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¿Qué balance haces de lo que llevamos de temporada de resultados del tercer trimestre? ¿Están las empresas cumpliendo las expectativas del mercado o los inversores empiezan a exigir más para justificar las valoraciones actuales?
En términos generales, el tercer trimestre suele ser un periodo favorable para las bolsas. Venimos de una etapa, especialmente en Estados Unidos, en la que las empresas baten las expectativas del mercado trimestre tras trimestre y presentan unos resultados bastante positivos. Por eso, las previsiones para esta temporada apuntaban a que las compañías volverían a registrar cifras sólidas y superarían las estimaciones. Y, efectivamente, muchas lo están consiguiendo. Sin embargo, ha surgido un factor que hasta ahora el mercado no tenía descontado: los accionistas empiezan a exigir, sobre todo a los grandes hiperescaladores, algo que hasta ahora no estaba en el centro del debate: que sus flujos de caja sean positivos. Es decir, que el crecimiento y las inversiones en bienes de capital (capex) que están acometiendo puedan financiarse sin generar un flujo de caja negativo. Este cambio de exigencia ya ha provocado fuertes penalizaciones en bolsa. Creo que estamos ante un cambio de paradigma que va a marcar el comportamiento del mercado: incluso las compañías que presenten resultados dignos, o muy positivos, pueden registrar caídas importantes en bolsa si sus perspectivas de futuro generan dudas.
La inflación sigue expuesta a riesgos como el encarecimiento del petróleo, mientras que las rentabilidades de la deuda se mantienen elevadas. ¿Qué cabe esperar de los próximos movimientos de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo en su última reunión del año de diciembre y cómo pueden afectar a las bolsas?
Estaba bastante descontado que en las reuniones de estos días no se iban a modificar los tipos de interés, ni en Estados Unidos ni en Europa. Sin embargo, nos encontramos en un escenario de inflación muy elevada y con una situación de política monetaria bastante compleja. Estados Unidos y Europa atraviesan circunstancias muy diferentes. La economía norteamericana está creciendo con fuerza, respaldada por una enorme resiliencia del consumidor, mientras que los datos de inflación siguen siendo muy elevados. En Europa, por el contrario, el crecimiento es bastante más débil.
En este contexto de inflación elevada, la Reserva Federal puede permitirse, aunque no sea una decisión deseable, subir los tipos de interés en diciembre. La economía estadounidense tiene margen para asumir ese incremento sin entrar en contracción ni sufrir un deterioro significativo, y la medida estaría justificada por la evolución de los precios. De hecho, en la reunión de estos días se han mantenido los tipos, aunque dos miembros de la Fed defendían una nueva subida. Considero que lo correcto habría sido mantenerlos ahora y elevarlos en diciembre.
En Europa, el problema es más complejo. Tenemos una inflación elevada, una mayor dependencia energética del exterior y, además, un crecimiento de la eurozona muy débil. Por tanto, una subida de tipos en diciembre podría tener consecuencias mucho más difíciles de gestionar, ya que afectaría directamente a la actividad económica y podría llevarnos a una situación complicada, incluso de contracción o deflación, algo que nadie desea. A todo ello se suman otros factores de incertidumbre, como las elecciones en España, los problemas políticos en Francia y las primeras señales de inestabilidad en Alemania. Por tanto, el escenario para los tipos de interés es especialmente complicado. Todo apunta, además, a que el petróleo podría mantenerse por encima de los 100-110 dólares, al menos hasta comienzos del próximo año. Esto plantea un escenario difícil de cara a la campaña navideña, especialmente por el elevado coste del petróleo y del gas en países como Polonia y Alemania.
Las grandes tecnológicas afrontan una presión creciente para demostrar que sus inversiones en inteligencia artificial generan retornos reales. Ante las dudas sobre las grandes tecnológicas estadounidenses, ¿tiene sentido diversificar las carteras hacia otros sectores o mercados? ¿Dónde identificas actualmente las oportunidades más atractivas?
Lo que está claro es que debemos diversificar más. Hasta ahora, una estrategia habitual consistía en aprovechar el buen comportamiento de una compañía tecnológica y extender esa inversión a otras empresas del sector que se encontraban en distintas fases del ciclo, con el objetivo de beneficiarse de la misma tendencia. Sin embargo, ahora considero que es necesario ampliar la diversificación, no solo por tipos de compañías, sino también por geografías y escenarios de inversión.
Uno de los sectores que más me gusta es el de la salud, que además puede verse claramente favorecido por la inteligencia artificial. Esta tecnología puede contribuir a que los desarrollos farmacéuticos sean más rápidos y baratos, así como a que aquellos productos que no tengan perspectivas comerciales positivas se descarten antes. De este modo, se reducirían las pérdidas y el impacto sobre los beneficios derivados del desarrollo de otros fármacos. Creo que es un sector con un importante potencial para beneficiarse de esta transformación.
