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En primer lugar, será importante la valoración de Christine Lagarde sobre la inflación y la actividad económica. Las señales de un crecimiento más débil, junto con la persistencia de las presiones inflacionistas, apuntan a un posible dilema complejo para la política monetaria de la eurozona, ya que la economía europea está experimentando un impulso estanflacionista.

En segundo lugar, los participantes del mercado estarán atentos a cualquier cambio hacia un tono más acomodaticio. El aumento de los tipos de interés de mercado y el endurecimiento de los criterios de concesión de préstamos han contribuido a un endurecimiento de las condiciones financieras, lo que podría reducir la necesidad de nuevas subidas del tipo de interés de depósito del BCE.

Es probable que la evolución de los mercados de deuda soberana, especialmente en Francia, también atraiga la atención. Los inversores buscarán una mayor claridad sobre cómo valora el BCE las recientes presiones del mercado, el riesgo de contagio al conjunto de la eurozona y las circunstancias y condiciones en las que podría activarse el Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI).

En general, los inversores buscarán una mayor claridad sobre la función de reacción del BCE. En la medida en que los mercados sigan descontando tres subidas de tipos de interés en los próximos 12 meses, una actividad económica más débil, unas condiciones financieras más restrictivas y las tensiones en los mercados de deuda soberana podrían provocar una revisión de esas expectativas. Por tanto, una revisión de las expectativas del mercado hacia una política monetaria más acomodaticia es un escenario posible, lo que apunta a una interesante asimetría de riesgos de cara a la reunión de esta semana.