Los mercados de renta variable atraviesan ya desde comienzos de año una etapa de lateralidad que está poniendo a prueba la paciencia de los inversores. A los miedos sobre la salud de la economía americana, le han seguido los temores a las consecuencias sobre la inflación por los altos precios del crudo, los efectos de un repunte en la curva de tipos de interés, y finalmente, el peligro de que un desplome del sector inmobiliario desemboque en una grave crisis financiera.
Algunos de estos factores, son de forma recurrente argumentos que sirven como excusa habitual para la toma de beneficios en las bolsas, y sin embargo ninguno de ellos por sí mismo, tomado aisladamente, podría explicar un cambio de tendencia radical en las mismas. Es cierto, sin embargo, que durante este último período estamos asistiendo a un escenario de normalización en determinadas variables que por algunas causas se habían desviado de sus comportamientos medios. Los tipos de interés, las primas de riesgo, los spreads crediticios, la facilidad de crédito, etc... todos ellos en parámetros históricamente distantes de sus medias, están volviendo a niveles más acordes con la realidad económica actual. Es por ello que éste camino de vuelta se deja notar en los precios de las acciones, las cuales ajustan sus niveles a un nuevo entorno de mayor volatilidad y aversión al riesgo. En esta reacción de las bolsas, y sobre todo cada vez que asistimos a una fase correctiva, a menudo surgen estados de pánico y los inversores sobrereaccionan ante datos puntuales, muchas veces arrastrados por la evolución sistémica del mercado. Ahí es donde surgen las oportunidades de compra para muchos gestores e inversores, que deben afanarse por discriminar la calidad de algunos valores que, siendo ganadores, han podido verse afectados por la fuerte corriente bajista. En general, después de esta fase de altibajos, se podría considerar que las bolsas en estos momentos se encuentran a precios bastante atractivos y algunos de sus valores, incluso, tienen un gran potencial alcista. De fondo, tenemos un buen cuadro macroeconómico a nivel global, unos beneficios empresariales que sostienen su crecimiento, y unas economías pujantes que mantendrán muy altos sus niveles de demanda y consumo. Por esta razón, sería conveniente no dejarnos llevar por los tópicos que tratan de alejarnos de las bolsas en la época estival, ya que tal y como quedó demostrado en el pasado ejercicio, cualquier momento es bueno para que las acciones recobren su justo precio. En Renta 4 somos de la opinión de que veremos de nuevo los máximos de los índices en el medio plazo, siempre y cuando mejore el flujo de noticias hasta ahora con “momentum” desfavorable. Aprovechemos las oportunidades que nos parezcan interesantes, por tanto, cualquiera que sea el momento.