Más allá del efecto a corto plazo que la restricción del suministro de crudo iraní tiene sobre España, la decisión debería ser un toque de atención sobre la que, muy posiblemente, será la causa de la siguiente recesión: una crisis energética.

España no solamente es uno de los países mas pendientes del exterior en términos energéticos sino que avanza muy lentamente en resolver dicha dependencia: el peso de los hidrocarburos importados sobre el total del consumo primario de energía es todavía superior al 70% y la
mejora de la eficiencia en el consumo de energía no avanza a un ritmo suficiente. Las renovables solamente  representan un 10% del consumo primario y no se espera que alcancen el 20% hasta al menos 2020.

Solamente el crudo, por efecto de la subida de la factura energética, restó al PIB español un 0,9% en 2010 y un 0,3% en 2011. En un escenario previsiblemente alcista a largo plazo del crudo, independientemente de capítulos de tensión geopolítica que tensiones todavía mas los precios en episodios concretos como el actual, la factura energética seguirá restando al PIB español una media de al menos un 0,3% anual.

Si bien la prioridad actual parece la austeridad y el equilibrio de las cuentas públicas, resulta fundamental y  estratégico para el crecimiento y fortalecimiento de la economía española reducir la dependencia energética del exterior. Es una cuestión de estado de la máxima urgencia reducir la vulnerabilidad de la economía española
ante una eventual crisis energética. ¿Un primer paso? Lamentablemente vía precios, mediante la subida del  impuesto especial sobre los hidrocarburos.