- El MARF ha ido ganando protagonismo en los últimos meses como vía de financiación alternativa a la bancaria. ¿Cuántas empresas han emitido en él?

El MARF ha tenido un crecimiento muy interesante en los últimos tiempos. Este año, por ejemplo llevamos un total emitido de 7.000 millones de euros, que ya es una cifra mayor que el total que se emitió entre enero y diciembre del año pasado, que fueron 6.358 millones. Esto ha hecho que el saldo vivo, el total de financiación que está aportando el mercado a las empresas, se dispare y haya crecido de 3.300 millones a 4.800 a fecha de septiembre. En estos cinco años que llevamos de funcionamiento, hemos visto 71 compañías que han emitido en el MARF, compañías de todo tipo. De esas 71 compañías, 50 han repetido, lo que es una muy buena noticia, que muestra muy claramente la capacidad que tiene el mercado de aportar financiación a las empresas.

Nosotros, dentro de BME, seguimos muy de cerca cómo es el comportamiento de los mecanismo de financiación que utilizan las empresas y nuestro departamento de estudios hace un informa anual en el que analiza cuáles son los porcentajes de financiación empresarial que viene desde los mercados respecto del que viene de las fuentes tradicionales, fundamentalmente bancaria, en las empresas no financieras del Ibex 35. En los últimos ocho años, desde 2010, cuando se empezó a seguir estas magnitudes, el volumen ha crecido en porcentaje de financiación empresarial respecto a la financiación bancaria. En 2010 eran 47.000 millones superior la financiación bancaria a la financiación vía mercados. Sin embargo, a cierre del año pasado esta cifra era 20.000 millones superior en el caso de los mercados respecto a las fuentes tradiciones de financiación.

Esta corriente que nosotros creemos que es estructural, de diversificación de las fuentes de financiación en las empresas, se está trasladando también desde la grandes compañías a las compañías medianas a través del MARF.

- ¿Existe un perfil concreto de empresa emisora del MARF?

Regulatoriamente no existe ninguna limitación. El mercado está pensado de manera flexible y con unos requerimientos adaptados a la realidad de las empresas tamaño mediano. La práctica, nos muestra que esto es así. Al final lo que hemos visto es que estas 71 compañías tienen perfiles muy distintos. Si vemos por ejemplo la forma jurídica de las compañías, hemos tenido emisiones de sociedades anónimas, que son tradicionales. Ya se venían haciendo en el mercado. Pero también hemos visto compañías, sociedades limitadas que han empezado a emitir por primera vez en los mercados. Esto no era posible hasta la reforma de la ley de sociedades de capital y la puesta en marcha del MARF. También hemos visto cooperativas que han accedido por primera vez en los mercados.

Aparte, por ejemplo todos los fondos de titulización, que son emisores habituales en los mercados de capitales. Si vemos los sectores económicos a los cuales pertenecen estas compañías, ha sido muy variado en estos cinco años y representativo de la realidad económica de España. Hemos tenido compañías pertenecientes al sector de las energías, renovables, hoteleras, compañías de ingenierías, de industria pesada, dedicadas al consumo. Por supuesto, también compañías vinculadas al sector inmobiliario. Prácticamente todos los sectores económicos del país están representados en el MARF.

En cuanto al tamaño, que es otra de las cuestiones que muchas veces se pregunta, aquí también ha sido muy amplio el rango. Hemos visto a las compañías más pequeñas que tenemos, medida por la facturación, en torno a los 10 millones de euros. Y también hemos visto muchas compañías que facturan cientos de millones e incluso miles de millones.

Por último, hay compañías que son cotizadas en la bolsa. Que ya eran públicas y que han entrado en el mercado de la renta fija también, o compañías que son 100% privadas, que pertenecen a grupos familiares que acceden por primera vez al mercado.

- ¿Qué ventajas ofrece el MARF respecto a otras fórmulas de financiación?

De nuestras conversaciones con todas estas compañías, en la preparación de las operaciones, creo que casi todas, en primer lugar destacan que es una nueva alternativa para la financiación. Abre un nuevo acceso a una nueva financiación, al margen de las fuentes tradicionales. E incluso, en algunos casos con la entrada de inversores internacionales a parte de españoles. Se abren las compañías a un nuevo grupo de potenciales inversores.

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En cuanto también si vemos un poco los requisitos que exige el mercado para la emisión y la incorporación en el MARF son flexibles y adaptados al tamaño de las compañías medianas, y por tanto, muchas veces estas compañías que pueden ser privadas, pueden ser compañías que no han estado en los mercados hasta su salida al MARF ven su acceso al mercado como una primera toma de contacto. Como un primer aterrizaje suave, para empezar a hablar con terceros, con inversores y empezar a tomar la temperatura de los mercados de capitales a hacer potenciales operaciones a futuro.

