
Por eso decidí dar un paso más en mi formación y cursar el Máster en Fintech & Business Intelligence en EDEM, buscando no solo reforzar la base financiera, sino también incorporar una visión más analítica y orientada al dato.
Gracias a esa formación, mucho más conectada con la realidad actual del negocio, tuve la oportunidad de empezar a trabajar en el Roig Arena dentro del departamento financiero. Y fue precisamente ahí donde entendí algo que no siempre se ve desde fuera: que las finanzas en una empresa no son solo contabilidad y operativa diaria. Son, sobre todo, una herramienta para tomar decisiones en cada área de la empresa.
Durante estos meses frenéticos que he vivido en el Roig Arena, he ido entendiendo que cerrar números no es el objetivo final, sino el punto de partida. Lo verdaderamente interesante empieza justo después.
En el día a día, el cierre contable sigue marcando el ritmo. Es necesario, exigente y requiere precisión. Pero en cuanto el cierre está hecho, la pregunta ya no es “¿está todo correcto?”, sino “¿qué nos están diciendo estos datos?”.
Ahí es donde empiezas a aportar valor de verdad.
He visto que muchas veces el valor no está en hacer un análisis extremadamente complejo, sino en ser capaz de explicar algo de forma sencilla y útil para quien tiene que tomar la decisión. Sin muchos datos y con conclusiones fundamentadas.
Una forma distinta de entender las finanzas
Trabajar en un entorno como el Roig Arena, muy alineado con la cultura del esfuerzo y mejora continua, te empuja a dar ese paso. A no quedarte en la tarea, sino a entender el impacto de lo que haces.
Poco a poco, dejas de ver la contabilidad como un fin y empiezas a verla como una base sobre la que construir análisis.
En el trabajo he entendido algo clave: el departamento financiero no es una suma de tareas individuales, sino un equipo que funciona como una cadena. En nuestro caso, hay mucha confianza y eso hace que todo fluya, pero también implica una gran responsabilidad.
Si falla el principio del proceso, la operativa del día a día, el registro correcto de facturas, la calidad del dato, todo lo que viene después se ve afectado. Es como una cadena de fichas de dominó: si cae la primera, acaban cayendo todas. Por eso, somos especialmente exigentes desde el inicio. La base tiene que ser sólida para que el cierre mensual sea lo más fiable posible. Esta fiabilidad es imprescindible para que cada departamento confíe en nuestro equipo.
A partir de ahí, el trabajo continúa. Una vez tenemos un cierre consistente, entramos en la parte analítica: revisamos los datos, construimos la presentación y, sobre todo, empezamos a hacernos preguntas. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué? ¿Es algo puntual o estructural?
Es en ese momento donde realmente se genera valor: cuando las conclusiones no son opiniones, sino que están fundamentadas en datos. Y cuando el análisis no se queda en describir, sino que ayuda a decidir.
De cerrar el mes a entender el negocio
El negocio en el que estamos, especialmente en un proyecto como el Roig Arena en sus primeras fases, es dinámico y muy exigente. Aquí las decisiones no pueden esperar a final de mes: hay que tomarlas prácticamente en tiempo real, con la mejor información disponible en cada momento.
Por eso, hemos incorporado una forma de trabajo muy orientada a evento. Antes de cada evento, ya sea deportivo, musical o de entretenimiento, elaboramos una estimación de la rentabilidad esperada. Durante el propio evento, vamos monitorizando indicadores clave, especialmente la facturación en áreas como restauración, lo que nos permite tener una lectura casi en directo de cómo está funcionando.
Y lo más importante llega después. Una vez finaliza el evento, analizamos los datos reales, los comparamos con la estimación inicial y tratamos de entender el porqué de las desviaciones, tanto si son positivas como negativas. Este aprendizaje continuo es clave para afinar cada vez más las previsiones.
En paralelo, estamos trabajando junto al equipo de tecnología en el desarrollo de herramientas que nos permitan acceder a los datos en cualquier momento, con mayor agilidad y profundidad. En este punto, me está ayudando mucho todo lo aprendido en el Máster Fintech & BI de EDEM, especialmente en herramientas como Power BI y en el análisis de datos, que facilitan convertir información en decisiones útiles casi en tiempo real. Porque en este contexto, tener el dato no es suficiente: lo diferencial es tenerlo a tiempo.
En definitiva, el financiero que marca la diferencia no es el que mejor cierra, sino el que mejor interpreta, anticipa y convierte los datos en decisiones que realmente impulsan el negocio.

