Hoy en día, ni de las auditorias, ni del Banco de España, se puede uno fiar mucho. Sus diagnósticos, sus análisis, muchas veces son erróneos, dirigidos o con un interés determinado. Esto viene a colación de que todas las gestiones son discutibles y opinables, incluso la que están efectuando los interventores de la Cam.

Ya hemos comentado en anteriores artículos el papel jugado por el BdE en la crisis de la Cam, el papel de la auditora y de otros estamentos controladores, pero especialmente el del BeE, al que en un primer lugar es achacable que viendo la situación en la cuál estaba la entidad - comentada en todos los círculos y siendo conocedora de primera mano por tener toda la información posible de la situación por sus auditorías constantes que realizan, al igual que al resto de las entidades financieras - no se tomaran las medidas oportunas antes de que la gestión de sus directivos diera al traste tan estrepitosamente con la misma, haciendo uso y abuso de sus cargos en la mima. Porque esto se conocía desde hace mucho tiempo, únicamente tienen que revisar las comunicaciones a la CNMV.

Hoy en día hay muchos elementos que hay que tener en cuenta y, entre ellos, también estaban las agencias de rating que, aunque son fundamentalmente suministradoras de información y pese a sus debilidades, son una guía para los inversores. En fin, son muchos los elementos que se han dejado pasar sin tenerlos en cuenta además de la dejación propia de funciones  que les correspondía por ley realizar.

Ahora la caja está intervenida y la gestión de la misma está en manos de los interventores nombrados por el BdE, pero también hay que tener en cuenta que son gestores a los que casi nunca se les juzga por lo hecho y hay que tener en cuenta que toda gestión, incluso la de ellos, puede ser manifiestamente mejorable. El tiempo pasa y, poco a poco, se van conociendo sus decisiones y estaba claro que éstas deben estar enfocadas hacia tres aspectos fundamentales: la gestión de los anteriores directivos, responsabilidades etc. etc., limpieza y saneamiento de la entidad y su puesta en disposición de venta así como la gestión de la misma en este proceso .

En lo que respecta al personal directivo y su Consejo de Administración, está claro que se quedarán muy cortos con las responsabilidades que se están solicitando, no pueden salir inmunes de tamaño descalabro, aprovechamiento y abuso de cargos, hasta hace poco aun sonaban en este mismo periódico las alabanzas a la situación de la entidad de personas que ocupan puestos de responsabilidad e indujeron a error a inversores, clientes y empresas.

Está claro que la principal labor de la intervención es manejar la gestión y saber realmente cuál es su verdadera situación. Y en ese camino el interventor no tiene ningún problema de liquidez, se aporta lo que sea necesario y del riesgo se elimina cualquier atisbo de preocupación futura. ¿Qué quiere decir? Que para ellos –los interventores –siempre será preferible ejecutar una operación parcial o totalmente impagada que, habiendo visos de reconducción, se pueda renovar con otros parámetros o directrices, plazos importes o garantías. Siempre optarán, como lo están haciendo, por la ejecución para dejar lo más allanado posible el camino para el futuro comprador. Ello comporta un daño irreversible para la pequeña y mediana industria de la cual depende. Al no poder proponer mantener o reconducir nuevas operaciones tienen que ir a buscarse las habichuelas a otras entidades y, estando la situación como está, es verdaderamente difícil. Ello provoca una cascada de problemas que en muchas empresas sin recursos o riesgos diversificados pueden ser insuperables .

La lentitud en la toma de decisiones, el rechazo de planteamientos y la alergia que provoca en los actuales directivos tratar de plantear algo de algún cliente, hace que cualquier perspectiva de futuro esté anulada por completo.
No quiero decir nada de la situación en la cual quedan los ahorradores que habían invertido sus ahorros en participaciones -ahora abandonados a su suerte- después de haberles prometido el anterior consejo de administración y los propios interventores la compra-. Ahí el principal problema radica en la persona que les ha inducido a comprarlas porque la capilaridad de la entidad en esta comunidad es muy alta y sus directivos son las personas de confianza que vertebran sus negocios, y ahora han quedado a los pies de los caballos. En fin, con estas alforjas no se podrá nunca crear un futuro, si será la mejor opción para que después la compre otra entidad y haga negocio, dado que el proceso de limpieza será tal que no quedaran ni clientes.

Por ello la gestión de la intervención está dando muestras de haber iniciado un camino que no tiene vuelta atrás y los principales perjudicados de esta situación, y de su gestión, serán los que forman el tejido empresarial de nuestra comunidad que ve cortados sus canales de financiación y operatividad que siempre han tenido .

Rafael Montava Molina
Consultor Empresarial