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El director general de Divacons AlphaValue, Pablo García, recomienda prudencia ante la incertidumbre geopolítica y financiera, apuesta por reforzar las inversiones en valores defensivos con bajo endeudamiento y destaca las oportunidades selectivas en tecnología, banca y energía.
Los mercados financieros atraviesan un periodo de creciente incertidumbre, marcado por la crisis de deuda francesa, las tensiones geopolíticas y el encarecimiento del petróleo. En este contexto, considera imprescindible extremar la prudencia y adaptar las carteras hacia posiciones más defensivas, sin renunciar a las oportunidades que siguen ofreciendo determinados sectores.
Pablo García advirte de la delicada situación económica de Francia, con una deuda pública equivalente al 111,3% del PIB y un déficit del 5,3%. El incremento de las rentabilidades de sus bonos soberanos amenaza con trasladar las tensiones al conjunto del mercado europeo de deuda, especialmente a las entidades financieras.
Pese a este escenario, los resultados empresariales continúan sosteniendo las bolsas. Según los datos citados por el analista, las expectativas de crecimiento de beneficios siguen siendo favorables tanto en Estados Unidos como en Europa, aunque los inversores comienzan a recoger ganancias después de las importantes revalorizaciones acumuladas.
Dónde encuentra las oportunidades de inversión
García sitúa las principales oportunidades en compañías defensivas, pero insiste en que resulta fundamental analizar sus niveles de endeudamiento. En un entorno de financiación más cara, advierte de que no todos los valores tradicionalmente considerados refugio ofrecen la misma seguridad.
Entre los ejemplos de rotación hacia sectores defensivos menciona Nestlé y Pernod Ricard, compañías que habían sufrido fuertes correcciones. También destaca el comportamiento de Carrefour, uno de los valores en los que su firma ha incrementado posiciones.
Por el contrario, aconseja cautela con las telecomunicaciones, pese a sus atractivas rentabilidades por dividendo, debido al elevado endeudamiento de algunas empresas y a las dificultades adicionales de financiación.
En tecnología, su mensaje es especialmente significativo: la inteligencia artificial continúa siendo una de las grandes tendencias estructurales de inversión, pero exige una selección mucho más rigurosa. Compara la magnitud del capital movilizado por esta revolución tecnológica con las grandes inversiones históricas en ferrocarriles, aunque advierte de los riesgos financieros que presentan determinadas compañías vinculadas a infraestructuras de inteligencia artificial y centros de datos.
Cita específicamente las dificultades de CoreWeave como ejemplo de que el crecimiento del sector no garantiza la solidez financiera de todos sus protagonistas.
En banca mantiene una visión selectiva, con referencias favorables a Banco Santander y JPMorgan, mientras recomienda especial precaución con las entidades francesas por su exposición a la deuda soberana nacional.
En energía, destaca el buen comportamiento de las inversiones en Equinor y Shell, favorecidas por la fortaleza del petróleo. Asimismo, señala oportunidades en empresas tecnológicas castigadas previamente por el entusiasmo inversor hacia la inteligencia artificial, como Wolters Kluwer.
García subraya que la estrategia aplicada ha permitido a la cartera europea Momentum de Divacons AlphaValue alcanzar una rentabilidad acumulada del 21,5% en el año, muy superior a la evolución de los principales mercados europeos mencionados.
Finalmente, advierte de que las relaciones entre Estados Unidos y China, las tensiones comerciales y la incertidumbre en Oriente Medio seguirán condicionando los mercados. Su conclusión combina prudencia y búsqueda de oportunidades: mantener exposición a los sectores con mayor potencial, pero priorizando compañías financieramente sólidas, negocios resistentes y valoraciones atractivas.

