La profesora de la Universidad de Barcelona tiene claro que el sistema actual de pensiones exige una nueva reforma y que esta vez debería tener un objetivo de más largo plazo. Además considera que en el nuevo sistema la empresa debería tener que asumir un nuevo papel.
 
¿Es sostenible el actual sistema de pensiones en España?
El sistema como tal es sostenible, aunque siempre se van haciendo ajustes para garantizar que los pensionista tengan asegurada unas rentas hasta el día que fallezcan. Cuando se habla de sostenibilidad lo que quiere decir es que todo el mundo tiene que ser consciente es que si la población mayor va a aumentado, y su esperanza de vida es más larga, es lógico que los parámetros que rigen este sistema se tengan que ir modificando.

Lo que ocurre es saber si los responsables políticos son conscientes de que algunas de estas reformas tienen que ser un poco más intensas  de las que se han ido aprobando porque no son muy populares.

¿Qué habría que hacer de forma diferente en la siguiente reforma del sistema?
Pues nosotros pensamos que las reformas han sido a veces cortoplacistas porque los plazos políticos nos llevan a pensar en cambios que no van mucho más allá de los 4 u 8 años.  Y algunas de las reformas que exigen los sistemas de pensiones tienen que tener unas miras mucho más a largo plazo. No siempre se puede pensar en ponerse de acuerdo al año que viene –que tienen en cuenta- pero se tendrían que hacer cambios pensando en las próximas generaciones, en los niños que llegan dentro de 50 o 60 años a jubilarse y con unas esperanzas de vida mucho más largas.

¿Cuáles son los pasos que deberían darse a partir de ahora?
Primero,  es pensar más a largo plazo
Segundo, vincular más las pensiones a la empresa, a los salarios. Con el índice de paro lo que más preocupa son los desempleados, aunque la mayor parte de la población está empleada.  ¿Cómo hacer que parte de esos salarios puedan destianrse al ahorro? Quizá deberíamos pensar que los salarios fueran más altos y dejar parte de ese cojín al ahorro y que el trabajador no tenga que preocuparse. Que haya una parte que vaya al sistema público para cubrir una serie de necesidades –básicas, quizá con pensiones más bajas- y otra parte a un destino de ahorro a partir de la empresa privada –grande o pequeña-  pero que sea destinado a un plan gestionado por el propio trabajador, con más o menos riesgo;  no siempre para los 65 años, a lo mejor pensando en una jubilación, pero a para obtener esos rendimientos a partir de una edad más avanzada, cuando surgen necesidades de dependencia…

¿Cree que un impuesto especial para pagar las pensiones es una buena opción?
No, seguramente algunas veces se habla de impuestos especiales, pero está claro que cuando el sistema no se sostenga o se tenga necesidad porque la hucha no llegue tendrá que incluirse una partida en los presupuestos generales.  La población mayor no se la puede dejar desprotegida y para todo el mundo es una prioridad como el sistema de salud o educación.

Todos los expertos hablan de información y concienciación. ¿Qué se debería hacer de forma inmediata?
Que se tome una cultura más importante a la hora de que las personas conozcan cuál va a ser su pensión. De hecho ya lo pueden conocer, pero muchos ciudadanos no lo quieren conocer. Hay que concienciar de que es un factor importante, saber qué jubilación vamos a tener. Cuando se compra un producto asegurador exigir mucho más; cuando alguien no entiende un preguntar, que el empleado que está delante del consumidor le pueda explicar y el consumidor le exija explicaciones que él pueda entender. Los consumidores debemos ser más exigentes porque si no lo entendemos no siempre es culpa nuestra, a lo mejor no nos lo están explicando bien.