2026 ha tenido un primer mes de alzas moderadas en los mercados. ¿Cómo debemos interpretar este movimiento? ¿Cree que este comportamiento contenido será la tónica dominante a lo largo del año?
Creo que sí. Hay que tener en cuenta que el año pasado fue excepcional. Es cierto que el último mes, diciembre, no cumplió con las expectativas del mercado y no se produjo el esperado rally navideño tras un ejercicio realmente muy positivo. Precisamente eso es lo que permite que en 2026 podamos ver rentabilidades relativamente interesantes. A mi juicio, todo apunta a que será un buen año. En primer lugar, porque seguimos viendo crecimiento en las principales economías mundiales. Además, en principio, los riesgos geopolíticos deberían ir reduciéndose a lo largo del año, con la expectativa de que Rusia y Ucrania puedan alcanzar algún tipo de consenso. Mientras el precio del crudo se mantenga relativamente contenido, no parece que vayamos a enfrentarnos a un elemento inflacionario especialmente agresivo. Además, lo peor en materia arancelaria ya ha quedado atrás. La gran incógnita está en lo que ocurra con las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, un factor que puede ser clave; habrá que ver si Donald Trump mantiene o no la mayoría parlamentaria en el Congreso y el Senado, lo que le permitiría aplicar políticas muy agresivas en la segunda mitad del año, o si, por el contrario, se ve obligado a moderarse al no contar con el control de las cámaras.
¿Qué mercado lo hará mejor: la bolsa europea o la estadounidense? ¿Cuáles son los factores clave que inclinan la balanza?
Europa tiene, a mi juicio, más probabilidades que Estados Unidos, sobre todo porque las compañías norteamericanas cotizan con múltiplos mucho más exigentes que las europeas. A partir de ahí, entran en juego otros factores relevantes. En primer lugar, en Estados Unidos, una parte muy significativa del fuerte crecimiento de los últimos años se explica casi exclusivamente por la inteligencia artificial y el sector tecnológico, que han liderado claramente las subidas. De hecho, sin estas compañías —las conocidas como las siete magníficas—, los índices apenas habrían avanzado. La cuestión es si la inteligencia artificial seguirá siendo el principal motor; ya existen voces que advierten de una posible burbuja y de las dificultades para monetizar estas inversiones. En ese escenario, si la inteligencia artificial no logra generar crecimiento o rentabilidad suficientes, habrá que ver cómo responde el mercado estadounidense. Ahí es donde aparece Europa como alternativa. Si, por el contrario, Estados Unidos demuestra que la inteligencia artificial puede traducirse en mayores niveles de productividad y rentabilidad, la bolsa americana probablemente seguirá siendo más atractiva que la europea. En caso contrario, podría producirse un trasvase relevante de flujos hacia Europa, lo que reforzaría su atractivo. Por otro lado, desde el punto de vista de las rentabilidades, hay un elemento clave a tener en cuenta: el tipo de cambio. Si Estados Unidos ofrece una rentabilidad del 14% o del 15%, para un inversor americano el resultado es claro. Sin embargo, para un inversor europeo no es lo mismo comprar activos estadounidenses con un tipo de cambio de 1,13 y venderlos posteriormente a 1,20; parte de esa plusvalía puede verse erosionada por el efecto divisa, un factor que también será determinante a la hora de evaluar dónde se obtienen las mejores rentabilidades.
¿Anticipa una rotación sectorial relevante en los mercados? En caso afirmativo, ¿hacia qué sectores podría dirigirse el flujo de inversión?
Es probable que se produzca una rotación. Lo que está claro es que dentro de la inteligencia artificial habrá ganadores y perdedores. Hasta ahora, los primeros avances en este ámbito los han liderado grandes compañías con un elevado excedente de caja. Sin embargo, se empieza a ver que este modelo tiene límites. Un ejemplo es el caso de Oracle, que ha tenido que acudir al mercado para financiarse a tipos superiores al tipo oficial del dinero en Estados Unidos. Eso complica el escenario, porque cuando las compañías empiezan a emitir deuda para crecer, comprometen su rentabilidad, el beneficio por acción y, potencialmente, los dividendos. En este contexto, es probable que se produzca una rotación hacia sectores tradicionales que hasta ahora no habían recibido la atención suficiente. Entre ellos, el sector de defensa, especialmente si Europa se ve obligada a incrementar su gasto militar por mandato de Donald Trump, teniendo en cuenta que entre el 55% y el 60% del consumo militar europeo procede de Estados Unidos, lo que podría favorecer a estas compañías. También el sector financiero, ya que una bajada de tipos de interés reduciría la morosidad y, aunque los márgenes se ajusten, el crecimiento de la economía estadounidense en el entorno del 2%, 3% o 4% resulta muy atractivo para el sector financiero. Por último, el consumo en Estados Unidos, que sigue mostrando una notable resiliencia.
Centrándonos en el Ibex 35, los bancos han sido el principal motor del índice en los últimos trimestres. ¿Pueden seguir liderando el selectivo en 2026? ¿Esperamos rentabilidades similares a las del año pasado para la banca o un escenario más moderado?
