El uso del denominado “modo oscuro” en petroleros se ha convertido en una herramienta clave para mantener activos los flujos de exportación a través del Estrecho de Ormuz, considerado el principal cuello de botella del suministro mundial.

Este paso marítimo concentra una parte significativa del petróleo que se mueve a nivel global. Se estima que cerca del 20% del consumo mundial transita por esta vía, lo que convierte cualquier alteración en un factor de impacto inmediato en los precios y en la estabilidad de los mercados energéticos.

Superpetroleros sin señal para evitar el rastreo

En las últimas semanas, al menos dos grandes buques iraníes han logrado atravesar el Estrecho de Ormuz con cargamentos que rondan los 4 millones de barriles de crudo.

Estas operaciones han sido detectadas mediante imágenes satelitales, ya que los petroleros habían desactivado sus sistemas de identificación automática, conocidos como AIS.

El apagado de estos transpondedores impide que las embarcaciones sean localizadas en tiempo real por sistemas convencionales. Uno de los buques, identificado como Hero II, dejó de emitir señal hace más de un mes cuando se encontraba en el estrecho de Malaca.

El otro, Hedy, llevaba más de 70 días sin transmitir datos de posición en zonas cercanas a Malasia y Singapur.

Este tipo de prácticas dificulta el seguimiento de rutas y permite a los operadores sortear controles internacionales.

Las empresas especializadas en inteligencia marítima han confirmado que esta estrategia se está utilizando de forma recurrente en el transporte de crudo iraní.

Transferencias en alta mar para ocultar el origen del crudo

Otra de las tácticas detectadas es el uso de transferencias de barco a barco en aguas internacionales. Este procedimiento consiste en trasladar el petróleo de un buque a otro para diluir el rastro del origen del cargamento.

Un caso reciente muestra cómo un superpetrolero iraní transportó alrededor de 2 millones de barriles hasta la costa de Indonesia, donde realizó una transferencia a otro buque.

Posteriormente, la embarcación original regresó hacia territorio iraní, cruzando nuevamente el Estrecho de Ormuz.

Este sistema permite que el crudo continúe su ruta comercial con menor visibilidad y reduce la exposición a sanciones directas. Además, facilita la entrada en mercados donde las restricciones son más estrictas.

Estrategias de navegación cada vez más complejas

Las firmas de análisis marítimo coinciden en que Irán ha incrementado el uso de técnicas avanzadas para mantener su actividad exportadora. Entre ellas destacan la manipulación de señales de posicionamiento, el uso de rutas alternativas y la coordinación de múltiples embarcaciones.

Los flujos iraníes continúan mediante engaños, incluyendo actividad oscura y transferencias de barco a barco”, señalan desde la firma de inteligencia marítima Windward.

La misma compañía añade que “el comercio marítimo iraní sigue activo, pero cada vez depende más de prácticas engañosas de navegación y estrategias alternativas de enrutamiento. Nuevas fuentes de inteligencia indican posibles desplazamientos al este de Ormuz, lo que sugiere que la presión en el Golfo está impulsando la adaptación en lugar de detener los flujos”.

Impacto en el equilibrio del mercado energético

El mantenimiento de estas exportaciones tiene consecuencias directas en el mercado global. Aunque las sanciones buscan limitar la presencia del crudo iraní, estas operaciones permiten que parte del suministro continúe llegando a destinos internacionales.

Esto introduce un elemento de incertidumbre en los precios del petróleo. La existencia de flujos paralelos dificulta calcular con precisión la oferta real disponible, lo que complica las previsiones del mercado.

Además, la actividad en el Estrecho de Ormuz sigue siendo un factor de riesgo geopolítico. Cualquier incidente en esta zona podría afectar a millones de barriles diarios, con impacto inmediato en economías dependientes de la importación energética.