Las ciudades tienen un peso desproporcionado en la producción, el talento, la innovación y la riqueza global. De hecho, sólo 25 ciudades acumulan aproximadamente el 50% de la riqueza mundial. 
Con una población urbana mayor que en cualquier momento anterior y un acelerado ritmo de urbanización en el mundo desarrollado, estamos asistiendo al auge de nuevas ciudades y clústers de crecimiento. Veamos cómo podemos invertir en las ciudades como motor de crecimiento económico.

¿Construir?… Mejor promover que suceda

Una sólida base de capital humano es el secreto de muchas de las ciudades más importantes que existen hoy en día. Las ciudades se pueden construir con ladrillos, pero las verdaderamente grandes son las que están hechas por personas. La chispa creativa que surge de la multitud, las interacciones aleatorias que se dan por la proximidad entre personas creativas y capacitadas no son algo que se pueda modelar o predecir, pero son consecuencia inevitable de las grandes reservas de talento humano que sólo las ciudades pueden atraer. Las potentes instituciones educativas son una parte de esto. El auge de Bangalore como un señero nodo de las Tecnologías de la Información en Asia, a finales de la década de los 90, se produjo no sólo por la diferencia salarial con los mercados occidentales sino por el desarrollo de universidades que suministraron miles de graduados.

Los inmigrantes a menudo aumentan la cantidad de trabajos cualificados e impulsan más allá la innovación. Por ejemplo, una cuarta parte de las empresas de ingeniería y tecnología creadas en EE.UU. entre 2006 y 2012 contaban entre sus fundadores con al menos una persona nacida fuera de las fronteras de ese país. El factor que distingue a las ciudades importantes es su habilidad por atraer a un alto número de inmigrantes.

A veces las ciudades entran en decadencia y retroceden a un estadio anterior. La excesiva concentración en un sector, intereses particulares, una mala gestión financiera o desastres medioambientales están entre las principales causas de este fenómeno. Los intereses particulares con frecuencia se manifiestan en una resistencia al cambio, que hace a las ciudades menos dinámicas.

Invertir en el futuro de las ciudades

Existen tres formas de abordar la inversión en ciudades. La primera es cuando buscamos la exposición a la urbanización y a las oportunidades que surgen en las diversas etapas de la evolución de las ciudades. Obviamente, es esencial que existan viviendas accesibles e infraestructuras. Estos dos elementos se han convertido en dos grandes oportunidades de inversión de la última década, particularmente en China. Hay otras partes del mundo en donde el proceso de urbanización aún tiene que materializarse. Si el gran flujo migratorio hacia la ciudad se replica en todos los países emergentes, se producirá un trasvase de 3.500 millones de personas hacia las urbes hasta 2050. Aunque resulte difícil imaginar otra década de mega-urbanización, la escasez crónica de viviendas e infraestructuras en los países en vías de desarrollo, en especial en África, implica que la migración a la ciudad continúa siendo una posibilidad de inversión.

En segundo lugar, debemos tener en cuenta las oportunidades de inversión vinculadas a las ciudades de éxito. No podemos evitar empezar por Londres. Un importante factor de diferenciación para las compañías aéreas radica en que British Airways o el aeropuerto de Heathrow se benefician de la alta calidad del tráfico que genera Londres. El sector inmobiliario de esta urbe no es mejor por naturaleza que el de otros enclaves, pero su comportamiento y valoración son indicativos de la demanda que tiene. Las empresas de contratación y los medios de comunicación que tienen presencia en ciudades sólidas y en crecimiento gozan de similares beneficios, muy por encima de los competidores del resto del mundo.

Finalmente, buscamos modelos de negocio que prosperan en las ciudades, debido a las economías de escala y a la concentración de mercados finalistas muy homogéneos que se dan en estos puntos. Las firmas de base tecnológica y de comercio electrónico son las primeras que se nos vienen a la cabeza. Las ciudades proporcionan un terreno propicio para la innovación en los negocios orientados al mercado final y a los nuevos hábitos de consumo. Esta es la razón por la que cada vez más empresas están desarrollando planes enfocados a las ciudades, en vez de a los países. Tomemos el ejemplo de la industria automovilística: las ciudades están más preparadas para los coches eléctricos, al mismo tiempo que los vehículos sin conductor pueden hacer más eficiente la gestión del tráfico urbano. Las ciudades se construyen en torno a las economías de escala y al fenómeno de compartir. Prevemos que, gracias a las innovaciones, la economía de compartir crecerá. Y ese crecimiento tendrá lugar en las ciudades, donde se forja, se replica y se pone en marcha.

En el aire
Los avances también hacen más visible la cuestión de si las ciudades serán necesarias en el futuro. Si internet puede conectar fácilmente a personas, ideas y capital, así como crear asociaciones virtuales, ¿realmente necesitamos a las ciudades para canalizar el crecimiento económico? Por ahora la respuesta es sí. No podríamos haber llegado hasta este punto sin las ventajas de la proximidad física. Sin embargo, las ciudades del futuro tendrán que evolucionar para garantizarse un hueco en el mañana. Las que tengan un mayor liderazgo, la fuerza de trabajo más cualificada y el mejor caldo de cultivo de capital humano, financiación y tecnología serán las que prosperen.