La geopolítica lleva tiempo condicionando las decisiones de inversión. Desde los anuncios y movimientos de Donald Trump el pasado mes de abril, todas las negociaciones impulsadas por Estados Unidos han tenido un impacto directo en los mercados, imprimiendo volatilidad. La reciente advertencia de Trump en relación con Irán, a quien ha dado un plazo de diez días, ha generado cierta tensión y ha impulsado el precio del crudo. Sin embargo, el barril se mantiene en torno a los 66 dólares, niveles que todavía se consideran aceptables. Por tanto, no vemos por ahora una amenaza clara para la inflación que pueda alterar la hoja de ruta de la Reserva Federal en materia de tipos de interés.
En ese primer impacto sobre el mercado, los factores geopolíticos siguen encima de la mesa desde el año pasado y continúan alimentando la volatilidad. A esto se suman los datos macroeconómicos y la incertidumbre sobre si la Reserva Federal bajará antes o después los tipos. Esta semana hemos conocido las actas de su última reunión, con un tono algo más agresivo y menos proclive a recortes, apoyado en la fortaleza del mercado laboral, el crecimiento económico y una inflación que ronda el 3%. Serán especialmente relevantes los próximos datos de precios que conoceremos en los próximos días.
Risk off vs Risk on
El mercado está dando tumbos dentro de una tendencia aún por definir. Hemos visto una cierta rotación hacia valores más defensivos, ante el temor a un posible enfriamiento en la temática de inteligencia artificial. Las grandes compañías tecnológicas han realizado las mayores inversiones de la última década en inteligencia artificial y centros de datos, pero existe la duda de si esas inversiones se traducirán en el crecimiento de márgenes y ventas esperado. Además, la aparición de nuevas aplicaciones ha provocado caídas significativas en el subsector del software, favoreciendo esa rotación hacia sectores defensivos.
En este contexto, considero fundamental analizar en detalle los resultados empresariales, que seguimos conociendo, para identificar qué compañías mantienen una ventaja competitiva clara. Las empresas están mostrando cautela en sus previsiones para 2026, por lo que debemos ser selectivos y prudentes en las posiciones que mantenemos en cartera.
De cara a 2026, aunque sigo sobreponderando tecnología porque creo que estamos en plena revolución digital, también mantengo una cartera más equilibrada entre sectores defensivos y cíclicos. Un caso particular es el de las eléctricas. Aunque tradicionalmente se consideran defensivas y destacan por su rentabilidad por dividendo, también se benefician del fuerte aumento en la demanda eléctrica ligada al desarrollo tecnológico y a las inversiones en inteligencia artificial. De este modo, participamos en esta temática desde un enfoque más defensivo. Además, el oro y los metales preciosos continúan siendo una buena herramienta para equilibrar la volatilidad del mercado. Otra temática relevante es la exposición a mercados emergentes, tanto en renta fija como en renta variable.
Rusell 2000 y pequeñas y medianas empresas
Para este ejercicio, muchos analistas están poniendo el foco en compañías de pequeña y mediana capitalización, que podrían beneficiarse de la bajada de tipos y de menores costes de financiación. Si observamos los índices, el S&P 500 se mantiene prácticamente plano en el año, mientras que el S&P 500 Equal Weight está en positivo. Esto indica que la contribución de las grandes tecnológicas no es tan determinante como en años anteriores y que el comportamiento del mercado está más equilibrado entre compañías.
En definitiva, el mercado sigue mostrando volatilidad, con rotaciones sectoriales claras. Las pequeñas y medianas compañías y determinadas áreas de mercado concentran ahora buena parte del interés de los analistas.

