Economía verde

Su motor es el lema de las tres erres, “reduce, recicla, reutiliza” y deja muy claros sus propósitos. Se trata de todas aquellas actividades económicas cuyo objetivo es la mejora del bienestar humano y la disminución de las desigualdades sociales por medio del respeto medioambiental y la lucha contra el cambio climático. Es la más desarrollada en su definición y, según el experto Karl Bukart, se divide en seis sectores:

  • La energía renovable, o, justamente verde, es aquella que se produce sin emisión de gases invernadero. Puede ser solar (a partir de calor o luz del sol); eólica (del viento); hidráulica o hidroeléctrica (de ríos y corrientes de agua dulce); mareomotriz (de las mareas); undimotriz u olamotriz (de las olas); geotérmica (del interior de la Tierra); bioetanol (combustible de productos vegetales fermentados); biodiésel: (combustible orgánico de aceites vegetales); biomasa y biogás (de materia orgánica).
  • La bioconstrucción, cuyo objetivo es edificar con un impacto medioambiental bajo. Estos edificios son denominados eficientes, ya que en ellos se disminuyen los consumos de agua y energía, así como los costes de mantenimiento.
  • La movilidad sostenible, que busca una reducción de las emisiones causadas por la expansión del coche privado como medio de transporte. Ejemplos de ella son, además de los transportes públicos más respetuosos con el medioambiente (tranvía, metro o autobuses híbridos, entre otros), los nuevos y cada vez más en auge vehículos de movilidad personal (VMP), como patinetes y bicis eléctricas.
  • La gestión de recursos hídricos busca ofrecer un servicio que abastezca una demanda de forma óptima, esto es, abaratando costes y, paralelamente, disminuyendo el despilfarro.
  • La gestión de residuos, es decir, toda aquella actividad dedicada al reciclaje. Es una de las áreas más asentadas, gracias a la colaboración ciudadana, que tiene cada vez más conciencia en este sentido. Tanto es así, que los datos publicados por la organización coordinadora en España, Ecoembes, indican que casi un 80% de los españoles recicla.
  • La gestión de los recursos del suelo, que lucha para mitigar los efectos del cambio climático en los suelos (desertización, erosión, pérdida de zonas de tierra a causa del aumento del nivel del mar). Dos prácticas económicas derivadas de este punto son la ecoagricultura y la ganadería extensiva.

Economía naranja

También se conoce como economía creativa, muy extendida en Iberoamérica. Engloba la propiedad intelectual, en tanto que su terreno es el de la creación de ideas y conocimiento. Las industrias que la componen son la cultural (arte, diseño, arquitectura, gastronomía, publicidad) y la del conocimiento (educación, investigación y desarrollo, alta tecnología, informática). En este sector se combinan distintas áreas de estos dos ámbitos para generar productos y servicios innovadores que abran paso a nuevas posibilidades. Un ejemplo de este tipo de economía puede ser el videojuego Pokémon Go, puesto que abrió camino al uso de la realidad aumentada en sectores como el textil o el turístico.

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Economía azul

Este tipo de economía está centrada en iniciativas que reconocen “la importancia de los mares y océanos como motores de la economía por su gran potencial para la innovación y el crecimiento”, tal y como la define la Comisión Europea. Está muy vinculada a la economía verde y, al igual que esta, tiene unos sectores de aplicación bien definidos: acuicultura (pesca); turismo costero; biotecnología marina; energía oceánica (unimotriz y maremotriz, de las mareas); y explotación minera de los fondos marinos. Uno de los ejemplos más innovadores de este tipo de economía es Sea2see, una iniciativa con sede en Madrid, que produce gafas de calidad a partir de residuos recogidos en los mares. Otra de las propuestas más interesantes, también made in Spain, es la de Shippy House, que convierte contenedores de transporte marítimo en casas de diseño, funcionales, eficientes y transportables.

Pero hay más colores

Aunque las economías verde, naranja y azul son las más conocidas, existen también otros tipos:

  • Economía amarilla: se centra en la tecnología y la ciencia, agrupa las actividades que apuntan a la reducción de costes en la producción por medio de los avances de investigación.
  • Economía roja: es el color del consumismo. Aunque su objetivo es el fomento de este modelo, cuida de las repercusiones que el mismo pueda tener en la sociedad, rasgo que lo aproxima a la economía azul.
  • Economía gris: en esta sección se engloban aquellas actividades que son legales, pero no declaradas ante el Estado, normalmente para evitar el pago de impuestos y la revisión fiscal. Algunos ejemplos son los trabajadores informales, vendedores ambulantes o trabajadores domésticos, entre otros.
  • Economía negra: se encuentra relacionada con las actividades ilegales, aquellas que se encuentran prohibidas como el tráfico de drogas, terrorismo, crimen organizado, etc. Refleja la desigualdad de oportunidades de la población así como el deterioro de infraestructuras o índice de criminalidad.

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