
Las relaciones diplomáticas entre la gran potencia asiática y España comenzaron en 1973. Sin embargo, fue a partir del fallecimiento de sus dictadores, Francisco Franco y Mao Zedong, en la década de los setenta cuando las interacciones bilaterales comenzaron a ganar una mayor importancia. La transición democrática en España y el desarrollo económico de China supusieron un mayor aperturismo para ambos países. Desde entonces, han mantenido unas relaciones que se han ido fortaleciendo con el tiempo. Por una parte, la continuación de la cooperación española tras la masacre de Tiananmén en 1989 reforzó la percepción de España como un socio estable para China. De manera similar, el apoyo financiero del gigante asiático a la península durante la crisis financiera del 2008 consolidó la relación bilateral.
A pesar del apoyo diplomático que pueden mostrar ambos Estados en ocasiones, el verdadero foco de sus relaciones se centra en el sector económico. China lleva años siendo uno de los principales proveedores de España, en 2022 sus importaciones alcanzaron un valor de 50.000 millones de euros, convirtiéndose en el principal importador, junto con Alemania. Actualmente, se sitúa por detrás del volumen comercial alemán pero los intercambios entre ambos países mantienen una tendencia ascendente, pausada en ocasiones por el contexto internacional pero resistente.
Representando el 10% de sus exportaciones totales, los principales productos chinos enviados a España son coches, semiconductores y baterías eléctricas. También tienen gran peso el comercio de móviles, ordenadores y productos clave para la transición energética. De hecho, el 90% de los paneles solares instalados en parques fotovoltaicos españoles proceden de China y la marca de coches BYD ya ha superado en ventas a la estadounidense Tesla en el territorio español. Estos datos muestran el desarrollo de la industria tecnológica china y como el futuro de la Península Ibérica como hub de la transición energética dependerá de la gestión de las relaciones comerciales con China.

En sentido inverso, España exporta a territorio chino principalmente medicamentos, carne de cerdo, casquería y cobre, este último esencial para la producción de baterías de litio, un mercado liderado por la gran potencia asiática. Este intercambio de bienes y servicios permite a las empresas españolas ofrecer sus productos en unos de los mercados más grandes del mundo, aumentando su alcance y sus beneficios.
Aún así, la balanza comercial es ampliamente favorable para China, país que se convirtió en 2023 en el socio de España con el margen comercial más elevado. Y es que, a pesar de que las exportaciones españolas hacia territorio chino también están en aumento, superando un valor de siete mil millones de euros en 2024, este volumen dista mucho de los más de 45 mil millones de euros que alcanzan las exportaciones chinas hacia España.

Además, estas exportaciones no se limitan a los bienes, las inversiones de empresas chinas en territorio español alcanzaron los 131 millones de euros en 2023, alrededor de 650.000 turistas procedentes de China visitaron España en 2024 y unos 223.000 ciudadanos con nacionalidad china viven en territorio español. Todas estas interconexiones tejen una relación de apoyo económico entre ambos países.
A pesar de que la balanza comercial tan asimétrica que caracteriza estas relaciones comerciales, si China mantiene estos lazos es porque España le ofrece otras herramientas geopolíticas de gran importancia. El gobierno de China ve a la administración española como su aliado dentro de la Unión Europea o, al menos, como un mediador entre ambas partes. La importancia de las relaciones chino-españolas ha llevado a las delegaciones de España a liderar un giro del comercio europeo hacia el mercado chino. Esta posición contrasta mucho con la de otros socios europeos como Alemania, Países Bajos o Italia que no ven con buenos ojos el acercamiento de España a la gran potencia asiática.
Además de su posicionamiento en Europa, los vínculos históricos de España con América Latina y su situación geográfica cercana a África, hacen de España un aliado estratégico para China, permitiéndole acceder a mercados en los que tradicionalmente no ha tenido demasiado protagonismo. De esta forma, España no es únicamente un destino de exportaciones más para China sino que es un puente a través del cual llegar a nuevos mercados y crear nuevas alianzas.
Las relaciones entre España y China se mantienen desde hace décadas. Sin embargo, ahora, con la guerra comercial de Trump y la inestabilidad de sus políticas, Estados Unidos está obligando a sus tradicionales aliados a diversificar sus estrategias comerciales. En esto giro, España ha intensificado su acercamiento hacia China. Muestra de ello no son solo los acuerdos comerciales, viajes institucionales como el realizado por los reyes en noviembre de 2025 o los tres viajes de Estado del presidente del gobierno, Pedro Sánchez, demuestran el acercamiento entre ambos países. Xi Jinping, por su parte, ha viajado hasta en tres ocasiones a las islas Canarias, donde se ubican importantes inversiones chinas. Además, la Nueva Ruta de la Seda, que pretende conectar Asia con Europa, tendrá España como punto final.
Con todo, China y España mantienen lazos que fortalecen sus relaciones a pesar de la distancia ideológica entre ambos países. El reto para Madrid consiste en lograr un equilibrio entre los beneficios obtenidos del creciente comercio con China y las críticas de sus socios europeos, todo ello en un entorno internacional complejo.

