El peligro del exceso de confianza en las inversiones
Creer en uno mismo es positivo, pero en gestión de carteras hacerlo más de la cuenta puede inducir a errores graves con un elevado potencial para reducir sus posibilidades de jubilarse con tranquilidad. A continuación abordaremos de dónde procede ese punto de vista sesgado, otros errores cognitivos que suelen acompañarlo y por qué puede convertirse en un obstáculo insalvable para la consecución de sus objetivos.

Las causas del exceso de confianza

Probablemente el exceso de confianza proviene de comportamientos que, en su día, ofrecían una ventaja a los humanos. En las sociedades de cazadores-recolectores pudo haber sido una necesidad evolutiva: cuando una jornada de trabajo normal consiste en perseguir a un animal cinco veces más grande que tú, es complicado pasarse de optimista. La vida moderna y la inversión, con todo, son muy diferentes, conque embriagarse de seguridad en uno mismo hoy en día puede menoscabar nuestra disciplina.

Desgraciadamente, muchas otras tendencias humanas contribuyen a agravar ese defecto, convirtiéndolo en un poderoso sesgo eventualmente difícil de evitar. Por ejemplo, de forma natural presumimos de nuestras aptitudes y éxitos. En inversión, la acumulación de orgullo se produce cuando los inversores atribuyen los buenos resultados a su propia competencia, ignorando posiblemente las verdaderas razones subyacentes –o incluso la mera suerte– que puedan haber influido. En sentido contrario, el rechazo al arrepentimiento provoca que los inversores culpen de sus fracasos a fuerzas externas, en lugar de reconocer sus errores y limitaciones personales.

El sesgo de confirmación es otra inclinación natural que puede alimentar el exceso de confianza y agravar las consecuencias de nuestras decisiones. Según este, solo atendemos a las evidencias que sirven para reafirmarnos en lo que creemos. Se aplica a muchos aspectos de la vida, de hecho, salvo que le guste discutir, seguramente pasará más tiempo con gente que piensa como usted que con aquellos que le contradicen a cada ocasión. Del mismo modo, la mayoría seguimos los medios de comunicación que en términos generales coinciden con nuestro ideario político. A la hora de invertir, si se limita a la información que valida sus prejuicios, básicamente estará llenando su cartera de ángulos muertos: los mercados son complejos y dinámicos, por lo que, si disminuye demasiado el campo de visión, aumentará la probabilidad de perderse algo importante que pueda afectar a sus inversiones.

Otro error común, el sesgo retrospectivo, también se relaciona estrechamente con la acumulación de orgullo y el rechazo al arrepentimiento. Hablamos del inevitable “¡lo sabía!", aun cuando no ha sido así. Tendemos a recordar los pensamientos más lúcidos sobre un acontecimiento concreto y olvidar las contradicciones que surgieron al mismo tiempo. Por ejemplo, antes de la crisis financiera mundial de 2008, ¿recuerda haber presagiado el batacazo? ¿Le interesaba el mercado inmobiliario de Estados Unidos y las hipotecas de alto riesgo? ¿Esperaba que esa incertidumbre repercutiera en los parqués? Asumamos que responde que sí a todas estas preguntas, ¿obró en consecuencia? Por más que sufrieran sus efectos, muchos inversores insisten en que entonces se veía venir la caída: el clásico sesgo retrospectivo. El hecho de recordar de manera inexacta opiniones pasadas como ésta puede llevarnos a sobreestimar nuestra capacidad futura.

Las consecuencias del exceso de confianza

El exceso de confianza, junto con el sesgo de confirmación, el sesgo retrospectivo y otros errores cognitivos, pueden llevar a tomar malas decisiones que, en última instancia, afecten significativamente a su futuro financiero. Los inversores que pecan de confiados pueden sobrestimar su capacidad para seleccionar activos, realizar grandes apuestas y asumir enormes riesgos. Veamos algunos ejemplos a continuación.

