Cuba al borde del colapso

Cuba lleva años sufriendo un gran desgaste económico y social provocado por la negativa del gobierno a la apertura comercial, el embargo impuesto por Estados Unidos y la represión del régimen a la población civil. Esta crisis, que empeoró con la pandemia, está ahora en su momento más crítico. La detención de Nicolás Maduro por las fuerzas estadounidenses y el consiguiente cambio de líder en el país venezolano han dejado a Cuba sin las importaciones de petróleo que adquiría a bajo coste, asfixiando aún más una economía que ya estaba débil. En este contexto, y teniendo en cuenta los ataques que aún continúan en Irán, Cuba se sitúa como el siguiente en la lista de objetivos de la Administración Trump.

Durante el siglo XX Cuba aprovechó el significado del triunfo de la revolución castrista, la primera revolución socialista que triunfó en América Latina, para forjar alianzas y ocupar un lugar en el orden internacional. El gobierno de los Castro llevó a cabo una política de nacionalización de propiedades como refinerías o plantaciones de azúcar que afectaron a los intereses estadounidenses, en lo que se estima unos 1.000 millones de dólares. Ante estas medidas, el entonces presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, decidió imponer el primer embargo a Cuba, reduciendo las exportaciones que Estados Unidos enviaba a la isla. 

A pesar de estar limitados económicamente por el bloqueo estadounidense, Cuba contó con el apoyo de la URSS. Así, en un contexto de Guerra Fría, el bando comunista tenía un aliado a menos de 150 kilómetros de distancia de Estados Unidos. A cambio, la Unión Soviética financiaba a la isla, la cual llegó a tener el segundo ejército más grande del continente americano, detrás del estadounidense. Así, a pesar de su escaso territorio, La Habana participaba del orden internacional con presencia en países como Sudáfrica, Angola o Etiopía, entre otros.

Con la caída del bloque soviético en 1991, el régimen castrista sufrió importantes consecuencias y su economía se contrajo hasta un 30%. Tras la pérdida de su principal aliado, Venezuela se convirtió en el gran apoyo económico de Cuba y durante años le ha estado enviando petróleo barato. Otros países latinos como México o Colombia también han exportado crudo a la isla caribeña, aunque en menor medida. A pesar del fin de la Guerra Fría, y la falta de apoyo financiero que supuso, el embargo estadounidense se mantuvo. De hecho, este bloqueo es ya el más largo de la historia, pues tras imponerse en 1960 aún continúa vigente.

La crisis económica que sufre La Habana ha ido desarrollándose con los años hasta convertirse en una situación prácticamente insostenible. Los apagones, la falta de combustible y la ausencia de inversiones extranjeras que activen la economía llevan años siendo parte de la cotidianidad de los cubanos. A pesar de que el embargo estadounidense ha dificultado el desarrollo de su economía, la principal causa del colapso económico de la isla reside en la inmovilidad del régimen y su negación a la apertura económica. 

Un actor clave en esta decadencia social y económica son las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Son las encargadas de llevar a cabo los mecanismos de represión contra aquellos que se oponen al régimen y, además, controlan gran parte de la economía cubana. Este control lo ejercen a través del conglomerado empresarial GAESA, el cual está formado por empresas de diferentes sectores como el hotelero, el aduanero o el bancario. De esta manera, la jerarquía militar del país no solo controla el monopolio de la fuerza sino que además ejerce un control casi total sobre la economía de la isla. 

La represión ejercida por el régimen y su negativa a abrir la economía reducen los incentivos para que sus potenciales aliados fortalezcan las relaciones. Además, tras la caída de Maduro en Venezuela, Cuba no recibe petróleo del que hasta entonces era su principal abastecedor, dejando así a La Habana en una situación aún más tensa. A esta interrupción, se le une la amenaza de la Casa Blanca de imponer nuevos aranceles a aquellos países que decidan vender petróleo al régimen cubano. De este modo, países aliados de Cuba como México o Colombia han frenado sus exportaciones, limitándose a enviar ayuda humanitaria, por miedo a ser un nuevo objetivo de la Administración Trump.

Actualmente, Estados Unidos está manteniendo conversaciones con el gobierno de Miguel Díaz-Canel para tratar de llegar a un acuerdo por la vía diplomática. De este modo, la Casa Blanca habría autorizado exportar petróleo a la isla, pero bajo una serie de condiciones. Ante la situación en la que se encuentra el país caribeño, es más probable que se dé un colapso interno que fuerce un cambio en la estrategia del gobierno a que sea necesaria una intervención estadounidense similar a la que se llevó a cabo en Venezuela. De hecho, debido a las diferencias entre ambos países, pues Cuba no cuenta con una oposición organizada y su presidente no tiene demasiada legitimidad, es posible que este tipo de operación no diera los mismos resultados. 

Esta presión ejercida por la Casa Blanca forma parte de su acción exterior, liderada por su secretario de Estado, Marco Rubio, quien tiene raíces cubanas. Cuba representa un régimen contrario ideológicamente a la Administración Trump y su Ejecutivo no quiere tener un actor hostil en la que Washington considera su área de influencia. Siguiendo esta línea, en las primeras semanas del segundo mandato de Trump, Cuba fue incluida en su lista de países patrocinadores del terrorismo. 

Entre los intereses del gobierno estadounidense en la isla también se encuentra una motivación electoral interna. Pues la guerra de Irán está suponiendo un desgaste político para los republicanos, quienes necesitan una victoria ideológica antes de las elecciones de medio mandato del próximo mes de noviembre. Por otra parte, algunas voces sugieren que Trump puede encontrar en Cuba una buena oportunidad de inversión inmobiliaria con gran potencial turístico que beneficie a sus empresas y amistades.

Con todo, Cuba se encuentra en su momento más débil desde la Revolución. Su economía se colapsa, sus ciudadanos huyen del país y se ha quedado sin aliados que la respalden a nivel internacional. Así, las posibilidades de que Cuba aguante sin que el régimen lleve a cabo importantes reformas se complican y, aún más, con un gobierno estadounidense amenazando. Es decir, el futuro de Cuba pasará por la capacidad del régimen de aflojar su inmovilismo y permitir la entrada de inversión privada para reactivar su economía.