Dentro de un ambiente económico que sigue siendo débil en el mundo desarrollado, desde mediados de mayo los mercados de bonos se enfrentan a mayores niveles de volatilidad, lo que ha llevado a un ajuste en las expectativas y a implementar un cierto reposicionamiento en cuanto a sectores se refiere. En este contexto, Estados Unidos sigue siendo el alumno aventajado, conservando su posición más avanzada en el ciclo económico.

Nuestras expectativas estiman que a finales de este año los treasuries a 10 años se situarán en torno al 2,5%, para alcanzar el 3% a finales del siguiente ejercicio, momento en el pronosticamos el fin del QE y en el que si se constata que la fortaleza económica es real, los tipos empezarán a subir.

Si esta es la tónica reinante al otro lado del Atlántico, Europa no saldrá de la recesión hasta 2014 por lo que durante este año tendrá que convivir todavía en un ambiente recesionista. En el viejo continente sigue combinándose la solidez alemana, que se mantiene como el país más fuerte de la región, junto con una ligera mejoría en las economías periféricas. La socialmente costosa austeridad puesta en práctica está dando sus frutos lo que se refleja en la reducción del déficit primario y en la mejora de ciertos indicadores técnicos. Por su parte, la acción del Banco Central Europeo y el Programa OMT han tenido un claro efecto sobre las rentabilidades de los bonos soberanos periféricos, limitando cualquier incremento en este sentido.

Dentro de este escenario, que en ningún caso calificamos como mercado bajista aunque resulta incuestionable que el rally ya ha tocado a su fin, creemos que el high yield sigue constituyendo una interesante alternativa de inversión. Este tipo de bonos ofrece una prima de riesgo atractiva y además las compañías englobadas en este universo poseen saneados balances y disfrutan de bajas tasas de impago. Además, las emisiones high yield son menos sensibles a los cambios en la renta soberana estadounidense.

Asimismo, los inversores deberían empezar a considerar la protección frente a la inflación. No cabe duda de que a corto plazo la inflación seguirá bajo control. No obstante, igual de evidente resulta que las inmensas cantidades de liquidez inyectadas en los mercados acabarán creando inflación con el agravante de que los tipos de inflación de break even actuales no están hoy descontando esta potencial inflación futura. Por tanto, los inversores deberían incorporar en sus carteras estrategias que les permitiesen protegerse frente a esta realidad, que ahora parece muy lejana, pero que acabará convirtiéndose en un hecho.