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Fíjate en el dólar. Desde julio de 1996, la moneda de referencia del planeta ha perdido más de la mitad de su poder de compra. Un 53%, para ser exactos. Lo que entonces te costaba un dólar, hoy te cuesta más del doble. Y no ha hecho nada extraordinario. Solo ha existido, mientras los precios subían un año tras otro.
Ahora mira al otro lado. En ese mismo periodo, el S&P 500 —el índice que reúne a las 500 mayores empresas de Estados Unidos— se ha multiplicado por once. Un 1.050% de subida. Y si le descontamos toda la inflación de estos casi treinta años, todavía queda arriba un 812% en términos reales. El dinero parado perdió más de la mitad. El invertido en bolsa la multiplicó.

Fuente: Carlos Arenas Laorga
Y aquí está la contradicción que, por desgracia, casi nadie ve. Al ahorrador le han dicho que la bolsa era el casino y el banco, el refugio. Resulta que el refugio tenía una gotera más que gorda. Una gotera que, gota a gota, se ha llevado más de la mitad del poder adquisitivo.
¿Y por qué ocurre esto? Por la inflación. Es lo que pasa cuando se imprime más dinero del que la economía produce. Cada billete nuevo que aparece le resta valor a los que ya tenías en el bolsillo. Un impuesto que nadie vota.
De modo que la pregunta de siempre está mal planteada. Damos por hecho que el riesgo vive en la bolsa, cuando lleva años instalado en la cuenta corriente. El dinero parado no se queda como está, sino que va encogiendo. El riesgo es no invertir.
Ojo, que no te vendo la moto. La bolsa sube y baja, y no es el sitio para el dinero que vas a necesitar el mes que viene. El colchón de emergencia va aparte, líquido y a mano. Pero para el ahorro de largo plazo, quedarse fuera del mercado se parece poco a la prudencia y mucho a una forma de empobrecerse.
Los datos son los datos. Quien en 1996 guardó su dinero a buen recaudo, hoy conserva la mitad. Quien lo puso a trabajar, lo multiplicó por once. La bola de cristal no existe, y yo tampoco la tengo. Pero para saber quién ganó esta partida no hace falta adivinar nada. Basta con mirar el pasado.

