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La inflación está demostrando ser mucho más persistente de lo que esperaba el mercado y los bancos centrales mantienen un discurso, cuanto menos, de cautela. ¿Cómo cambia este escenario la forma de invertir en renta fija y dónde están hoy las principales oportunidades?

El principal cambio que hemos observado, también desde Swisscanto, es que el mercado ha estado muy centrado en el momento del primer recorte de tipos. Ahora nos encontramos en unos niveles más estructurales, donde probablemente podamos esperar que esa tendencia al alza comience a moderarse, como ya hemos visto recientemente.

En este escenario de tipos de interés más elevados, lo más importante es que el carry vuelve a cobrar mucho sentido. Además, en un entorno de inflación persistente, en el que los bancos centrales van a seguir siendo prudentes, la gestión activa de las carteras de renta fija resulta clave. Nosotros preferimos duraciones más equilibradas, manteniendo la flexibilidad suficiente para aumentar la exposición cuando las valoraciones lo justifiquen. Por último, el análisis crediticio vuelve a marcar la diferencia. Los diferenciales siguen relativamente ajustados, por lo que no basta con comprar la beta del mercado; es fundamental identificar emisores con balances sólidos, una elevada generación de caja y capacidad para soportar un entorno de financiación más exigente.

En cuanto a las oportunidades, las vemos principalmente en el crédito, ya que ofrece, de media, duraciones más cortas que la deuda pública. Nos enfocamos en segmentos como los bonos híbridos, el crédito financiero, los mercados emergentes, por su capacidad de diversificación, y el high yield, siempre que sea de calidad.

Desde Swisscanto utilizan una expresión muy gráfica: hay que añadir "sal y pimienta" a las carteras. ¿Qué significa exactamente este concepto y por qué consideran que ahora es el momento de ir un paso más allá de la renta fija tradicional?

Efectivamente, llevo tiempo utilizando la expresión "sal y pimienta" y casi se ha convertido en parte de nuestra identidad. El concepto es muy sencillo: no se trata de cambiar la receta, sino de enriquecerla. La base de las carteras de los clientes en España sigue siendo la renta fija de calidad, normalmente con duraciones muy cortas. Es decir, hablamos de carteras muy conservadoras. Lo que proponemos es introducir una mayor diversificación, desplazando aproximadamente entre un 20% y un 30% de ese núcleo hacia estrategias con más carry, mayor exposición a deuda corporativa y duraciones algo más largas. De esta forma, la cartera resultante puede obtener un rendimiento adicional sin necesidad de sacrificar ni la calidad crediticia ni asumir un incremento excesivo de la duración.

Esa diversificación la conseguimos incorporando exposición a CoCos, bonos híbridos y secured high yield. Se trata de segmentos de crédito que, de media, ofrecen una rentabilidad superior a la de la parte más tradicional de la cartera. Esto permite aspirar a batir la inflación, algo especialmente importante en el contexto actual. Si tenemos unos tipos de interés en torno al 2% y una inflación ligeramente por encima, el inversor está perdiendo poder adquisitivo. Por eso creemos que es fundamental mejorar la rentabilidad media de las carteras tradicionales incorporando una mayor exposición al crédito.

Cuando hablamos de añadir ese extra de rentabilidad aparecen inevitablemente segmentos como los CoCos, los híbridos corporativos o el secured high yield. ¿Qué aporta cada uno de ellos y por qué cobran especial sentido en el contexto actual?

Aunque los tres segmentos pertenecen al universo del crédito, cada uno responde a una lógica distinta y aporta una fuente diferente de rentabilidad y diversificación. Precisamente por eso creemos que tienen cabida dentro de una cartera bien construida. En renta fija, la clave siempre es diversificar la exposición al crédito de una forma ordenada y bien gestionada.

Si empezamos por los CoCos, se trata de deuda subordinada emitida por bancos muy bien capitalizados, que han mejorado de forma consistente la calidad de sus balances durante los últimos 12 o 14 años. ¿Qué nos aportan? La posibilidad de invertir en entidades muy sólidas sin reducir la calidad crediticia, ya que seguimos dentro del grado de inversión, aunque asumimos un mayor nivel de subordinación.

En el caso de los híbridos corporativos, hablamos de emisiones de compañías con una elevada calidad crediticia, tanto en Estados Unidos como en Europa. Suelen ser grandes multinacionales con balances muy sólidos que emiten deuda subordinada, lo que permite obtener un rendimiento adicional.

Por último, complementamos la cartera con exposición a high yield, pero siempre desde un enfoque de calidad. En Swisscanto invertimos en la parte más alta de la estructura de capital. Cuando hablamos de secured high yield, nos referimos a bonos respaldados por un colateral, es decir, por un activo tangible o intangible. En este segmento ya bajamos desde grado de inversión a high yield, por lo que es fundamental ganar seniority dentro de la estructura de capital. Esto no elimina el riesgo de impago o de quiebra, pero sí aumenta las posibilidades de recuperación en caso de que se produzca un incumplimiento, ya que existe un activo que respalda la emisión.

