Semana clave en los mercados, y no solo por el devenir de la guerra en Irán, sino por la actuación de los Bancos Centrales, a los que este semana les toca hablar en materia de tipos. Y, en este apartado, las expectativas del mercado han cambiado rápidamente. Los inversores ya no dan por seguro un recorte de tipos por parte de la Reserva Federal este año y, ante el repunte de los precios energéticos, incluso empieza a contemplarse la posibilidad de que los tipos se mantengan altos durante más tiempo o vuelvan a subir. Aunque esta semana no se esperan cambios en los tipos de interés, la atención se centrará en el mensaje de los bancos centrales. Tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo podrían adoptar un tono de cautela ante los riesgos inflacionistas, mientras el mercado ya descuenta posibles subidas de tipos en los próximos doce meses. En este contexto, la clave de la semana estará en el mensaje de los responsables y en las señales sobre si el actual shock energético podría retrasar futuras bajadas de tipos.
Carteras en un entorno de mayor incertidumbre
Y, con la reunión de los bancos centrales como tejón de fondo, y la guerra de Irán y el shock energético en un primer plano, la recomendación para los inversores es evitar cambios bruscos en las cartera. El mercado ha pasado de descontar un crecimiento relativamente benigno a temer un escenario más cercano a un episodio de estanflación. Sin embargo, vender de forma indiscriminada suele considerarse un error. La estrategia más prudente pasa por reducir exposición en los sectores más sensibles a un petróleo elevado, a tipos de interés menos favorables o a un deterioro del consumo. Parte de la cartera podría desplazarse hacia negocios con mayor visibilidad, activos reales y capacidad para trasladar los costes.
El mensaje general no es abandonar la bolsa, sino ser más selectivo. En este entorno, se podrían reducir posiciones en sectores cíclicos y muy expuestos al consumidor —como turismo, aerolíneas, ocio o determinados valores industriales dependientes de energía barata— y aumentar el peso en defensa, energía integrada, minería de oro e infraestructuras eléctricas.
A corto plazo, los sectores que más se benefician del contexto actual serían energía y defensa. En el caso de la energía, el mercado está incorporando una prima de riesgo significativa en el petróleo y el gas ante los ataques a infraestructuras y rutas de transporte en zonas estratégicas. En defensa, el aumento del gasto militar en Europa y el contexto geopolítico refuerzan las perspectivas del sector.
A medio plazo destacan dos grandes áreas. La primera es la infraestructura eléctrica y las redes, impulsadas por la electrificación, la seguridad energética, la reindustrialización y el crecimiento de los centros de datos. Todo ello está aumentando la necesidad de inversión en generación, transmisión y mantenimiento de redes. El segundo bloque es la ciberseguridad y la defensa tecnológica. Las amenazas geopolíticas ya no son solo militares, sino también digitales, lo que está empezando a reflejarse en los planes de inversión de gobiernos y empresas. Un ejemplo de esta tendencia es el giro estratégico de la compañía italiana Leonardo, que está incrementando sus inversiones en computación, inteligencia artificial y ciberseguridad.
A largo plazo, hay tres grandes apuestas sectoriales: defensa europea, infraestructuras energéticas y de red, y materias primas críticas junto al oro. En este último caso, el metal precioso se considera una cobertura frente a riesgos geopolíticos, mientras que determinados metales estratégicos están ligados a la electrificación y a la soberanía industrial. Por el contrario, la prudencia se mantiene en sectores muy sensibles al encarecimiento del combustible o al deterioro de la confianza del consumidor.
Dentro del sector defensa, una de las compañías que despierta mayor interés es Leonardo. La empresa combina defensa tradicional con electrónica, ciberseguridad e inteligencia artificial y ha presentado un plan estratégico hasta 2030 que contempla pedidos acumulados de 142.000 millones de euros. El plan prevé un crecimiento anual medio del 9% en ingresos entre 2026 y 2030 y la duplicación del beneficio operativo al final del periodo. El mercado ha recibido el plan con optimismo y la acción se mueve cerca de máximos, lo que hace más complejo encontrar un punto de entrada, aunque algunos analistas siguen viendo potencial a medio y largo plazo.
En energía, las grandes petroleras integradas continúan siendo consideradas opciones sólidas frente a apuestas más especulativas. Compañías como Shell o TotalEnergies ofrecen exposición al petróleo y al gas, pero también al refino, el trading y el gas natural licuado, negocios que ganan relevancia en un entorno de disrupciones energéticas. En este grupo también se menciona a Repsol.
En el ámbito de infraestructuras eléctricas destacan compañías como RWE o Quanta Services, que se benefician del aumento de inversión en redes eléctricas. En el mercado español, Iberdrola también aparece como una de las empresas mejor posicionadas en este ámbito.
El papel de Indra
El debate sobre el gasto militar también ha vuelto a cobrar protagonismo. Diversos análisis apuntan a que España podría elevar su gasto en defensa hasta el 2,1% del PIB en 2026, frente al 1,4% registrado en 2024, en línea con los compromisos adquiridos con la OTAN. Esto implicaría un aumento del gasto total desde unos 22.700 millones de euros en 2024 hasta aproximadamente 35.500 millones en 2026. Los contratos se destinarían a la adquisición de vehículos militares terrestres, modernización de fragatas, compra de aviones y helicópteros, así como a capacidades de ciberdefensa, encriptación y comunicaciones tácticas.
En este contexto, Indra se ha adjudicado la coordinación de 17 programas y participará además como contratista en otros diez. Algunos analistas han destacado el potencial de la compañía, que recientemente ha mejorado sus previsiones para 2026, con aumentos estimados del 17% tanto en ventas como en resultado operativo. La empresa celebrará próximamente un Capital Markets Day en el que actualizará su plan de negocio, un evento que el mercado seguirá con atención.
Sin embargo, una de las principales dudas sobre Indra sigue siendo su capacidad industrial para producir a gran escala. Recientemente se ha conocido que la compañía y SEAT están ultimando un memorando de entendimiento para fabricar hasta 5.000 vehículos militares ligeros destinados al Ejército de Tierra. El acuerdo podría ayudar a reforzar la base industrial de la compañía, uno de los aspectos que el mercado considera clave para consolidar su papel en el sector. Mientras Indra cuenta con una fuerte posición tecnológica y un elevado volumen de contratos públicos, aún debe demostrar que puede escalar su capacidad de producción manteniendo costes y plazos de entrega. En ese sentido, un socio industrial como SEAT aportaría experiencia en procesos productivos, capacidad instalada y cultura de fabricación. El posible acuerdo tendría así un valor estratégico: no solo ampliaría la producción, sino que también podría reducir una de las principales incertidumbres del mercado sobre la capacidad de ejecución industrial de la empresa. Aun así, los analistas señalan que será necesario comprobar si el memorando se traduce finalmente en contratos firmes y capacidad real de entrega.

