En un contexto en el que buena parte de la atención de los inversores se concentra en un número reducido de compañías y sectores, ¿creéis que las mejores oportunidades de inversión están precisamente donde el mercado no está mirando? ¿Qué activos, regiones o segmentos consideráis que están siendo infravalorados y podrían sorprender positivamente en los próximos meses?

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En los últimos tiempos se ha acentuado la inversión basada en narrativas o temáticas, donde se ponen de moda ciertos conceptos y se encasilla a las empresas en ellos. Esta tendencia se ha ido desarrollando durante años: antiguamente se invertía por sectores (al comprar bancos, se compraban todos los bancos); después llegó el debate entre value y growth, más adelante los criterios ESG, y progresivamente la inversión se ha ido granularizando. Recientemente destacan temáticas como defensa o semiconductores.

Este flujo masivo de capital hacia tendencias concretas genera ineficiencias, ya que dos empresas del sector de semiconductores o dos entidades bancarias no tienen por qué comportarse de la misma manera. Esta dinámica crea notables oportunidades a nivel de activos para quienes cuentan con la capacidad de analizar individualmente las acciones y seleccionar. Por ejemplo, tras los episodios de volatilidad e incertidumbre en el ámbito tecnológico, grandes compañías de Europa, Japón y Estados Unidos han quedado con valoraciones muy ajustadas simplemente por pertenecer a esa etiqueta genérica, abriendo ventanas de entrada atractivas para la gestión activa, siempre manteniendo los riesgos controlados.

A medida que nos acercamos al cierre de 2026, ¿cómo estáis ajustando las carteras de sus fondos mixtos para afrontar el próximo ejercicio? ¿Estáis incrementando las posiciones defensivas o consideran que todavía hay margen para asumir riesgo y aprovechar nuevas oportunidades?

Aunque en esta época del año suele optarse por «plegar velas» y reducir riesgos ante el cierre de ejercicio, actualmente coinciden tres factores para mantener una mayor exposición o sobreponderación en renta variable:

  • Resultados empresariales sólidos: Las compañías continúan publicando cifras muy positivas trimestre tras trimestre, manteniéndose esta solidez en la temporada de resultados del tercer trimestre.
  • Sentimiento y múltiplos de valoración atractivos: Desde el verano, el sentimiento de los inversores empeoró notablemente debido a dudas sobre la financiación de la inteligencia artificial y los centros de datos. Ese pánico situó los múltiplos de valoración de varios sectores y geografías en niveles mínimos de los últimos tres a cinco años.
  • Estacionalidad favorable (seasonality): En noviembre da comienzo el periodo históricamente más propicio para la bolsa, asociado al efecto Halloween o el rally de fin de año, una pauta que suele extenderse favorablemente para los activos de riesgo hasta mayo.

Con las bolsas mostrando una notable capacidad de resistencia frente a las incertidumbres económicas y geopolíticas, ¿creéis que el mayor riesgo para el inversor es actualmente sufrir una corrección o quedarse fuera de posibles nuevas subidas? ¿Cómo gestionáis ese equilibrio desde una estrategia multiactivo?

Como recordaba la frase de Peter Lynch, se ha perdido históricamente mucho más dinero intentando anticipar las correcciones del mercado que en las correcciones mismas. El principal riesgo para los gestores patrimoniales no es únicamente la pérdida patrimonial que asume el cliente, sino el coste de oportunidad de lo que puede dejar de ganar al estructurar carteras excesivamente conservadoras.

Lo fundamental consiste en definir con precisión el nivel de riesgo tolerable por el inversor para, a partir de los activos de renta variable, construir una cartera equilibrada. Esa estructura debe ajustarse a cada coyuntura macroeconómica (crecimiento, inflación o geopolítica) mediante bonos, materias primas o divisas, asegurando un acompañamiento y una labor pedagógica continua con el cliente

El oro ha adquirido un protagonismo creciente como elemento de diversificación en las carteras. ¿Consideráis que todavía tiene potencial o que gran parte de su atractivo ya está recogido en los precios? ¿Qué otros activos pueden actuar como refugio si se produce un episodio de estrés en los mercados?

El oro mantiene un potencial relevante tras haber corregido cerca de un 20% en los meses posteriores a los episodios de tensión entre Irán y Estados Unidos. Aunque a corto plazo puede mostrar un comportamiento errático, a largo plazo se consolida como un activo estructural de fondo de cartera gracias a su poder de diversificación.

Junto al oro, la deuda gubernamental de los países centrales (como los bonos soberanos de Estados Unidos o Alemania) y el dólar continúan funcionando como activos refugio tradicionales, incluso en periodos de inquietud sobre el déficit fiscal.

Tradicionalmente, combinar renta fija y renta variable ha sido la base de las carteras equilibradas, pero en determinados momentos ambos activos pueden registrar pérdidas simultáneas. ¿Sigue siendo suficiente esta combinación para proteger al inversor o es necesario replantear la construcción de los fondos mixtos e incorporar nuevas fuentes de rentabilidad y diversificación?

La creencia tradicional de que la renta variable y la renta fija se mueven siempre de forma descorrelacionada quedó desmentida en 2022, ejercicio en el que ambos mercados corrigieron a la vez, amplificando las caídas de las carteras desprotegidas.

Para lograr una diversificación real se puede trabajar dentro de cada clase de activo (diversificando por países y sectores en acciones, o combinando deuda soberana con deuda corporativa high yield en renta fija). Asimismo, la inversión alternativa ha ganado un peso decisivo desde la pandemia, abarcando deuda privada, capital riesgo (private equity) e infraestructuras. Estos mercados no cotizados, sumados al empleo táctico de materias primas, derivados y divisas, permiten descorrelacionar las carteras tradicionales y optimizar la ecuación rentabilidad-riesgo.