La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.
Parece un guión con una lógica difusa. Se anuncian recortes tras recortes, reforma tras reforma y la credibilidad de nuestro país en lo que respecta al sistema financiero no se recupera, nadie nos cree y el último episodio en el Consejo de Política Fiscal con las cuentas de las Comunidades Autónomas de Madrid, que en vez de un déficit del 1,3 % en realidad era del 2,2% y Valencia, en las que se publica un déficit y en realidad es otro mayor, no ayuda en nada. Introduzcamos algo de sensatez, de fiabilidad, seamos serios de una vez por todas. La confianza cuesta mucho tiempo en conseguirla y nosotros la hemos perdido en muy poco tiempo. Los gestores de las entidades financieras son los verdaderos culpables de esta situación que nos repercutirá a todos.

Se insiste una y otra vez en los mecanismos de reforma financiera pero nadie parece darse por enterado de que la base, las cifras de las que se parte para saber la situación del sistema financiero español, son deliberadamente erróneas. No se cuentan por ejemplo los 125.000 millones “ de créditos sanos “ teóricamente, y no se cuentan las hipotecas a particulares que, según informan, tienen una morosidad de 2,8%- En una situación como la actual eso no son datos fiables, dado que lo normal sería el 5% con una mayor dotación para la morosidad de 18.000 millones más. Nos entran temblores con estas y otras cifras del ladrillo, siendo un motivo por el cual no afloran estas cifras es por la necesidad de dotaciones en una liquidez que no tienen.

Las cuentas del ladrillo no cuadran en ninguna entidad y eso lo comprobamos cada vez que una entidad es intervenida, ya que con posterioridad aparecen agujeros que no estaban contemplados por sus gestores. Todos conocemos la práctica habitual de esos gestores en las entidades financieras en la época gloriosa del ladrillo, el modus operandi era: “ se acercaba a su entidad, una caja generalmente, el promotor de turno ofreciendo la constitución de una sociedad conjunta para construir viviendas, locales comerciales o adosados en un terreno que había comprado con una préstamo que la misma entidad le había otorgado. Estando el terreno en situación de urbanizable (en la Comunidad Valenciana, por ejemplo) era vendido a la entidad financiera mediante la constitución de una nueva sociedad en la cual el promotor aportaba el suelo y en la que participada la entidad financiera. Su valor era entonces tres veces el de su compra, con lo cual el comprador inicial había recuperado su inversión, tenia beneficio y de ahora en adelante caminaban juntos en la nueva sociedad la entidad financiera y el promotor. Esto podía repetirse infinidad de veces y con distintos promotores, como dice el refrán español “ la avaricia rompe el saco “ y en esta situación estamos ahora.

Además a esta operativa se le añadía una más grave aun que era siempre complementaria, y que consistía en que se incrementaba la operación dependiendo del importe de la misma en una cantidad que se añadía al préstamo y que se disponía para un deposito que se pignoraba en garantía. Con lo cual la entidad aumentaba su pasivo y su activo y el único perjudicado era el promotor que pagaba el diferencia de intereses entre el incremento del préstamo para disponer y formalizar el depósito o la propia sociedad constituida,  de la cual era socia la entidad financiera que tenía que pagar más por la operación. También se podía realizar un préstamo con el importe de la compra del terreno y una operación complementaria por el importe del IVA a pagar a un plazo máximo de quince meses. Dado que Hacienda devolvía el IVA más o menos en ese período de tiempo, cancelando en ese momento la operación complementaria con lo cual tenemos que el promotor sin poner un duro tenía su beneficio y además tenía una mercantil en la que participaba como socio a una entidad financiera con lo cual se cubría ante posibles problemas de financiación de cara al futuro , perfecto para el promotor.

Estas triquiñuelas son “pecata minuta” y mientras no hablemos claro a Europa y digamos realmente lo comprometido con el ladrillo en nuestras entidades financieras y las cifras reales de las Comunidades Autónomas no nos creerá ni el tato. Hemos tenido que recurrir a auditores externos para que examinen nuestra realidad y ésta seguro que nos sorprende mucho más, salvo que haya un pacto antes de que salga a la luz para aminorar las cifras y que el escándalo no sea muy grande.

La mejor solución hubiera sido la creación de un banco malo que acogiera todos los activos tóxicos de las entidades, como han hecho en muchos países de nuestro entorno, pero nuestra singularidad lo ha hecho imposible hasta el momento.

Todo ello no viene por generación espontanea, viene por la incompetencia de los propios gestores que marcan las políticas de inversión, consejos de administración que se han declarado incompetentes como en el caso de la Cam, sesudos departamentos de riesgos que marcan las pautas que todos obedecen y claro está, son de obligado cumplimiento. Son el sanedrín de la perfección, nunca se equivocan e igualmente no han visto nunca la industria a la cuál les han denegado o autorizado un crédito. Esos gestores son lo que además de articular el desaguisado se van de las entidades con los bolsillos llenos y encima reclamando mas ante magistratura.

La realidad es muy dura y nadie se declara culpable de lo que tenemos que pagar entre todos.

Rafael Montava Molina
Consultor empresarial
rafaelmontava@hotmail.com