Después de mostrar un buen comportamiento desde el pasado otoño, los datos económicos del último trimestre revelaron un preocupante bajón. El primer indicador en Estados Unidos llegó cuando se revisó a la baja el crecimiento del primer trimestre desde el 0.4% al 0.1% comparado con el trimestre anterior y un comportamiento débil en el segundo trimestre (0.2%).

En Europa, el crecimiento en la zona euro se ralentizó desde el 0.8% en el trimestre anterior al 0.2%. Y Alemania destacó presentando un crecimiento de sólo el 0.1% comparado con el 1.3% en el primer trimestre. La cuestión es si estas cifras reflejan una verdadera ruptura de la tendencia o simplemente una vuelta a la normalidad tras un primer trimestre excepcional en el que el sector de la construcción creció al mismo ritmo.

Como en el verano de 2010, los inversores empezaron a preocuparse sobre una posible recaída en la recesión. La imagen en Estados Unidos es en cierto modo contradictoria con muchos indicadores avanzados como los índices ISM por debajo de los niveles alcanzados en la primavera. Aún así, la mayor parte de los indicadores avanzados todavía están por encima del nivel crítico de 50 - el ISM compuesto está en 53- y la economía manufacturera real siguió avanzando en julio.

En la primavera de 2011, los indicadores avanzados reflejaban un verdadero optimismo y el ISM manufacturero alcanzó incluso un máximo histórico en febrero. Las cifras del PIB revisado para el primer trimestre mostraron que se trataba de un optimismo excesivo y era inevitable que se cambiase a una actitud más realista. Además, el terremoto del 11 de marzo en Japón y la subida de precios del petróleo perjudicaron el poder adquisitivo de los consumidores, la confianza empresarial e incluso la actividad en el segundo trimestre.

Otros golpes fueron el enfrentamiento político sobre la elevación del techo de deuda federal y la rebaja de la calificación crediticia de Estados Unidos por parte de Standard and Poor’s. Es demasiado pronto para decir si está en marcha una verdadera crisis de confianza pero, desde el punto de vista corporativo, la visibilidad ha bajado y no hay duda de que si las compañías adoptan una actitud de esperar y ver sería la mayor amenaza para el crecimiento. La inversión corporativa supone una contribución vital al crecimiento y el sentimiento empresarial influye en los empleos y por lo tanto en el consumo. Hoy en día, las compañías estadounidenses, y en especial los grandes grupos, disfrutan de balances sólidos y de flujos de tesorería y rentabilidades históricos pero todavía persiste una cierta cautela que data del período 2007-2009.

Las compañías están contratando menos de lo habitual en esta fase del ciclo, pero siguen contratando gente, con la excepción de agosto, las cifras son mejores que en 2010. Las compañías también siguen invirtiendo ya que sigue siendo esencial para ellas mejorar la productividad y la competitividad. Excluyendo la defensa y la aeronáutica, el gasto en bienes de capital avanzó más en julio y las cifras ahora están flirteando con los niveles del máximo del ciclo anterior. En definitiva, las compañías necesitan estas inversiones para asegurar el crecimiento futuro y tienen los medios financieros para actuar.