta fija de la unidad de grandes patrimonios de Deutsche Bank.

Ráting crediticio

A estos activos se les denomina bonos basura por su elevado riesgo y porque cuentan con un ráting crediticio muy bajo, lo que indica una elevada probabilidad de que una empresa no pueda hacer frente a sus compromisos financieros. Por ello, cuando una firma con una calificación inferior a BBB-, según Standard & Poor’s y Fitch, o Baa3, según Moody’s, se dispone a emitir deuda, los inversores exigen rentabilidades astronómicas para comprar esos títulos.

Tras la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008, fueron el segmento del mercado de crédito más golpeado y los diferenciales de rentabilidad respecto a la deuda del gobierno de EEUU llegaron a superar los 1.000 puntos básicos. Es decir, una compañía con ráting de esos niveles tenía que ofrecer un 10% más que EEUU para captar fondos en el mercado. Las previsiones sobre la tasa de impago de las agencias de ráting superaban el 12% pocos meses después, por encima del momento del pinchazo de la ‘burbuja puntocom’.

Fuente: www.lacartadelabolsa.com