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Una persona puede tener unos niveles de colesterol aparentemente adecuados, llevar una alimentación saludable y no presentar otros factores de riesgo cardiovascular evidentes y, aun así, tener una predisposición genética que incremente su riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular. Una de las claves para identificarla puede encontrarse en una partícula que cada vez recibe mayor atención en las consultas de cardiología: la lipoproteína(a), conocida como Lp(a).

Riesgo cardiovascular

“La investigación científica ha demostrado una relación entre niveles elevados de Lp(a) y un mayor riesgo cardiovascular, motivo por el cual se está prestando cada vez más atención a esta partícula”, comenta el doctor Armando Oterino, cardiólogo del Hospital Quirónsalud Cáceres.

En este sentido, el especialista afirma que la relación entre los niveles de lipoproteína(a) y el riesgo cardiovascular “es prácticamente continua”: a mayor concentración, mayor riesgo, sin que exista un punto concreto por debajo del cual pueda considerarse que el riesgo asociado es cero.

“En niveles muy elevados, el riesgo cardiovascular es alto, lo cual no se asocia solo a infartos, sino también a ictus, enfermedad arterial periférica y, de forma particular, a la estenosis de la válvula aórtica”, advierte el doctor Oterino.

Asimismo, el facultativo del Hospital Quirónsalud Cáceres señala que se pueden tener unos niveles de colesterol adecuados y, sin embargo, presentar una Lp(a) elevada. “Es más frecuente de lo que parece”, destaca.

Rasgo hereditario

Una de las principales características de la lipoproteína(a) es que sus niveles están determinados genéticamente en un 80-90% y prácticamente no reciben influencia de la dieta o el estilo de vida. “Al ser un rasgo hereditario, los antecedentes familiares son la pista clínica más importante”, explica el cardiólogo.

Por ello, el doctor Oterino recomienda medir la Lp(a), al menos, una vez en la vida, especialmente en determinados perfiles, como aquellas personas con antecedentes familiares de cardiopatía isquémica precoz —antes de los 55 años en varones y de los 65 en mujeres—, quienes hayan sufrido un evento cardiovascular sin que existan factores de riesgo clásicos que lo justifiquen, los pacientes con hipercolesterolemia familiar y las personas con un riesgo cardiovascular intermedio según las calculadoras habituales. También puede ser especialmente relevante en los familiares de primer grado de una persona a la que ya se haya detectado una Lp(a) elevada.

La prueba es sencilla y se realiza mediante un análisis de sangre. Además, aporta información que el colesterol habitual no proporciona y permite conocer mejor el riesgo cardiovascular para orientar las medidas de prevención. “Debido a que los niveles están determinados fundamentalmente por la genética y permanecen relativamente estables desde la infancia, una única medición durante la edad adulta puede ser suficiente en la mayoría de los casos”, explica el doctor.

Lp(a) elevada

Actualmente no existe ningún tratamiento farmacológico aprobado específicamente para reducir la Lp(a) de forma relevante y con un beneficio clínico demostrado. Por ello, cuando se detectan niveles elevados, la estrategia pasa por prestar especial atención a aquellos factores de riesgo cardiovascular que sí pueden modificarse.

“El manejo actual se centra en intensificar el control de todo lo demás que sí es modificable”, explica el cardiólogo del Hospital Quirónsalud Cáceres. Esto incluye un control más estricto del colesterol LDL mediante alimentación, ejercicio y, cuando sea necesario, tratamientos farmacológicos, además del control de la tensión arterial, el abandono del tabaco y la optimización del peso, la glucemia y el perímetro abdominal.

“Existen diferentes tratamientos específicamente dirigidos contra la Lp(a) que se encuentran actualmente en fases avanzadas de investigación, aunque todavía están pendientes de los resultados definitivos que permitan determinar su utilidad clínica”, subraya el especialista.

“Una lipoproteína(a) elevada es una información que, bien utilizada, ayudará a afinar el riesgo cardiovascular real y a cuidar mejor de nuestro corazón”, concluye.