
Desde el descubrimiento de importantes yacimientos offshore en 2015 por parte de ExxonMobil en el bloque Stabroek, Guyana se ha transformado en uno de los productores de crudo de crecimiento más acelerado del planeta.
En menos de una década, su producción ha escalado hasta superar los 600.000 barriles diarios, con previsiones que apuntan a más de un millón de barriles al día antes de que termine la década. Para un país de su tamaño, el salto es monumental.
Un auge petrolero que cambia las reglas del juego
El impacto económico ha sido inmediato. Guyana ha registrado tasas de crecimiento del PIB que han llegado a superar el 40% anual en algunos ejercicios recientes, cifras inéditas incluso en economías emergentes.
Los ingresos procedentes del crudo han disparado las reservas públicas y alimentado un fondo soberano destinado a gestionar esta nueva riqueza.
Pero el presidente Irfaan Ali ha dejado claro que la ambición nacional no se limita a exportar petróleo. “Nuestra meta es transformar estructuralmente la economía”, ha señalado en diversas intervenciones públicas. El mensaje desde Georgetown es que el petróleo es solo el punto de partida.
El gobierno quiere que el gas asociado a esos yacimientos offshore juegue un papel central en la siguiente fase del desarrollo. En lugar de enviar todo el recurso al extranjero, la estrategia pasa por utilizar parte de ese gas en tierra para impulsar la industria local.
El gas como puente hacia la industrialización
Guyana prepara un segundo proyecto de gasoducto incluso antes de que el primero esté completamente operativo. El plan contempla llevar más gas desde los campos marinos de ExxonMobil hasta la costa, con un desarrollo previsto en la región de Berbice que podría cerrarse en breve.
El primer gasoducto de acceso a tierra debería entrar en funcionamiento a finales de este año, suministrando alrededor de 300 megavatios a una nueva central eléctrica cerca de la capital.
Para un país que durante años ha sufrido altos costes energéticos y apagones periódicos, esta infraestructura es mucho más que una obra técnica. Supone la base para reducir el precio de la electricidad y mejorar la competitividad de las empresas locales.
El Ejecutivo considera que el gas puede ser el motor para atraer manufactura, agroprocesamiento y eventualmente proyectos petroquímicos. También se estudia una posible cooperación con Surinam para ampliar el alcance del segundo gasoducto y convertirlo en una iniciativa regional.
La visión empresarial y los retos pendientes
ExxonMobil ha manifestado su disposición a acelerar el desarrollo del gas, aunque reconoce que el proceso es más complejo que la extracción de petróleo.
Dan Ammann, responsable del área upstream de la compañía, ha explicado que la infraestructura offshore está preparada, pero que en tierra deben avanzar simultáneamente las centrales eléctricas, los permisos regulatorios y los marcos comerciales.
En otras palabras, la inversión llegará a medida que la arquitectura normativa y de mercado se consolide. Esta coordinación entre sector público y privado será determinante para que el salto industrial no se quede en promesa.

