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Y claro, este movimiento ha encendido las alarmas entre los inversores por sus consecuencias sobre tres puntos clave:
- Financiación empresarial
- Mercado inmobiliario
- Valoraciones bursátiles.
Aunque los rendimientos se han moderado posteriormente, de lo que no hay duda es que ahora sale mucho más caro financiarse que hace unos años y los inversores disponen de alternativas de renta fija que ofrecen rentabilidades superiores al 5%. La presión afecta con especial “crudeza” a las inmobiliarias cotizadas, las constructoras de viviendas, las empresas con elevados niveles de deuda y determinados negocios tecnológicos. Sin embargo, no todas sufren por los mismos motivos ni con la misma intensidad.
El Treasury llegó al 5,34%, pero ha retrocedido durante octubre
La escalada de los bonos estadounidenses se aceleró después de que los indicadores industriales mostraran nuevas presiones sobre los precios. A ello se sumaron el encarecimiento de la energía, las necesidades de financiación del Gobierno estadounidense y las expectativas de que los tipos de interés permanezcan elevados. El tercer trimestre terminó con el mayor incremento de la rentabilidad del Treasury a diez años desde 1994, un movimiento que también tuvo repercusiones en los mercados de deuda europeos y asiáticos.
Sin embargo, el 5,34% no representa su cotización actual. El pasado 19 de octubre, el rendimiento se movió aproximadamente entre el 5,08% y el 5,10%, después de una importante corrección durante la semana anterior.
O lo que es lo mismo, nos encontramos frente a una destacada volatilidad del mercado: aunque las rentabilidades han retrocedido desde sus máximos, continúan en niveles que encarecen la financiación de empresas y hogares. Robin Vince, consejero delegado de BNY, declaró el 15 de octubre que unos tipos a diez años próximos al 5,25% no resultan extraordinarios desde una perspectiva histórica. A su juicio, parte del movimiento responde a una normalización después de un prolongado periodo de intereses reducidos.
Realty Income, Prologis y American Tower, bajo presión por los intereses
Las sociedades inmobiliarias cotizadas, conocidas como REIT, se encuentran entre los negocios más sensibles al encarecimiento de la deuda. Realty Income, Prologis y American Tower son tres ejemplos de compañías cuyos modelos requieren inversiones importantes y acceso recurrente a financiación. En el caso de Realty Income, especializada en inmuebles comerciales y conocida por sus dividendos mensuales, los bonos públicos representan una competencia directa para los inversores que buscan ingresos periódicos. Cuando un Treasury ofrece más del 5%, determinados accionistas pueden exigir una mayor rentabilidad a los títulos inmobiliarios, presionando sus valoraciones.
Prologis, centrada en instalaciones logísticas, también está expuesta al coste de financiación de nuevos proyectos y adquisiciones. American Tower, propietaria de infraestructuras de telecomunicaciones, afronta riesgos similares relacionados con sus inversiones y obligaciones financieras.
Aunque ojo, la vulnerabilidad no implica necesariamente pérdidas bursátiles inmediatas, ya que también influyen la ocupación de los inmuebles, los ingresos por alquileres y los vencimientos de la deuda.
D.R. Horton, Lennar y PulteGroup sufren el encarecimiento hipotecario
Las constructoras estadounidenses afrontan un problema diferente: los bonos más rentables suelen traducirse en hipotecas más caras. D.R. Horton, Lennar y PulteGroup dependen de la capacidad de las familias para financiar la compra de viviendas. Cuando aumentan los intereses hipotecarios, las cuotas mensuales se encarecen y disminuye el número de compradores que pueden acceder a determinados inmuebles. Esta situación puede obligar a las constructoras a ofrecer descuentos, asumir parte del coste de financiación de sus clientes o ajustar sus promociones.
Y claro, el impacto también alcanza a proveedores de materiales, empresas de reformas y otros negocios vinculados a la actividad residencial.
AT&T, Verizon y Ford afrontan el riesgo de refinanciar su deuda
Las empresas intensivas en capital constituyen otro grupo vulnerable. AT&T y Verizon Communications necesitan importantes inversiones para mantener y ampliar sus redes de telecomunicaciones. Ford, por su parte, combina las necesidades financieras de su actividad industrial con las de su negocio de financiación de vehículos. El problema aparece cuando las compañías deben sustituir deuda antigua por nuevas emisiones con intereses superiores.
Por ejemplo, refinanciar 10.000 millones de dólares que pagaban un interés del 3% mediante deuda al 6% supondría 300 millones de dólares adicionales de gastos financieros anuales. No obstante, el efecto depende de los vencimientos, la liquidez disponible y la proporción de deuda contratada a tipo fijo.
Nvidia, Tesla y Palantir, y las valoraciones elevadas
Las tecnológicas de crecimiento también pueden sufrir cuando sube la rentabilidad de los bonos, aunque su exposición es diferente.
NVIDIA , Tesla y Palantir Technologies son compañías cuyas cotizaciones incorporan expectativas importantes sobre sus beneficios futuros. Cuanto mayores son los tipos de descuento utilizados por los inversores, menor puede ser el valor presente de esos beneficios.
En el caso de Nvidia, la demanda de chips para inteligencia artificial puede compensar parte de la presión financiera. Tesla está condicionada también por sus ventas, márgenes y necesidades de inversión, mientras que Palantir depende de la evolución de sus contratos y de las expectativas de crecimiento.
Como es lógico, empresas tecnológicas con abundante liquidez, beneficios consolidados y poca necesidad de endeudamiento pueden resistir mejor que aquellas que necesitan financiación externa.
Las pequeñas empresas de Wall Street también están entre las más vulnerables
El encarecimiento de los intereses resulta especialmente complicado para las compañías de menor capitalización. Muchas empresas representadas en el Russell 2000 tienen menos capacidad para acceder a los mercados de capitales y dependen en mayor medida de financiación bancaria. Las subidas de tipos pueden reducir sus márgenes, dificultar nuevas inversiones y limitar su crecimiento. Pero, ¿qué puede ocurrir si el Treasury vuelve a superar el 5,30%?
Todo va a depender de la inflación, los precios energéticos, las necesidades de financiación y las decisiones de la Reserva Federal. El 16 de octubre, los fondos de renta variable estadounidenses recuperaron entradas de capital por 13.010 millones de dólares, después de registrar salidas de 5.100 millones durante la semana anterior. La moderación de los rendimientos de los bonos contribuyó a mejorar el sentimiento inversor. Los cálculos de LSEG recogidos entonces apuntaban a un crecimiento interanual de los beneficios cercano al 30% para una muestra de 2.076 grandes y medianas compañías estadounidenses, aunque las expectativas variaban considerablemente entre sectores.

