• -- Hola buenas tardes, quería informarme de las distintas modalidades de pago del gimnasio. 
  • -- Pues mire precisamente tenemos una oferta muy especial: si usted se acoge a la cuota anual en lugar de la mensual, podrá hacer uso de nuestras instalaciones durante los doce meses y transcurrido este plazo, nos abona el importe, ahorrándose una mensualidad. 
  • --Sí, no está mal, aunque vengo de otro gimnasio en el que en lugar de doce meses me ofrecen 18 y me ahorro dos mensualidades.
 
Impensable, ¿verdad? ¿Cómo nos van a dejar hacer uso de algo sin pagar y además hacernos una promoción por retrasar el pago cuanto más mejor? ¿No tendría que ser al contrario, si pagamos antes nos hacen un descuento? Efectivamente, es una situación que se nos antoja absurda y que rompe con toda ley del valor temporal del dinero que se precie... Por lo menos en el mundo que hemos conocido hasta ahora, donde si se presta dinero se exige el pago de un interés que tiene en cuenta además del riesgo del prestatario, el plazo al que se presta. Sin embargo, este ejemplo resume de una manera muy simple  hasta dónde podríamos llegar en un mundo de tipos de interés negativos.
 
No cabe duda de que estamos viviendo un momento histórico en el que estamos siendo espectadores (y en algunos casos incluso actores) de primera fila de los mayores experimentos económicos de la historia. Y entre ellos está el descubrir que el suelo no está en el cero cuando hablamos de tipos de interés. En la actualidad, el 25% del PIB mundial proviene de países que están aplicando políticas de tipos negativos en un afán desesperado por estimular la inflación y fomentar el crédito. Efectivamente ante una situación en la que se cobre por tener el dinero inmovilizado en un lugar seguro, buscaremos otras alternativas y estaremos dispuestos a asumir más riesgo a cambio de obtener cierta rentabilidad, lo que, a la larga, tendría que incentivar la velocidad del dinero en circulación y la concesión de crédito. Pero lo cierto es que estas medidas a día de hoy están teniendo un efecto limitado en la economía real y, sin embargo, un efecto muy peligroso en los mercados financieros: la eliminación de análisis fundamental y largo placista de aquellos activos que de verdad tienen valor. Porque total...lo que sea con tal de no tener el dinero en una cuenta.  Y si hay un problema...Mario ya nos ha dicho que no nos preocupemos, que está dispuesto a hacer lo que sea necesario!
 
Por otro lado es cierto que todavía, los tipos negativos sólo están siendo aplicados a entidades financieras. Pero ¿quién nos dice que el siguiente paso no podría ser aplicarlas al cliente final? ¿Y que situación se plantearía? ¿Volveríamos al mítico calcetín para poner a resguardo nuestro dinero? ¿En lugar de fomentar el pronto pago buscaríamos fórmulas para retrasar lo máximo posible la disponibilidad de efectivo? ¿Se fomentaría la economía sumergida basada en el trueque de cara a que no se descubra que tenemos dinero en efectivo por el que no queremos pagar por el mero hecho de depositarlo en una entidad o invertirlo?
 
Desde luego, no sabemos qué va a pasar y nos gustaría que, al releer este artículo dentro de unos años nos echásemos las manos a la cabeza y nos riésemos del tinte alarmista del mismo. Pero lo cierto es que a día de hoy, si cabe, y por mucho que el mercado no lo premie a corto plazo, nos parece más importante que nunca entender bien en qué se invierte y si de verdad tiene valor por sí mismo o acabará siendo el próximo catalizador para el frágil equilibrio global porque nos hemos cegado por argumentos superfluos como que el banco central hará todo lo que sea necesario.
 
Ana Guzmán, Country Head de Aberdeen en Iberia