La bolsa de España debería comportarse bien. Dentro de Europa, la española es una de las economías con mayor crecimiento para este año, si no la que más. Presenta además una tasa de paro relativamente baja, aunque es un indicador que considero distorsionado por la figura de los fijos discontinuos; aun así, la economía española puede seguir creciendo. No obstante, no creo que podamos ver rentabilidades similares a las del año pasado. No es razonable esperar que la banca del IBEX 35 continúe expandiendo múltiplos al ritmo al que lo hizo en el ejercicio anterior. Sí es posible, en cambio, que los resultados sigan siendo muy sólidos y que el sector financiero continúe actuando como motor de la economía. Además, hay otras compañías que pueden tener un buen comportamiento. Repsol está realizando un ajuste hacia su media, y valores como Enagás o Endesa siguen siendo opciones atractivas para estrategias de dividendo. Inditex, por su parte, también tiene margen para crecer de forma relevante. En conjunto, creo que la bolsa española puede hacerlo bien en 2026, pero no con rentabilidades similares a las del año pasado, ya que no es previsible que el sector financiero mantenga los ritmos de crecimiento que ha registrado.
¿Qué valores o sectores podrían dar la sorpresa en el Ibex 35 este año y convertirse en protagonistas inesperados?
Repsol podría ser una de las sorpresas. La petrolera del Ibex 35 puede hacerlo bien tras un periodo claramente negativo. Hay que tener en cuenta que el precio del crudo no termina de despegar y que, además, Donald Trump está haciendo todo lo posible para evitar que el petróleo suba, con el objetivo de mantener contenida la inflación en Estados Unidos. Aun así, es probable que en algún momento el precio del crudo repunte, lo que sería un factor positivo para Repsol. Además, la compañía está avanzando en su transición hacia tecnologías más limpias y en la diversificación de su cartera de negocios. Habrá que ver si finalmente entra o no en Venezuela, una decisión que, en mi opinión, sería un error, ya que los costes no justifican la rentabilidad futura, que además se sitúa en plazos demasiado largos y con una visibilidad limitada. En cualquier caso, tras haber sido tan penalizada en el Ibex 35, Repsol podría experimentar un ajuste al alza hacia su media.
También podrían destacar algunas compañías de consumo. La economía española está creciendo, la tasa de paro está descendiendo y el entorno es relativamente sólido y estable, lo que favorece este tipo de valores. En este contexto, Inditex es otro candidato a hacerlo bien. Cuenta con un portafolio muy diversificado y está logrando una mejora clara de márgenes gracias al cierre de tiendas para centrarse en establecimientos más grandes, concebidos como espacios de experiencia para el cliente. Esto puede impulsar sus márgenes comerciales y traducirse en un mayor dividendo e incluso en programas de recompra de acciones.
¿Qué papel deberían jugar las materias primas en las carteras de inversión en 2026? ¿Hay que seguir comprando oro? ¿Podría 2026 ser el año del petróleo?
El año pasado, el oro y, sobre todo, la plata registraron rentabilidades muy destacadas, entre el 80% y el 160%, no solo en las mineras, sino también en fondos referenciados a estos metales. Esto se debió a un efecto doble. Por un lado, si el dólar pierde un 10%, el oro tiene que subir un 10% para mantener su valor. En un escenario en el que el dólar ha perdido ya cerca del 20%, es lógico que el oro se haya revalorizado. Por otro lado, se observa un proceso de desdolarización de la economía. Economías como la china están dejando vencer bonos y, en lugar de recomprarlos, se dedican a comprar oro. No solo China, sino también Japón y muchos bancos centrales, incluyendo algunos de economías como Turquía, están acumulando oro de manera significativa. Este aumento de la demanda, en un contexto donde la oferta está limitada, ha impulsado los precios. Además, la incertidumbre geopolítica generada por Donald Trump refuerza la función del oro como refugio. Si las monedas fíat pierden credibilidad, el valor del oro se refuerza aún más.
En el caso de la plata, la situación es similar, pero con un componente adicional: su uso industrial, especialmente en baterías y nuevas tecnologías, lo convierte en un activo aún más relevante que el oro. Por ello, incluir oro o plata en la cartera, ya sea directamente o a través de empresas o fondos referenciados, puede generar un alfa importante y merece atención.
Respecto al petróleo, el mercado podría presentar distorsiones si surge un conflicto en Irán. No está claro si Estados Unidos intervendrá, pero es probable que antes negocie con Rusia y China. En cualquier caso, esto podría generar volatilidad y presionar al alza los precios del crudo. La OPEP, por su parte, ya no tiene suficiente peso a nivel mundial para controlar los precios mediante ajustes de oferta. Por ello, cualquier tensión geopolítica podría distorsionar el mercado. Al mismo tiempo, Estados Unidos tratará de contener el precio del petróleo, porque un aumento significativo podría disparar la inflación y complicar la reducción de tipos de interés.

