
La operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, que comenzó el 28 de febrero, y la represalia de Teherán en toda la región del Golfo, han marcado la evolución de los precios en los mercados durante las últimas dos semanas. Un primer balance con el petróleo Brent a 114,21 dólares, subida en la rentabilidad de los bonos y descensos de sus precios y caídas en las grandes bolsas en torno al 3%-4% en el balance anual, tanto en Europa como en Estados Unidos.
En el plano geopolítico, el cierre del estrecho de Ormuz, los ataques a instalaciones petroleras y gasísticas en Irán y en los distintos Emiratos suponen problemas a largo plazo en el suministro y producción de combustibles. La falta de respaldo a Trump por parte de la OTAN apunta también a que el fin de las hostilidades se alejan. De ahí que los analistas empiecen a mostrarse más pesimistas con una intervención en Irán que a no pocos se antojaba de fácil resolución como ocurrió en Venezuela.
Max Stainto, estratega senior de Macroeconomía Global en la gestora Fidelity International apunta que, con unos precios del petróleo elevados, pero moviéndose en un rango de 90‑110 dólares por barril, espera que la Reserva Federal mantenga los tipos sin cambios durante más tiempo, elevando el listón para el corto plazo. Dicho esto, “no creemos que este entorno, por sí solo, sea suficiente para justificar un nuevo ciclo de subidas. Un escenario de riesgo al alza con el petróleo por encima de 120 dólares por barril —un riesgo de cola significativo cuya probabilidad está aumentando— generaría, según el experto- un contexto de política monetaria mucho más complejo. Un repunte sostenido del crudo reforzaría una postura de tipos altos durante más tiempo, especialmente si los precios del transporte y de los bienes en general comenzaran a repuntar junto con el encarecimiento del combustible. “La situación en Oriente Medio está evolucionando muy rápido, y los indicios de escalada tras el ataque a infraestructuras energéticas iraníes, de prolongarse, prácticamente eliminarían la posibilidad de recortes en 2026”, concluye.
Choque estanflacionista
Michaël Nizard, responsable de Multi Asset & Overlay, y Nabil Milali, gestor de carteras Multi Asset & Overlay en Edmond de Rothschild AM se muestran rotundos en su informe: “no es exagerado afirmar que se trata de la crisis más importante de la historia en el mercado del petróleo, según reconoce la propia Agencia Internacional de la Energía”, indican.
Las consecuencias indirectas de este conflicto no se detienen ahí, ya que también se está produciendo una subida vertiginosa del precio del aluminio, cuya producción es muy intensiva en energía, así como de los precios de los fertilizantes, de cuya producción mundial el 13% se realiza en los países del Golfo, lo que debería provocar un fuerte repunte de los precios de los alimentos.
Incluso tras la resolución de este conflicto, se necesitará -opinan los expertos- tiempo para reactivar la producción de petróleo, probablemente entre uno y dos meses más, lo que sugiere perturbaciones duraderas en la oferta de crudo.
El escenario más probable (60%) sigue siendo el de una guerra de desgaste entre Washington y Teherán que podría prolongarse unas semanas más, antes de que Donald Trump acabe buscando a toda costa la vía de la distensión para evitar un choque económico de gran magnitud.
El escenario desfavorable, cuya probabilidad aumenta día a día (25%), es el de un caos prolongado. Aquí, los inversores se verían obligados a mantener una prima de riesgo geopolítico muy elevada en las valoraciones de todos los activos, en particular el petróleo, cuyo aumento sostenido podría provocar entonces un auténtico choque estanflacionista.
Hemos optado por mantener una fuerte exposición al dólar, ya que el billete verde recupera su estatus de valor refugio y protege las carteras en esta fase de aversión al riesgo, así como por mantener nuestra neutralidad en cuanto a la duración, mientras que los tipos soberanos se ven sacudidos por los temores de una ola inflacionista.
Shannon L. Saccocia, CFA, Chief Investment Officer en Neuberger Berman, explica que a medida que el conflicto en Oriente Medio entra en su tercera semana sin señales claras de distensión, la respuesta del mercado ha sido reveladora, no por su dramatismo, sino por su deliberada moderación. “No se ha producido una huida a gran escala hacia los refugios tradicionales, ni una rotación enérgica hacia los valores tecnológicos de gran capitalización, ni una venta indiscriminada de activos de riesgo. El S&P 500 se mantiene a menos de un 3 % de su máximo histórico alcanzado el 27 de enero”, indica.
Pero esta experta sí observa un reposicionamiento más gradual y selectivo que en cualquier episodio de tensión comparable de los últimos años, lo que implica que los inversores ya están mirando más allá de la disrupción inmediata hacia lo que podría deparar la segunda mitad del año, y se están planteando con mayor detenimiento qué activos deberían mantener en ese entorno.
Entre los riesgos que aprecian los analistas de la gestora DJE señalan la escalada en la situación geopolítica y la renovada presión inflacionaria derivada de los precios del petróleo; a pesar de esta realidad, las valoraciones continúan elevadas y no reflejan los efectos de un conflicto prolongado. Por otro lado, advierte de las señales sobre dificultades de salida en los fondos de Private Equity, así como en el segmento del crédito privado.
Desde BlackRock Investment Institute (BII) consideran que se trata de un shock macroeconómico global evidente, independientemente de su desenlace final, con consecuencias como una mayor inflación y subidas en los rendimientos de los bonos. Sin embargo, si el cierre se prolonga, podría producirse un círculo vicioso en el que las repercusiones políticas y económicas causadas por la subida de precios actúen como freno del conflicto. “Preferimos la renta variable estadounidense, aunque creemos que los diversificadores clásicos de las carteras se están enfrentando a dificultades”, concluyen.
Por último, Paul Diggle, economista jefe de Aberdeen Investments considera que el flujo de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz se ve interrumpido durante meses, en lugar de semanas. “Hemos condicionado los precios del petróleo a una media de 120 dólares durante marzo, manteniéndose por encima de los 100 dólares durante seis meses y aún por encima de los 80 dólares a finales de año”. Y añade: “la reciente experiencia de alta inflación significa que las expectativas de inflación están menos ancladas de lo normal. Por lo tanto, los bancos centrales no «ignoran» esta crisis, abandonando los ciclos de recortes y, en algunos casos, subiendo los tipos de interés, incluso en la zona euro”, concluye.

