En primer lugar, en Estados Unidos, mirando más allá del precio del petróleo, la evolución de los salarios y las tendencias en el mercado laboral (se crearon más de tres millones de puestos de trabajo en 2014) jugarán un papel fundamental en el poder adquisitivo de los hogares en 2015 y en el crecimiento futuro. También determinarán la forma de la futura política monetaria de la Fed.


Hasta ahora los salarios han subido solo muy tímidamente (cerca de un 2% en el último año), pero el ritmo se ha acelerado desde el tercer trimestre. Esto se hará evidente en los datos oficiales en un futuro cercano, pero ya está empezando a repercutir positivamente en los bolsillos de los consumidores justo en el momento en el que los menores precios del petróleo están empezando a reducir sus facturas energéticas.

El mercado residencial, que sorprendentemente se contrajo en 2014 en Estados Unidos, tiene potencial para repuntar este año. Los precios de las viviendas siguen siendo atractivos, los tipos de interés son muy bajos, los bancos cada vez están más dispuestos a conceder préstamos y el mercado laboral ha mejorado.

La principal preocupación radica en la inversión corporativa. Actualmente es sólida, pero sin lugar a dudas se verá afectada por el colapso en el precio del petróleo. No obstante, aunque el sector energético recortará sus inversiones, los bajos precios del petróleo permitirán una mejora de los márgenes de muchas otras compañías que se verán de esta forma impulsadas a realizar mayores inversiones.

En cuanto a Europa, hasta cierto punto ha vuelto la confianza aunque aún no ha generado resultados sólidos y rápidos. Con todo, las perspectivas para 2015 son más alentadoras. Europa debería empezar a beneficiarse muy pronto del efecto en cadena de la recuperación en Estados Unidos, sobre todo, porque ya se está aprovechando la apreciación del dólar y los bajos precios de la energía. La reintroducción del salario mínimo en Alemania beneficiará a siete millones de personas al mismo tiempo que tendrá un impacto positivo sobre el consumo. Y aunque la recuperación llevará tiempo, los bancos europeos están mejor posicionados ahora para reanudar la concesión de préstamos después de apresurarse para limpiar sus balances con vistas a la unión bancaria. Por ejemplo, es significativo que los bancos en los países periféricos finalmente estén empezando a trasladar las fuertes caídas en los tipos de interés a los préstamos a PYMES. Al evitar una posible crisis de crédito, la economía europea ha podido finalmente acabar con la barrera que frenaba el crecimiento. Y la política fiscal será, en términos generales, neutral, e incluso puede que positiva, para el crecimiento.

Sin embargo, aún siguen vigentes algunas fuentes de preocupación. La recesión en Rusiarepercutirá en todo los países del Este de Europa en 2015, así como en Alemania. Por sí solos, los datos sugieren que deberíamos poner en perspectiva el impacto potencial de los problemas de Rusia, pero seguimos siendo cautos ante una posible reacción en cadena.

Al mismo tiempo, hemos asistido a un resurgimiento de los riesgos políticos. En España, las elecciones municipales que tendrán lugar en primavera servirán de termómetro para calibrar antes de las elecciones generales el apoyo a Podemos, el partido anti-austeridad que actualmente está obteniendo buenos resultados en los sondeos de opinión.

Por último, hemos de prestar atención a Japón. La economía japonesa entró en recesión en el segundo y tercer trimestre de 2014 como resultado del último aumento en los impuestos al consumo puesto en práctica en abril. Sin embargo, el gasto en consumo y la inversión deberían repuntar de nuevo después de que se haya pospuesto la segunda subida del IVA que estaba prevista para 2015 y debido a la caída de los costes energéticos. Es cierto que las reformas estructurales no han significado un gran avance, pero el mercado laboral es dinámico y la victoria del primer ministro Abe en las elecciones de diciembre le permitirá cumplir con sus compromisos.