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El verano trae consigo días más largos, comidas al aire libre, viajes, y reuniones familiares, pero también un aumento de un problema de salud que se repite cada año: las intoxicaciones alimentarias, más conocidas como ‘toxiinfecciones alimentarias estivales’ que no son una consecuencia inevitable del calor, sino episodios que, en gran medida, pueden prevenirse con unas correctas prácticas de manipulación y de conservación de los alimentos.
Aunque la seguridad alimentaria comienza con los controles sanitarios que regulan la producción, la industria y la restauración, tal y como señala Antonio Moreno, médico de Quirónprevención, existe un último eslabón decisivo: el consumidor y sus hábitos en el hogar. “Una mala conservación, una cadena de frío interrumpida o una preparación inadecuada pueden convertir una comida aparentemente segura en el origen de un problema de salud”, asevera.
De hecho, advierte sobre los últimos datos de vigilancia epidemiológica que muestran cada verano un incremento de los brotes de origen alimentario. “Factores como las altas temperaturas, el mayor consumo fuera de casa, los desplazamientos, y una mayor exposición de los alimentos favorecen la proliferación de microorganismos capaces de provocar estas infecciones”, sostiene.
Al mismo tiempo, destaca que mantener una higiene adecuada, conservar los alimentos a la temperatura correcta, y respetar los tiempos de consumo son medidas sencillas, pero fundamentales, para disfrutar del verano con seguridad, y también a la hora de evitar que un momento de ocio termine convirtiéndose en una visita inesperada a urgencias.
Principales síntomas
Entre los síntomas más frecuentes de una toxiintoxicación alimentaria se encontrarían la diarrea, el dolor, o los calambres abdominales, así como las náuseas, los vómitos, la fiebre, el malestar general y el dolor de cabeza, según detalla Yaraseth del Castillo, nutricionista deHealth Center Quirónprevención.
“En casos más graves, la intoxicación alimentaria puede llegar a afectar el sistema nervioso provocando síntomas como visión borrosa, parálisis, hormigueo, o entumecimiento de la piel, debilidad, dificultad para tragar, y en algunos casos puede haber heces con sangre. Los síntomas dependen del microorganismo implicado, pueden aparecer a las pocas horas o tardar varios días e incluso semanas en aparecer”, sostiene la especialista.
Por eso, insiste en que conviene buscar atención médica si aparecen heces con sangre, visión borrosa, fiebre alta, diarrea que dura más de 3 días, vómitos persistentes que impiden beber, signos de deshidratación (boca seca, mareo, poca orina o de color oscuro), dolor abdominal intenso, o un empeoramiento progresivo. “Dentro de los grupos de personas que deben tener mayor cuidado y consultar antes se encontrarían: embarazadas, personas de edad avanzada, bebés o niños pequeños, y personas inmunodeprimidas”, resalta esta experta en Nutrición.
¿Cómo saber que un alimento está en mal estado?
Además, esta experta del Health Center Quirónprevención advierte de que a la hora de adivinar si un alimento se encuentra en mal estado debemos tener en cuenta que los más delicados son los alimentos perecederos ricos en agua o sin cocinar: huevos, leche cruda, y quesos frescos, salsas a base de huevo, arroz o pasta cocida, ensaladas preparadas, vegetales crudos mal lavados o fruta ya cortadas, carnes y pescados poco cocinados y sobras cocinadas.
“En verano el riesgo aumenta porque el calor favorece la multiplicación de bacterias como Salmonella, Campylobacter, E. coli, Listeria o Staphylococcus aureus. Si los alimentos no se manipulan o refrigeran adecuadamente, especialmente en verano, se pueden provocar intoxicaciones alimentarias graves”, subraya Del Castillo.
Además, el Dr. Antonio Moreno recuerda que para que se produzca una toxiinfección alimentaria deben coincidir tres elementos críticos que han de coexistir: un microorganismo patógeno (o elemento infectante), un alimento que actúe como vehículo o sustrato y unas condiciones ambientales que faciliten la supervivencia o multiplicación del germen. “En verano, estos tres factores, no solo se dan, sino que se potencian mutuamente”, asegura, apuntando que la mayoría de las bacterias que causan enfermedades en el ser humano tienen como temperatura óptima de crecimiento entre los 20 °C y los 45 °C.
El facultativo hace hincapié en que es necesario desterrar la falsa creencia de que un alimento contaminado es fácilmente detectable a través de los sentidos: “Un alimento que contiene una dosis peligrosa de bacterias patógenas o toxinas puede conservar perfectamente su olor, su color, su textura y su sabor originales. Los microorganismos que pudren la comida (alterantes) no son necesariamente los mismos que nos enferman (patógenos)”.
¿Cómo podemos prevenir este riesgo?
Con todo ello, ambos expertos consideran que la mejor manera de evitar las intoxicaciones alimentarias en verano es mantener una adecuada higiene, manipular correctamente los alimentos, cocinarlos de forma segura y conservarlos a temperaturas adecuadas, haciendo hincapié en los siguientes aspectos:
- Lavarse las manos frecuentemente y evitar usar los mismos cuchillos y tablas para carnes/pescados crudos y alimentos listos para comer. Al igual que desinfectar adecuadamente las áreas, de esta manera evitamos contaminación cruzada.
- Cocinar bien las carnes, pescados, aves y huevos.
- Refrigerar rápidamente cualquier alimento perecedero en la nevera y nunca dejar platos preparados a temperatura ambiente. Cuidar la cadena de frío.
- Optar por alimentos pasteurizados, por ejemplo, si se harán salsas caseras, usar huevo pasteurizado y asegurarse de consumir las salsas en menos de 48 horas.
- Utilizar agua tratada adecuadamente o potable, tanto para beber como para la manipulación de alimentos.

