En la mayoría de los casos, las grandes oportunidades de inversión consisten en identificar los puntos débiles y estratégicos de la economía. ¿Dónde están hoy esos cuellos de botella y cómo puede un inversor aprovecharlos para generar grandes rentabilidades?

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Mirar a los cuellos de botella que se generan resulta un enfoque interesante, pero también entraña riesgos debido al ritmo de inversión cada vez más frenético. La entrada de inversores minoristas (retail) y el uso intensivo de opciones a muy corto plazo han provocado que estas tendencias se aceleren en ambos sentidos. Hay dos ejemplos bastante significativos sobre cómo se han ido creando fondos cotizados (ETF) cada vez más especializados, acentuando estas dinámicas:

El primero corresponde a un ETF de compañías dedicadas al refino de petróleo. Cuando el refino representaba un cuello de botella crítico y se firmó la tregua en Irán en junio, la expectativa general era que el precio del crudo se desplomara, como efectivamente ocurrió; sin embargo, la capacidad de estas refinerías continuó siendo un cuello de botella y sus valoraciones han subido desde entonces en torno a un 30%. Este es un ejemplo positivo de cómo capitalizar tales restricciones operativas.

En contraste, un ejemplo desfavorable ocurrió hace justo un mes con el lanzamiento de un ETF centrado en cuellos de botella de inteligencia artificial (AI bottlenecks), el cual acumula una caída del 22% desde su debut. Esto demuestra que conviene actuar con prudencia: en ocasiones, las modas y el interés inversor propician la creación de productos temáticos cuando el cambio de tendencia ya se ha producido, haciendo arriesgado apurar el recorrido de corto plazo.

La inteligencia artificial está transformando la economía y los mercados. ¿Seguimos a tiempo de ganar dinero con esta revolución o las grandes oportunidades ya están descontadas en las valoraciones? ¿Dónde veis más potencial y dónde detectáis una posible burbuja?

Esa es la pregunta del millón. Creo que es el debate más importante ahora mismo en los mercados, por lo menos en los de renta variable.

Analizar un movimiento tan revolucionario como la irrupción de la inteligencia artificial es sumamente complejo. Lo que sí vemos en el momento actual es que las valoraciones bursátiles parecen razonables, pero ese «parecen» debe matizarse. Los beneficios corporativos se perciben inflados debido a una asimetría contable: los desembolsos no se imputan como un coste corriente inmediato para las compañías compradoras del sector, sino como inversión en capital (Capex), amortizándose a lo largo del tiempo.

Al examinar la cadena de valor de la IA, los primeros beneficiarios han sido los proveedores de «picos y palas»; es decir, las empresas proveedoras de infraestructura como memorias, semiconductores y construcción de centros de datos (data centers). No obstante, recientemente se aprecia una ralentización en las inversiones en centros de datos, lo que abre interrogantes sobre la sostenibilidad de estos beneficios.

Alrededor del 80% de la facturación del sector proviene de transacciones entre compañías de la propia industria, lo que denota un comportamiento marcadamente endogámico. Para que este ciclo sea sostenible, es indispensable que despegue la demanda final de usuarios (tanto empresas como particulares). Cuando esa transición madure, quienes previsiblemente tendrán mayor recorrido serán los gigantes tecnológicos (hyperscalers) con balances financieros sólidos, así como las firmas de software y consultoría que faciliten las ganancias reales de productividad necesarias para justificar tales inversiones.

En un escenario marcado por las tensiones geopolíticas, la incertidumbre sobre los tipos de interés y los elevados niveles de deuda, ¿cómo debería posicionar su cartera un inversor que quiera proteger su patrimonio sin renunciar a una rentabilidad atractiva? ¿Qué activos sobreponderaríais hoy?

El mercado siempre convive con riesgos y suele avanzar sobreponiéndose a tensiones geopolíticas o dudas macroeconómicas. Sin embargo, la reciente corrección severa en el mercado de renta fija soberana ha generado una coyuntura inédita en las últimas dos décadas: la posibilidad de obtener rentabilidades reales positivas (depuradas de la inflación) mediante bonos gubernamentales con alta calificación crediticia (rating).

Para un inversor con un horizonte temporal determinado, por ejemplo, a cinco años, la pauta fundamental consiste en alinear la duración de su cartera con dicho plazo. De este modo, puede fijar o asegurar (lock-in) retornos atractivos y predecibles. Dado que muchas carteras aún mantienen un exceso de liquidez, pagarés o instrumentos flotantes de baja duración, lo recomendable es revisar esas posiciones e incrementar la duración incorporando bonos con vencimientos más amplios.

Los mercados privados y las inversiones alternativas están ganando protagonismo en las carteras de los grandes patrimonios. ¿Qué oportunidades ofrecen actualmente frente a la bolsa y la renta fija tradicionales? ¿Hay inversiones que antes estaban reservadas a las grandes fortunas y que ahora pueden aprovechar patrimonios más modestos?

Los mercados privados constituyen una pieza indispensable en la gestión patrimonial de grandes patrimonios. Dicho esto, los riesgos subyacentes en deuda privada, capital riesgo (venture capital / private equity) o infraestructuras son equiparables a los de los mercados cotizados. La diversificación que ofrecen es predominantemente temporal: su volatilidad aparente es menor porque no cotizan a diario, pero el riesgo de fondo persiste.

Asimismo, el encarecimiento del coste de financiación reduce la ventaja histórica que otorgaba el apalancamiento financiero a las rentabilidades esperadas en estos activos.

En cuanto a la democratización del sector, se han popularizado estructuras abiertas o fondos evergreen, que carecen de vencimiento definido y permiten suscripciones y reembolsos periódicos. Este formato suscita cautela: alojar activos ilíquidos a largo plazo en vehículos que ofrecen liquidez periódica suele generar descalces operativos relevantes. Por ello, resulta más prudente canalizar estas inversiones mediante los fondos cerrados tradicionales, estructurados con llamadas periódicas de capital (capital calls) y desinversiones acompasadas a la vida útil de las compañías y activos subyacentes.

Dentro de los mercados privados, el segmento de infraestructuras destaca favorablemente hoy en día por ofrecer una relación rentabilidad-riesgo atractiva, justificando una mayor ponderación en las carteras patrimoniales.

iCapital celebra su 20 aniversario en 2026, con la ambición de alcanzar los 8.000 millones de euros de patrimonio asesorado en 2030. ¿Qué ha cambiado en la forma de gestionar las grandes fortunas durante estas dos décadas y cuáles serán las claves para seguir creciendo en los próximos años?

Las exigencias de las grandes fortunas no han cambiado sustancialmente en los últimos veinte años; las mayores transformaciones ocurrieron en las décadas precedentes. Lo que sí ha evolucionado de forma notable es la estructura de la industria: hace veinte años el asesoramiento independiente era casi inexistente, mientras que hoy gana una cuota creciente de mercado frente a la banca tradicional. El hecho de que grandes entidades financieras creen divisiones independientes dentro de sus grupos valida la vigencia de este modelo de negocio.

La perspectiva de crecimiento debe mantenerse anclada en la profesionalidad, el rigor ético y la estricta ausencia de conflictos de interés. En el ámbito tecnológico, existen iniciativas para integrar herramientas de inteligencia artificial tanto en el análisis financiero como en los procesos operativos internos; no obstante, el activo principal del asesoramiento patrimonial sigue siendo la confianza y la cercanía con el cliente.