La combinación de estos tres segmentos permite construir una cartera más diversificada y mejorar el rendimiento medio sin depender de una única fuente de rentabilidad.

¿Cómo trasladan esa filosofía a las estrategias que gestionan en Swisscanto? ¿Qué papel desempeña la gestión activa para combinar una estrategia "core" de crédito corporativo con otras soluciones más especializadas capaces de aportar ese extra de rentabilidad?

Hoy la renta fija vuelve a ofrecer rentabilidades atractivas por sí sola, pero la verdadera diferencia entre los gestores ya no está únicamente en capturar el carry, sino en construir carteras eficientes. Ahí es donde está nuestro trabajo en Swisscanto: identificar fuentes de riesgo que no estén perfectamente correlacionadas entre sí y que permitan obtener una rentabilidad más estable a lo largo del ciclo crediticio.

Nuestro objetivo es construir carteras con un mayor potencial de rentabilidad, pero siempre respetando el perfil de riesgo de cada cliente. Por eso apostamos por una gestión activa que permita arbitrar la estructura de capital en función de las preferencias del inversor. Así, quien quiera mantenerse dentro del grado de inversión puede hacerlo obteniendo un rendimiento adicional mediante una mayor subordinación, tanto en deuda financiera como a través de bonos híbridos corporativos. Y, para aquellos inversores que quieran incorporar exposición a high yield, nuestra recomendación es situarse en la parte más alta de la estructura de capital, invirtiendo en emisiones secured high yield, una clase de activo que consideramos especialmente interesante.

¿Dónde están encontrando actualmente el mejor binomio rentabilidad-riesgo: en la deuda subordinada financiera, el secured high yield o los híbridos corporativos? ¿Qué les hace decantarse por unos frente a otros?

No existe una respuesta única. La clave está en analizar en qué segmento el mercado remunera mejor el riesgo en cada momento y construir una cartera equilibrada. Precisamente ahí es donde la gestión activa marca la diferencia.

Desde Swisscanto ponemos a disposición de los inversores distintas soluciones para arbitrar la estructura de capital en función de sus objetivos y su perfil de riesgo. Contamos con el Swisscanto Bond Fund Committed CoCo, el Swisscanto Bond Fund Committed Secured High Yield y el Swisscanto Bond Fund Committed Corporate Hybrid. Son tres estrategias que permiten acceder a diferentes segmentos del mercado de crédito y buscar esa mayor eficiencia en la construcción de las carteras.

Nuestro objetivo es ofrecer al inversor los vehículos necesarios para obtener ese rendimiento adicional que, en el contexto actual, consideramos imprescindible para que las carteras de renta fija sean capaces de batir la inflación. Lo hacemos aplicando la filosofía de la "sal y pimienta" que comentábamos antes: diversificar aproximadamente un 30% de la cartera entre estos tres segmentos. Además, se trata de fondos con una amplia experiencia, un sólido track record y una gestión activa que ha demostrado su capacidad para capturar las oportunidades del mercado y generar rentabilidades adicionales a lo largo de los últimos años.

Si hoy un inversor quisiera construir una cartera de renta fija con un horizonte de tres a cinco años, ¿cómo la estructurarían? ¿Qué peso deberían tener esas estrategias capaces de aportar esa "sal y pimienta" sin perder de vista el control del riesgo?

Lo primero sería partir de los objetivos del inversor, tanto en términos de rentabilidad esperada como de tolerancia al riesgo. Para un horizonte de tres a cinco años, el objetivo principal debe ser construir una cartera capaz de generar una rentabilidad atractiva de forma consistente, sin depender exclusivamente de la evolución de los tipos de interés. Evidentemente, los tipos son un factor importante, pero lo esencial es que el inversor se sienta cómodo con la estrategia.

En nuestra experiencia, la cartera debería contar con un núcleo del 70% al 80% en renta fija tradicional, similar al que ya mantienen muchos inversores españoles. Esa parte estaría compuesta por crédito corporativo con grado de inversión y duraciones de alrededor de dos o dos años y medio. A partir de ahí, incorporaríamos entre un 20% y un 30% de esa "sal y pimienta" de la que hablamos, mediante estrategias de híbridos corporativos, CoCos y secured high yield. El objetivo es elevar el rendimiento medio de la cartera, contribuir a reducir su dependencia de los movimientos de los tipos de interés y diversificar el riesgo entre distintas clases de activos.

En definitiva, buscamos una cartera estable, bien diversificada y capaz de capturar las oportunidades que ofrece el mercado de crédito para alcanzar los objetivos de rentabilidad en los próximos años.