Imagine un país con un elevado endeudamiento (alrededor del 100% de su PIB), que puede pagar su deuda e incluso continuar aumentándola a unos tipos de interés mucho menores. Esta economía, que tiene una baja competitividad, se ha visto favorecida por una depreciación del 15% de su tipo de cambio frente al dólar en el último año. 
Además, este país es importador de petróleo y ahora paga la mitad que hace seis meses. Lógicamente, podríamos concluir que el crecimiento en este país está a punto de acelerarse de forma significativa. Todo lo anteriormente mencionado es aplicable a Francia. Sin embargo, aunque la previsión de crecimiento para 2015 es superior a la de 2014, la diferencia es pequeña (menos de medio punto), ya que la economía francesa va a continuar paralizada por su incómodo sistema interno.

En concreto, el PIB real en Francia subió un 0,4% en 2012 y 2013 y se espera que el avance de 2014 haya sido similar. Por primera vez desde 2007, el crecimiento de Francia puede haber sido más bajo que el del resto de la zona euro (alrededor del 1%) el año pasado. Y creemos que para este año puede continuar en torno a esta cifra. En general, Francia había soportado mejor que sus vecinos la recesión entre 2009 y 2012, por razones que ahora se convierten en obstáculos durante las fases de recuperación.

Por un lado, cuenta con un sistema de transferencias sociales más desarrollado que sus vecinos. Esto disminuye el impacto en los ingresos del hogar causado por el aumento del desempleo durante los períodos de crisis, pero este colchón contra-cíclico es un coste que actualmente se ha vuelto prohibitivo. Con un gasto público tan elevado, ha sido necesario elevar los impuestos para contener el déficit. Y así, desde 2011, las subidas de impuestos han añadido presión sobre la renta disponible de los hogares y la demanda interna. Y mientras las reducciones en las contribuciones de los empresarios entran en vigor, lo único que hacen es devolver a las compañías los aumentos de impuestos a los que han tenido que hacer frente, pero durante este periodo sus márgenes se han reducido.

Por otra parte, Francia está menos integrada en la economía global que algunos de sus vecinos, en particular Alemania. En Francia, las exportaciones representan sólo el 30% del PIB real frente alrededor del 50% en Alemania. A pesar de que el comercio mundial ya no muestra el mismo comportamiento que antes de 2007, continúa siendo un mecanismo de control para la recuperación económica, cuando los costes de producción se ajustan adecuadamente a fin de hacerlos más competitivos. España es un ejemplo claro de este tipo de ajuste.

En conclusión, el destino de la economía francesa en 2015 se reduce a un partido entre los factores externos, los cuales son ahora más favorables que hace unos meses (el euro, los tipos de interés y los precios del petróleo), y los factores internos, que siguen siendo un lastre (el peso del gasto público y de los costes laborales). Los primeros parecen tener una ligera ventaja.