También considero interesante apostar por mercados distintos al estadounidense. Actualmente trabajamos con una gestora, HMG, que cuenta con un fondo muy interesante, HMG Block Trotter, especializado en países emergentes, como Indonesia. El fondo acumula una rentabilidad del 11% en lo que va de año, del 13% a un año, del 54% a tres años y del 65% a cinco años. Su comportamiento está muy próximo al del MSCI Emerging Markets, pero con una volatilidad del 8,6%, muy inferior a la del índice. Es una alternativa muy positiva para diversificar las carteras, con inversiones en compañías como Budweiser o White International, una empresa de mercados emergentes que opera en Indonesia. Salir de nuestra zona de confort y mirar más allá de los mercados de Europa y Estados Unidos no solo es positivo, sino que puede convertirse en una de las claves para proteger nuestras carteras.
La banca está perdiendo fuerza en el Ibex 35, mientras que compañías eléctricas y del sector salud muestran un comportamiento más favorable. ¿Qué explica esta divergencia y qué sectores del mercado español ofrecen mejores perspectivas de cara a los próximos meses?
El sector bancario ha subido mucho y, aunque el incremento de los tipos de interés favorece sus márgenes de intermediación, llega un punto en el que también empiezan a surgir dificultades para conceder crédito. De hecho, actualmente estamos viendo una contracción del crédito. En este escenario, hay inversiones que dejan de resultar justificables con los tipos actuales y, además, puede empezar a aumentar la morosidad. Todo ello hace que el sector financiero haya podido tocar techo y que algunos inversores estén empezando a recoger beneficios.
En cambio, sectores como el de las compañías hidroeléctricas, empresas como Ferrovial o el sector salud ofrecen una mayor visibilidad sobre sus beneficios. Son negocios con hitos claramente definidos, capaces de generar flujos de caja positivos y repartir buenos dividendos. Además, cuentan con precios relativamente estables y modelos de negocio predecibles, que ofrecen pocas sorpresas. En un escenario como el actual, estas compañías pueden proporcionar una rentabilidad suficientemente atractiva. Creo que son los sectores en los que pondría el foco ahora mismo.
Noviembre y abril conforman históricamente un periodo favorable para las bolsas, pero persisten los riesgos geopolíticos y las dudas sobre las valoraciones. ¿Qué escenario maneja para los mercados hasta final de año? ¿Hay margen para nuevos máximos o cabe esperar nuevas correcciones?
Ambos escenarios son posibles. La bolsa ha registrado una subida muy importante durante este año y, aunque los últimos meses suelen ser favorables para los mercados, gracias en parte a que muchas compañías presentan sus mejores resultados por factores estacionales, el recorrido para seguir avanzando empieza a ser más limitado después de las fuertes revalorizaciones acumuladas.
Además, nos encontramos ante un escenario especialmente complejo. En Estados Unidos se celebran las elecciones de mitad de mandato (midterms) y habrá que ver si Donald Trump pierde el control del Congreso y qué sucede con el Senado. Si también pierde la mayoría en esta Cámara, se abriría un escenario complicado para el presidente durante los dos años que le quedan de mandato. Considero que esta incertidumbre política es uno de los factores que explican la intensificación de las tensiones geopolíticas ante la proximidad de las elecciones, ya que en enero se materializaría el cambio de escenario en el Senado y Trump podría perder margen de maniobra. Todo apunta, por tanto, a que tendremos unos meses bastante convulsos, en un contexto en el que el petróleo se mantendrá en niveles muy elevados. Basta recordar que, a principios de año, los futuros del Brent para diciembre cotizaban en el entorno de los 60-65 dólares por barril, mientras que ahora se sitúan alrededor de los 116 dólares. Esto supone una presión importante para el consumidor estadounidense que reposta gasolina a diario y para los agricultores, dos colectivos relevantes dentro del electorado de Donald Trump. La situación complica sus perspectivas electorales.
En este contexto, podría producirse un pullback hacia la media que permitiera recuperar terreno a muchas compañías. Sin embargo, el comportamiento de los hiperescaladores y de las grandes tecnológicas puede convertirse en un lastre para las bolsas. Hemos asistido a un cambio de paradigma: los inversores empiezan a exigir que estas compañías moneticen sus inversiones con mayor rapidez y generen flujos de caja positivos. Las mismas empresas que han impulsado las fuertes subidas del mercado son ahora las que pueden estar frenando su avance.
Habrá que seguir muy de cerca los próximos meses. A mi juicio, los resultados de Nvidia serán especialmente importantes y una distensión de las tensiones entre Estados Unidos e Irán también sería una señal positiva para los mercados. Por ahora, ambos escenarios siguen abiertos y asignaría prácticamente un 50% de probabilidad a cada uno.

