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La renta variable europea está despertando un renovado interés en un contexto de cambio. Los cambios en la política fiscal, las medidas menos estrictas de regulación y las nuevas dudas sobre el liderazgo del mercado han influido en la confianza de los inversores, mientras que los acontecimientos geopolíticos siguen generando incertidumbre. Al mismo tiempo, Europa continúa siendo un mercado muy diverso, donde las oportunidades y los riesgos varían considerablemente entre sectores, países y empresas. Esto hace que las previsiones macroeconómicas puedan servir de contexto, pero rara vez sean suficientes.
Por ello, para quienes se plantean invertir en renta variable europea, la cuestión fundamental es cómo distinguir las empresas que siguen presentando unos fundamentales y valoraciones atractivos de aquellas que simplemente se están beneficiando de la narrativa dominante en el mercado.
Europa necesita selección de valores, no eslóganes
La renta variable europea ya no puede considerarse simplemente una alternativa barata a la estadounidense. Es una clase de activo más cíclica y fragmentada, con importantes diferencias entre países, sectores y compañías. La oportunidad no consiste tanto en adoptar una visión general sobre «Europa», sino en identificar empresas con valoraciones atractivas cuyos fundamentales y/o sentimiento del mercado estén mejorando. Combinar estas perspectivas con un proceso de construcción de cartera que tenga en cuenta el índice de referencia permite evitar grandes apuestas por países o sectores y dejar que sea la selección de valores la que determine los resultados.
El contexto de mercado también respalda este argumento. El apoyo de los bancos centrales, el gasto fiscal y las medidas menos estrictas de regulación, junto con la mejora de los datos económicos y de las revisiones de beneficios, podrían favorecer a la renta variable europea, especialmente a medida que el liderazgo del mercado se amplía más allá de un reducido grupo de valores de crecimiento globales. Pero los riesgos son igualmente importantes: la incertidumbre política, el crecimiento desigual, los elevados costes energéticos o la posibilidad de que el optimismo sobre el ciclo pierda fuerza. En nuestra opinión, todo ello desaconseja adoptar un enfoque basado exclusivamente en una visión top-down y favorece un proceso disciplinado que permita identificar compañías con valoraciones relativas atractivas
Un enfoque combinado con una visión a largo plazo
Es en este contexto donde puede resultar especialmente útil lo que denominamos enfoque Blended Research, que combina el análisis fundamental y el cuantitativo. El primero permite evaluar aspectos como la calidad de las empresas, su valoración y la solidez de una tesis de inversión. El segundo aplica un enfoque sistemático y multifactorial que estudia aspectos como la valoración, la evolución de los precios y los beneficios, la calidad y el sentimiento del mercado. En lugar de utilizar ambos por separado, el proceso los combina para identificar aquellas compañías que resultan atractivas desde las dos perspectivas, maximizando la exposición a ellas dentro de unos parámetros de diversificación y riesgo.
Esta combinación resulta útil porque cada análisis aporta elementos diferentes. El cuantitativo permite abordar un amplio universo de inversión con coherencia y disciplina, mientras que el fundamental aporta criterio, contexto y una visión a más largo plazo de la evolución de las empresas.
Además, no todos los entornos de mercado favorecen por igual a ambos enfoques. Ha habido periodos en los que el análisis fundamental ha contribuido más al rendimiento y otros en los que los factores cuantitativos han desempeñado un papel más importante. Un enfoque combinado está diseñado para adaptarse a la mayoría de las condiciones del mercado. Este es el enfoque que aplica el MFS Meridian® Funds – Blended Research European Equity Fund.
Cuando coinciden el análisis fundamental y el cuantitativo
No buscamos tener en cartera todos los valores de «calidad» de Europa ni nos limitamos a comprar los más baratos del índice. Las mayores ponderaciones activas suelen corresponder a empresas que cuentan tanto con el respaldo de nuestros analistas como de nuestros modelos cuantitativos. Entre ellas pueden encontrarse compañías europeas competitivas a escala mundial, como ASML, donde la demanda estructural a largo plazo de equipos para semiconductores debe valorarse junto con la valoración y el riesgo cíclico; Novartis y Roche, donde la innovación en el sector sanitario y la solidez del balance se analizan junto con la evolución de los beneficios y el sentimiento del mercado; o Nestlé, cuyas características defensivas deben evaluarse frente a sus perspectivas de crecimiento y valoración.
Estos ejemplos son meramente ilustrativos. No significa que haya que invertir en estas compañías a cualquier precio ni que las mayores empresas europeas deban dominar la cartera. Nuestro proceso controla el tamaño de las posiciones con respecto al índice MSCI Europe, de manera que incluso las grandes compañías se ponderan teniendo en cuenta el riesgo. Además, este mismo enfoque permite analizar empresas muy diferentes entre sí, algo especialmente importante en un mercado tan variado como el europeo.
Esta amplitud no significa falta de rigor. Una mayor apuesta por la renta variable europea no exige asumir más riesgo, sino entender mejor dónde se está asumiendo. En este sentido, la cartera busca generar rentabilidad activa mediante la selección de valores, en lugar de hacerlo a través de grandes apuestas macroeconómicas, sectoriales o por países.
Esta disciplina resulta especialmente importante en Europa, donde el liderazgo puede rotar rápidamente entre estilos como value, momentum y quality, así como entre valores cíclicos y defensivos. Históricamente, los factores cuantitativos han tendido a funcionar mejor en mercados con tendencias claras, mientras que el análisis fundamental puede aportar más valor en momentos de inflexión y cuando el entorno económico se deteriora. Ninguno de los dos enfoques ofrece por sí solo toda la información necesaria. La ventaja de combinarlos no consiste en eliminar la incertidumbre, sino en analizar cada idea de inversión desde más de una perspectiva antes de asignar capital con convicción.
Europa premia la disciplina, no los atajos
Europa es un mercado diverso y cíclico, y demasiado expuesto a los cambios en las políticas, los resultados empresariales y el contexto geopolítico como para confiar en una única señal. La oportunidad no consiste simplemente en «comprar Europa», sino en identificar qué compañías europeas merecen recibir capital y por qué. En nuestra opinión, ahí es donde el análisis combinado demuestra su valor: al aunar la convicción que aporta el análisis fundamental con la evidencia cuantitativa para identificar los valores con una tesis de inversión más sólida. En un mercado donde el liderazgo puede cambiar rápidamente, esta combinación no es un eslogan, sino una disciplina.

