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Europa se lamenta de que el inversor europeo en acciones esté más presente en Estados Unidos que en Europa, lo que explica solo en parte, que la gran economía mundial se financie más fácilmente, lo que le permite crear esos gigantes de capitalización billonaria. Así, el dinero del Viejo Continente participa ahora, por ejemplo, en el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) pero no es la dueña ni decide nada de esos proyectos de vanguardia.
Urge, pues, que los ahorros europeos se queden en Europa, inspirándose en las propuestas de Mario Draghi. Estos días el presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Carlos San Basilio abogaba por la movilización del dinero desde las cuentas corrientes sin remunerar hacia la economía productiva que se negocia en los parqués europeos. Unos mercados que deben integrarse más si quieren ser competitivos frente a la Bolsa del otro lado del Atlántico.
La idea es muy valiosa y tiene toda la lógica posible. Sin embargo, al pequeño inversor se le ha expulsado del mercado de acciones en su aventura en solitario (también les ocurre a los fondos de renta variable española) tanto por el comportamiento de los gestores de muchas compañías como por la acción o la inacción del supervisor de la Bolsa o el propio Banco de España.
Las OPAs de exclusión de las compañías, cuyo precio marca la CNMV, la falta de protección cuando se mueven grandes paquetes de acciones donde los pequeños ven pasar el festejo sin participar en él o los engaños en los folletos de salida a Bolsa son los casos que generan más quejas entre los inversores. No hay que olvidar que el Banco Popular ha sido la única entidad financiera europea intervenida por el BCE con el resultado de pérdida total de valor de sus acciones. Los accionistas lo perdieron todo en una entidad que otrora se había caracterizado por su gran solvencia y rentabilidad. Los días de desplome del valor se sucedían sin que nadie suspendiese la cotización y con un Banco de España (supervisor de los bancos) que parecía no haberse enterado de su situación financiera, mientras daba carta blanca a ampliaciones de capital con el fin de tapar el agujero.
Salida a Bolsa de Bankia
Y también estuvieron en Babia (siendo indulgentes) el Banco de España y la CNMV en el estreno en Bolsa de Bankia. El folleto de salida no reflejaba la situación financiera de la entidad que presumía de un beneficio de 309 millones que luego se transformó en más de 3.000 millones de euros de pérdida. Una OPV con gran bombo y platillo y que atrajo a un par de cientos de miles de pequeños inversores, muchos de ellos accionistas forzosos por el canje de las participaciones preferentes de la propia Bankia. Sin duda, operaciones políticas en los que el pequeño ahorrador fue el pagano. Afortunadamente, frente a lo ocurrido con Popular al que se dejó caer con luz y taquígrafos, el Tribunal Supremo dictaminó que los inversores que acudieron a la OPV recuperasen su dinero.
Son continuas las quejas en las OPAs de exclusión en la que no se valora el potencial de la compañía. En muchos casos, operaciones que se producen tras una salida a bolsa más o menos reciente y donde los dueños del capital consiguieron vender las acciones por un precio más elevado del que luego pagaron por recomprar esos mismos títulos.
El escándalo de EiDF Solar, el total engaño de Gowex; las quiebras de Popular, Abengoa o DIA, precedidas de grandes ampliaciones de capital; las quejas de los accionistas de Barón de Ley, Natra o Telepizza en sus ofertas de exclusión a precios de derribo. Y no faltaron tampoco fondos de inversión en Occident que protestaron por el precio de 50 euros el título que fijó la familia Serra, propietaria de la compañía, para sacarla del mercado.
Y otra muestra más donde el pequeño accionista salió perjudicado se produjo a principios del nuevo milenio con la compra a los bancos de paquetes de control en las eléctricas por parte de las constructoras. Las constructoras pagaban unas elevadas primas de control, con un precio de estos paquetes muy superior al que cotizaban las eléctricas en el mercado.
En este caso, el supervisor bursátil obligó a las constructoras a lanzar una OPA por al menos el 10% del capital total y de esta manera se logró que la acción subiera y beneficiase a todos los accionistas y no solo a los bancarios que vendían estos paquetes de las eléctricas. Un caso casi único de abierta defensa de la CNMV, entonces presidida por Blas Calzada, al pequeño inversor. Eso sí, no hay que confundir el riesgo tanto a ganar como a perder en Bolsa con el engaño o el abuso sobre el pequeño accionista.

