La cuestión en este momento ya no es que los mercados puedan corregir. Esto siempre es factible desde el momento que los inversores compran sobre expectativas. La combinación de una elevada incertidumbre y una fuerte subida ya acumulada de los precios lleva más tarde o más temprano a una corrección.

Como la que hemos visto en los precios de los activos de riesgo en enero. Aunque, por otro lado, el comportamiento de los mercados en enero es siempre una buena referencia para el resto del año. Y más que la caída en sí, lo verdaderamente inquietante ha sido la elevada inestabilidad por los diferentes activos financieros.

¿Eso es lo que tenemos por delante para el resto del año? ¿inestabilidad y mercados a la baja?. Creo que este año marcará la excepción que confirma la Regla. Me refiero naturalmente a que hablamos de corrección temporal más que de un cambio de tendencia. Pero, también creo que la inestabilidad actual en mayor o menor medida viene para quedarse. No se trata de hacer hipótesis sobre la situación de los mercados emergentes. Tampoco de discutir sobre la mayor o menor solidez de la recuperación económica mundial. Es simplemente la conclusión a la que llegas cuando observas la relativa complacencia con que la Fed ha valorado la inestabilidad. No se trata de fomentar la volatilidad, pero muchos miembros de la autoridad monetaria norteamericana sí parecen considerarla como un mal menor a corto plazo que pueda evitar que en un futuro tengamos que hablar de burbujas de activos.

Al final, los inversores deben siempre considerar el riesgo que asumen en sus posiciones. Y esto pasa por valorar los activos y el escenario. Por el contrario, el momentum bajo una garantía implícita “oficial” ha guidado buena parte de sus decisiones en los últimos meses. La liquidez, el dinero barato, se ha convertido en una referencia fundamental a la hora de tomar posiciones. Algo de esto ha cambiado en los últimos días.