¿Ha adquirido alguna vez títulos de una empresa recién estrenada en bolsa que estaba de moda o un valor especialmente arriesgado porque recordaba que en otras ocasiones "lo sabía" antes de que se pusieran por las nubes? En ese momento, ¿se basó su elección en un análisis meticuloso, exhaustivo e imparcial? Piense que podría estar condicionado por un análisis a posteriori. Si, en base a este, emprende una inversión considerable y temeraria, podría estar tolerando más riesgo del que debería por culpa de los sesgos.

Contar con muy pocas acciones en cartera es otro planteamiento potencialmente dañino del que pueden ser víctimas los inversores más incautos, ya que seguramente sus apuestas sean más grandes y arriesgadas de lo necesario. Por mucha confianza que tenga en sí mismo, la renta variable siempre lleva aparejado un riesgo de pérdida, si bien puede reducirlo diversificando su cartera entre al menos varias docenas de acciones de diferentes sectores y países. Un craso error de esta naturaleza tiene lugar cuando la propia empresa en que trabaja el inversor ocupa una parte destacada de su cartera. Puede pensar que la suya es una gran empresa, pero prácticamente nadie, salvo los ejecutivos de mayor rango, conoce realmente su futuro, y a veces ni siquiera ellos son conscientes de que está a punto de destaparse un escándalo que precipitará el desplome de sus acciones. 

Considere el caso de los empleados de Enron en el año 2000: aquellos que invirtieron en acciones de la compañía en sus planes de pensiones, no solo perdieron el empleo cuando la empresa se hundió, sino también sus ahorros para la jubilación. Los trabajadores de Parmalat en Italia o de Swissair en Suiza se encontrarían en situaciones similares en caso de que acapararan grandes sumas del capital de su empresa antes de que este se depreciara.

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Cómo evitar el exceso de confianza

Dadas las diversas formas en que los inversores pueden caer en el exceso de confianza, podría antojarse casi imposible evitarlo, pero puede adoptar varias medidas para conservar la humildad y la prudencia al invertir.

Para empezar, deles la vuelta a sus inclinaciones naturales dejando el orgullo aparte y “acumulando” arrepentimiento. Admita que puede equivocarse en sus preferencias, incluso los inversores más prestigiosos lo hacen. De hecho, solo con acertar el 70% de las veces a largo plazo ya sería una leyenda de la inversión. Busque oportunidades para reconocer sus errores y responsabilizarse de ellos, analícelos con detenimiento, aprenda de la experiencia y recuerde: no todos los éxitos de sus inversiones pasadas pueden atribuirse a su propia habilidad, ya que frecuentemente la suerte desempeña su papel. A modo de comprobación, puede llevar un diario en que escribir sus reflexiones y observar la frecuencia con qué han coincidido con el comportamiento del mercado. Revíselo a menudo: ¿cuántas veces se han ajustado sus previsiones a las oscilaciones reales del mercado? Examine si sus decisiones revalorizaron su cartera o más bien la devaluaron. Incluso si le fue bien, ¿la rentabilidad fue superior a otras inversiones similares? Respondiendo a estas preguntas es más probable que evite errores similares en el futuro.

También puede recurrir a un asesor o consultor financiero de confianza que le ayude a ceñirse a los planes previstos para conseguir sus objetivos. Evitar los errores habituales en materia de inversiones puede ser difícil, especialmente si lo hace por su cuenta. Un experto puede darle una perspectiva neutral y aportarle su experiencia.

Finalmente, estudie los mercados tanto como sea posible, pero al recopilar la información tenga cuidado con no olvidar el efecto del sesgo de confirmación. Aplíquese en buscar múltiples fuentes de información, incluidas las que defiendan teorías o posturas opuestas a las suyas.

Pese a que nunca podrá librarse del todo de los sesgos, será más consciente de su existencia y sabrá minimizar su impacto en las decisiones de inversión. Los sesgos conductuales están presentes en muchos aspectos de la vida, pero los errores financieros pueden tener implicaciones de largo alcance. En realidad, pueden limitar sus opciones de jubilación o de que disfrute del cómodo retiro para el que ha estado trabajando. Por tanto, no se olvide de apartar sus ideas preconcebidas cuando empiece a invertir y siga evaluándolas a diario.

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