El descenso de la producción industrial, el retroceso de los índices PMI en Francia y las cifras de inflación todavía débiles, sumados a las dudas sobre la solidez del sistema bancario portugués y algunas cifras dispares de beneficios empresariales, han traído consigo un movimiento de consolidación en los mercados europeos que se ha materializado en una caída del 3,2% del índice Eurostoxx durante la primera quincena de julio. Mientras, el resto de mercados mundiales siguen en terreno positivo, sobre todo India y China.

Se ha dado una rotación sectorial a favor de los sectores defensivos. El sector bancario, muy castigado por las inquietudes de los inversores, en torno al riesgo de multas, como le ha ocurrido a BNP Paribas, y por el caso concreto de Banco Espirito Santo, ha registrado los descensos más acusados y ha caído un 6,2%. Los sectores que habían anotado buenas rentabilidades desde comienzos de año también han sufrido descensos: -5,6% en energía, 5,4% en telecomunicaciones y -5% en construcción. Los sectores más defensivos han aguantado mejor, con caídas comprendidas entre el 1,2% y el 1,7%, al igual que el sector asegurador, que cierra casi sin cambios.

Sin embargo, continuamos convencidos de que este movimiento es temporal y que el mercado europeo debería seguir subiendo después de los acontecimientos recientes. La prima de riesgo de este mercado se mueve todavía en un nivel elevado y atractivo, ya que el crecimiento debería seguir recuperándose en Europa y debería verse secundado por un aumento de los resultados empresariales, que todavía se encuentran en niveles bajos comparados con los máximos de 2007. Así, la mejora de las previsiones de beneficios debería permitir a la renta variable europea reducir la desventaja con su homóloga estadounidense, cuyos resultados y márgenes están en máximos históricos.

En este entorno de tipos de interés bajos, el diferencial de rendimiento hace más atractivas las rentabilidades de las acciones, ya que el riesgo ya no está remunerado en la deuda pública de los países centrales ni en los países periféricos, que se mueven en niveles muy próximos a la deuda pública estadounidense a diez años. Además, estos tipos bajos, sumados a los reducidos niveles de endeudamiento de las empresas europeas, sugieren que podrían continuar las operaciones de fusiones y adquisiciones con efectos positivos inmediatos en los resultados y los márgenes de los actores involucrados.