La estructura financiera de los productos que se emiten son productos que no tienen pagos intermedios. A diferencia de los préstamos tradiciones. Suelen ser por amortizaciones al vencimiento en su totalidad y, por tanto, no exigen disponer de cash flow  intermedios durante la vida del producto y liberan ese cash flow que se puede dedicar a inversiones. Esto es algo que las compañías valoran muy positivamente. Son emisiones a tipo fijo, por lo tanto, se sabe de antemano cuál es el tipo de interés de la financiación que se va a tener durante todo el plazo de la emisión.

Por último, creo que los mercados de capitales en general se identifican con valores con vencimientos a mayor plazo. Con mayor vencimiento. En este sentido, hemos visto emisiones corporativas con plazos máximos de hasta 12 años y en emisiones de bonos de proyectos, ligados a proyectos específicos de infraestructuras, se ha llegado hasta los 30 años. Esto o quita que el mercado ofrezca toda la variedad de vencimientos. Tenemos desde productos a muy corto plazo, pagarés de empresas, con plazos mínimos de tres días hasta dos años, o bonos con vencimiento a cinco, siete o más plazo.

- Hemos visto que algunos de los emisores son empresas portuguesas. ¿Esperan nuevas operaciones en este país?

Hemos tenido cuatro compañías portuguesas que han traído a cotizar sus emisiones al MARF. Son Grupo Sugal, José de Mello Saude, Mota Engil y Efacec. Portugal lo ha estado haciendo muy bien en los últimos años a nivel macroeconómico. El país se ha comportado muy bien y ahí estamos viendo un movimiento similar al que se inició en España de diversificación de fuentes de financiación y cómo las compañías cada vez van buscando nuevas alternativas para su financiación. Las compañías que acceden al MARF lo que buscan es ampliar su base inversora y acceder a un mayor número de potenciales financiadores. Las compañías portuguesas que llegan al MARF lo que tratan es de encontrar inversores españoles que complementen la demanda potencial de Portugal. Por ejemplo, en el último bono de Efacec, vimos cómo el 36% de la demanda en la colocación correspondía a inversores portugueses y el 64% a inversores españoles o de otras nacionalidades. Por tanto, creo que sí, que es una buena fuente de financiación para las compañías portuguesas. Previsiblemente, veremos nuevas compañías que traerán emisiones al MARF.

- Desde el punto de vista del inversor, ¿cuáles son los atractivos de las emisiones en este mercado de BME? ¿Qué rentabilidades están ofreciendo?

Creo que el atractivo fundamental para los inversores profesionales que acceden a estas emisiones que cotizan en el MARF es la diversificación. A través del MARF ellos pueden invertir en compañías o en sectores económicos que de no existir el mercado no podrían hacerlo. Muchas de estas compañías son privadas y no tienen otro tipo de activos en mercado que sean susceptible de poder ser adquirido por los inversores. Eso es un plus que valoran los inversores a la hora de decidirse por invertir en el MARF.

En cuanto a las rentabilidades que proporcionan los instrumentos, aquí hay que ser muy cautelosos. Son muy amplias las horquillas y muy variadas. A la hora de dar una indicación hay que tener en cuenta dos factores, el riesgo de la emisión el riesgo crediticio, el perfil crediticio de la compañía, que básicamente va a depender de su actividad económica. Y luego, el plazo de la emisión, que puede ser de muy corto a muy largo plazo.

En general podemos decir que en productos de corto plazo, en pagarés de empresas, hemos visto tipos de interés de emisión, coste de financiación para el emisor, o rentabilidad desde el punto de vista del inversor, que van desde el 0,10% hasta el 2%, más o menos.

En el caso de los bonos, a medio y largo plazo, los tipos de interés han ido desde el 2,5% como mínimo hasta el 7,5%. Pero siempre teniendo en cuenta la heterogeneidad que hay en cuanto a las compañías emisoras y los plazos a los que emiten.

- ¿Cuáles son las previsiones para lo que queda de año?

Son positivas. Creemos que el cierre del año va a continuar esa tendencia que hemos visto en los tres primeros trimestres. Más o menos, lo que esperaría es que a cierre de año, el volumen total emitido rondase los 9.000 millones de euros, que más o menos va a ser un 50% superior al del año pasado. Y eso hará que el saldo vivo esté por encima de los 5.000 millones de euros, que también supondrá una subida importante, algo más del 40% respecto al cierre de diciembre de 2018. Habrá nuevas compañías que llegarán previsiblemente. Pensamos que el mercado seguirá desarrollándose y ofreciendo soluciones de inversión a las empresas.

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