Arranca esa cumbre de dos días entre Trump y Xi Jinping en China. ¿Qué es lo más relevante de este encuentro y por qué puede ser tan importante para los mercados?
Sin duda, que las dos grandes superpotencias del mundo se reúnan para definir el nuevo orden global tiene una enorme relevancia. Ya hemos conocido algunos detalles preliminares del encuentro y, de momento, parece que uno de los principales focos de tensión, Taiwán, no se está abordando directamente, lo cual es positivo para los mercados.
Sí se está hablando de acuerdos comerciales, de cooperación energética y de la situación en Irán. Ambos países estarían trabajando para garantizar la apertura del estrecho de Ormuz, algo clave para estabilizar los precios de la energía y reducir tensiones inflacionistas.
Además, podrían alcanzarse acuerdos en materias primas, tierras raras, agricultura e incluso en el suministro de chips de Nvidia a compañías tecnológicas chinas. Todo ello apunta a una relación más cooperativa en el corto plazo.
Nosotros creemos que ni China quiere enfrentarse ahora mismo a Estados Unidos, ni Estados Unidos a China. Por eso esperamos acuerdos importantes que impulsen a las bolsas, especialmente en un contexto en el que los resultados empresariales del S&P 500 están siendo extraordinarios y el crecimiento ligado a la inteligencia artificial sigue muy sólido.
Por tanto, mientras no aparezca el conflicto de Taiwán como elemento central, el sesgo para los mercados sigue siendo positivo.
También estamos pendientes de los bancos centrales, especialmente después de que Kevin Warsh haya sido ratificado como presidente de la Reserva Federal. Parece que existe cierto conflicto entre la intención de bajar tipos y las presiones inflacionistas derivadas de la situación geopolítica. ¿Cómo lo veis?
Sí, entramos en un momento muy importante para los próximos meses. Siempre hemos defendido que los mercados alcistas suelen terminar por dos razones: una recesión o un cambio brusco en la política monetaria. Y ahora mismo el principal riesgo es precisamente este segundo punto.
Estamos viendo señales preocupantes en el mercado de deuda. Por ejemplo, el bono estadounidense a 30 años ya supera el 5%, algo que no ocurría desde 2007. El mercado empieza a dudar de que la Fed pueda devolver la inflación al 2%.
Incluso se empieza a hablar de nuevos rangos de inflación más amplios y de cierta permisividad por parte de la Reserva Federal. Ahí es donde surge la gran duda: las grandes tecnológicas están invirtiendo cantidades históricas en inteligencia artificial e infraestructuras, pero si el coste de financiación sigue aumentando, esas inversiones podrían empezar a perder atractivo.
Además, muchas compañías podrían verse obligadas a emitir deuda en un entorno donde ya no existe el dinero barato. Eso puede generar tensiones en la rentabilidad de las inversiones y provocar que algunas empresas reduzcan su ritmo de gasto.
Ese es, probablemente, el principal riesgo para las bolsas de cara a los próximos trimestres.
Aun así, seguimos siendo positivos. Si hoy un inversor me preguntase si sigue siendo buen momento para invertir, le diría que sí. Pero es cierto que empezamos a detectar señales que nos obligan a estar más vigilantes.
La próxima reunión de la Reserva Federal en junio será clave. En la última reunión ya vimos divisiones internas dentro de la Fed y un tono más agresivo por parte de algunos miembros. Habrá que ver cómo actúa Kevin Warsh, especialmente porque un endurecimiento monetario chocaría directamente con los intereses de Donald Trump.
Hasta junio creemos que los mercados todavía pueden mantener el tono positivo, pero ahí podría empezar a cambiar el escenario.
Con esa idea de que sigue siendo buen momento para invertir, al menos hasta esa reunión de junio de la Reserva Federal. ¿Dónde estáis viendo ahora mismo las principales oportunidades?
Seguimos viendo prácticamente las mismas oportunidades que venimos defendiendo en los últimos meses. Nuestra visión continúa siendo de debilidad estructural del dólar, y creemos que eso seguirá favoreciendo determinados activos.
El dólar ha perdido mucho poder adquisitivo desde 2020 y pensamos que estamos en una economía donde tiene sentido mantener exposición a activos financieros y diversificar más allá de Estados Unidos.
Nos gustan especialmente los mercados emergentes, con casos como Corea del Sur, Taiwán, China o Brasil. China, en particular, sigue cotizando con valoraciones mucho más atractivas que Estados Unidos o Europa.
También seguimos viendo oportunidades muy claras en los metales. La plata ha tenido un fuerte impulso recientemente por la combinación de demanda industrial y búsqueda de refugio frente a la pérdida de valor de las divisas.
Y, sobre todo, destacaría el cobre. Creemos que puede convertirse en una de las grandes oportunidades de la década. La demanda estructural está creciendo enormemente por los centros de datos, las redes eléctricas, las energías renovables y toda la infraestructura vinculada a la inteligencia artificial.
Sin embargo, la oferta sigue muy limitada. Hay problemas en grandes minas, tensiones geopolíticas y enormes dificultades para desarrollar nuevos proyectos mineros, que requieren muchos años.
Además, la situación en el estrecho de Ormuz también afecta a materiales esenciales para el proceso de extracción y refinado del cobre. Por tanto, tenemos una demanda creciente frente a una oferta cada vez más restringida, y eso hace que el metal siga siendo muy atractivo para cartera.
En resumen, seguimos apostando por diversificación, emergentes, metales y activos reales, manteniendo una visión positiva para el mercado mientras no cambie el tono de la Reserva Federal.

