
Ni el oro, ni la bolsa, ni el bitcoin, ni siquiera el petróleo. El verdadero termómetro de la incertidumbre tras el inicio de la guerra en Oriente Próximo y el encarecimiento del petróleo se deja ver en la cotización de bonos. Hoy, por ejemplo, el bono más importante del mundo, el de 10 años de Estados Unidos ha tocado niveles del 4,63%, su nivel más alto desde enero de 2025.
Aunque los expertos descartan que los bancos centrales como la Fed o el BCE inicien un endurecimiento brusco en los tipos de referencia, los soberanos mercados de bonos descuentan -tal vez de forma exagerada- precios del dinero más caro para atajar una inflación creciente. Sin duda, una presión importante para que se lleguen a acuerdos que no permitan que se cumplan los malos pronósticos. Pero el interés de las subastas sube, encareciendo la financiación de los Estados y de las empresas, mientras los bonos emitidos hace unos años a tipos más bajos ven cómo se desploman sus precios para ajustarse a la nueva rentabilidad.
Como ejemplo, los bonos estadounidenses a 10 y 30 años, estos últimos se mueven actualmente en el 5,13%. En las subastas del Departamento del Tesoro estadounidense hace cuatros años estos bonos a 10 años se emitían al 2,875% frente al 4,63% que cotizan ahora en el mercado secundario. Así, el precio del bono ha pasado de valer 100 dólares 92,10 dólares si un inversor acude al mercado a comprarlos. Una idea interesante si se apostara por posteriores caídas de tipos. Pero, actualmente supone que los propietarios de esos bonos tienen una pérdida latente del 8%.
Las pérdidas se acrecientan con el bono americano a 30 años emitido en mayo de 2022. La emisión ofrecía entonces un cupón fijo al 2,857%, frente al actual 5,13% de interés con el que se negocian estos bonos en el mercado secundario. Estos bonos vencerán en 2052 y, por supuesto, tienen muchos años para recuperarse. No obstante, la pérdida latente para las instituciones o fondos que adquirieron esos bonos es de casi un 45% ya que cotizan a 54,47 dólares. Tanto en los 10 años como en los 30 años, Estados Unidos se compromete a pagar 100 dólares por cada bono en el momento del vencimiento.
Las pérdidas son menores en los bonos a 10 años emitidos en 2024 que ahora cotizan con precios entre los 88 y los 91 dólares frente a los 100 dólares de su valor nominal. Los tipos de interés estaban en 2024 mucho más cerca de los niveles actuales.
En Europa se está produciendo el mismo fenómeno por la subida de tipos en los mercados secundarios donde se negocian estos bonos y donde también hay expectativas de alza de tipos por parte del BCE.
Vincent Chaigneau, director de investigación de Generali Investments, advierte que, aunque a largo plazo el auge de la IA podría ayudar a contener la inflación al impulsar la productividad, en el corto plazo está actuando como un factor inflacionista por el aumento de la demanda, especialmente en chips de memoria. Este efecto se suma al impacto de la guerra con Irán sobre la energía, los alimentos y la industria, configurando un entorno poco favorable para los bonos.
El experto señala que los rendimientos de los bonos estadounidenses a 30 años ya han superado el 5%, cerca de máximos recientes, y que la inflación sigue mostrando múltiples frentes de presión. Aunque los rendimientos reales empiezan a parecer atractivos, Generali Investments mantiene por ahora una visión prudente sobre la duración en los bonos, especialmente en Estados Unidos.
Pero yendo al ejemplo de España, el bono español emitido en 2020 cotiza actualmente al 92,02% de su valor nominal con una pérdida latente cercana al 7%. Esos bonos ofrecían un cupón del 1,25%, mientras que se cotizan actualmente en el 3,608%, Como un cupón del 1,25% es poco atractivo hoy, el precio del bono antiguo cae con fuerza en el mercado secundario (un descuento del 6,98% sobre su valor de emisión). Esta rebaja en el precio de entrada funciona como un muelle: eleva automáticamente el rendimiento real del comprador para acercarse al nivel actual, equilibrando el título frente al resto del mercado de deuda.
Pero estos movimientos en el principal mercado del mundo, el de bonos, cuya capitalización es de 130 billones de dólares y supera ampliamente al de las bolsas que ronda los 100 billones de dólares, tienen sus consecuencias para el ahorrador de a pie. Los fondos de renta fija tanto a corto como a medio y largo plazo son la principal inversión de los españoles de fondos. Tanto los de renta fija en euro, como los internacionales, recogen ya ligeras pérdidas.

