Tenemos a las bolsas europeas nuevamente cayendo este martes ante la falta de acuerdo entre Estados Unidos e Irán. Es cierto que los mercados tampoco se alejan demasiado de máximos, especialmente el mercado americano. Pero, ¿qué señales podrían advertirnos de que la situación puede empeorar?
Hoy titulábamos nuestro diario de mercados diciendo que “el optimismo de Estados Unidos choca contra la realidad de Europa”. En cierto modo, el movimiento era esperable. Que Estados Unidos lo haga mejor que Europa se entiende viendo el crecimiento extraordinario de beneficios empresariales: un 28,6% en el primer trimestre, cuando prácticamente ya hemos terminado la temporada de resultados.
Europa tampoco está mal, con un crecimiento del 10,2%, aunque las ventas prácticamente permanecen planas. Además, Estados Unidos está menos afectado por la subida del precio del crudo. Aun así, estamos viendo una de las mejores temporadas de resultados de las últimas dos décadas, incluso en un contexto marcado por el estancamiento de las negociaciones de paz en Oriente Medio.
Lo sorprendente no es tanto la dirección del movimiento, sino su contundencia. Además, todo se está concentrando en tecnología. En Europa, gran parte del crecimiento de beneficios se concentra prácticamente en el sector energético. Muchos sectores del Stoxx 600 siguen viendo caer sus beneficios, aunque el dato agregado refleje una subida superior al 10%.
A esto se suma una inflación que sigue presionando. Alemania ha mantenido el dato preliminar de abril en el 2,9%, algo esperado, pero si Estados Unidos se va al 3,7% podríamos tener un problema serio y la Reserva Federal tendría que actuar.
Siempre se habla de la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos frescos por ser más volátiles. Pero la realidad es que todos echamos gasolina y compramos comida. Si esos precios suben, el consumidor acaba recortando gasto en otras áreas. Y el petróleo sigue rondando los 105 dólares por barril.
Por eso, la situación para Alemania, que debería ser la locomotora europea, es complicada. Y eso termina afectando también a países como Francia y España.
Comentabas que la temporada de resultados está llegando a su fin y que estamos ante una de las mejores en décadas. A partir de ahora, ¿qué incentivos le quedan al mercado para seguir subiendo? Porque seguimos pendientes del impacto económico de la guerra, pero ¿qué factores positivos pueden sostener a la bolsa?
Las previsiones de beneficios en Estados Unidos para los próximos trimestres siguen siendo muy positivas, con crecimientos de doble dígito. El problema es la enorme concentración, tanto sectorial como empresarial.
En Estados Unidos hablamos de siete compañías que concentran cerca del 80% del crecimiento, y en Europa seis compañías aglutinan el 90% de la mejora de beneficios. Esto significa que los mercados están “cogidos con pinzas”: cualquier tropiezo de una de esas grandes compañías podría provocar correcciones importantes.
Un ejemplo muy claro lo hemos visto esta mañana en Corea del Sur. El KOSPI estaba siendo uno de los índices más fuertes del año, junto al Nikkei, con subidas cercanas al 25%. Sin embargo, unas declaraciones desde el Gobierno proponiendo imponer un impuesto adicional a las empresas por sus elevados beneficios provocaron un giro brutal del mercado. El índice pasó de subir un 3% a caer cerca de otro 3%.
Esto demuestra que el mercado está extremadamente sensible y que cualquier detonante puede provocar recogidas de beneficios. También habrá dudas sobre si las enormes inversiones en inteligencia artificial en Estados Unidos terminarán generando la rentabilidad esperada y en qué plazos. Esa podría ser la próxima excusa para una corrección, aunque probablemente saludable.
Aun así, los fundamentales en Estados Unidos siguen siendo muy sólidos, especialmente por la fortaleza del crecimiento de beneficios empresariales.
En este contexto, ¿dónde estáis mirando a nivel de compañías en Divacons AlphaValue?
Es una buena pregunta porque, como ya comentamos en Estrategias de Inversión, una semana antes del conflicto bélico vimos señales claras de tensión cuando el mayor portaaviones estadounidense se desplazó al Golfo Pérsico. Ahí incrementamos de forma importante nuestra exposición al sector energético.
Invertimos no solo en compañías como Valero o Phillips 66, por el impacto del refino y Venezuela, sino también en grandes petroleras como BP, Shell o incluso Repsol. Eso nos permitió generar un alfa del 10%, algo extraordinario.
Al mismo tiempo, estábamos cortos en sectores de consumo, automóviles, medios de comunicación —muy afectados por la disrupción de la inteligencia artificial—, además de aerolíneas y turismo. Esa estrategia funcionó muy bien.
Posteriormente, cuando comenzó la volatilidad diaria del petróleo, impulsada muchas veces por declaraciones o tuits de Donald Trump, preferimos adoptar una estrategia más indexada. Es decir, mantener una exposición del 65% a Estados Unidos mediante ETFs del Nasdaq y del S&P 500, además de índices asiáticos como el KOSPI o el Nikkei, y también el Stoxx 600 europeo.
En vez de hacer un stock picking agresivo, decidimos acompañar al mercado. Eso no genera tanto alfa, pero sí permite mantener un rendimiento muy sólido. De hecho, uno de nuestros fondos europeos sube un 14% neto de comisiones, incluso en un contexto donde índices como el CAC o el DAX están en negativo.
Seguimos manteniendo parte de ese alfa generado durante la crisis energética, pero ahora preferimos estar más indexados porque el escenario cambia prácticamente cada día. Ante tanta volatilidad, creemos que tiene más sentido acompañar al mercado con ETFs globales que asumir riesgos excesivos con selección agresiva de valores.

