El peligro de unos mercados financieros saturados por la llegada de inversores

Por supuesto que hay razones geopolíticas para explicar este movimiento de compra hacia el oro, acompañadas de una depreciación del dólar estadounidense. Pero también hay argumentos que solo se basan en la entrada de dinero fresco al calor de las subidas que pueden saturar los precios y distorsionarlos. 

Hasta hace bien poco, la demanda de Oro estaba propiciada por los bancos centrales, la joyería y otras industrias que aprovechan las bondades del preciado metal. Pero en los dos últimos años se han incorporado inversores particulares que no solo compran directamente el oro (recordad que algunas ventas se realizaban en máquinas expendedores de hoteles de lujo) sino también participan en su impulso a través de fondos cotizados (ETFs) que replican los movimientos del oro y que no pocas veces lo hacen directamente con la adquisición física. 

Esta misma semana una firma de inversión apuntaba a que los actuales niveles del oro en torno a los 5.000 dólares (tras una recogida lógica de beneficios) iría a más porque aún faltaban por entrar en este mercado los grandes inversores institucionales. O sea, la demanda sería la única justificación para su esperado comportamiento alcista. Aunque más infrecuente, otras materias también se ofrecen al ahorrador particular. El precio del cacao el pasado año, sin duda, también atrajo el interés.

Otro ejemplo no muy lejano en el tiempo es la evolución del bitcoin que capitaliza 1,8 billones de dólares y abarca la mitad del valor total de las criptomonedas. Comparte con el oro un aspecto criticado por el oráculo de Omaha, Warren Buffett: son activos que no generan rentas, a diferencia de las acciones (dividendos) o de los bonos (cupones). Su éxito radica en su escasez, y en caso del oro en su utilidad, mientras el bitcoin queda para el mundo la seguridad informática. 

También el despegue del Bitcoin -pese a su elevada volatilidad- coincidió con la aprobación por parte de la Administración estadounidense de la creación de ETFs que adquirían o replicaban esta criptomoneda. A ello se suma la facilidad y rapidez para operar con estos productos a través de plataformas de contratación. Pero lejos de un claro argumento económico, nuevamente es la apertura de estos activos a nuevos inversores la que propició la escalada alcista cuando superó los 100.000 dólares por criptomoneda.

Otro caso también llamativo ha sido la autorización de los inversores particulares para participar en fondos de capital riesgo. Las autoridades y supervisores se mostraban reticentes, pero finalmente accedieron a poner este producto de escasa liquidez, evidentes riesgos y enfocado a largo plazo, al alcance de los bolsillos más modestos. Nuevamente, entradas de flujo de dinero que deben acudir al mercado empresarial -cotizado y no cotizado- sin demasiada claridad en el reparto de dividendos.

Tanto en el caso del oro como del bitcoin es imposible hacer un cálculo sobre el PER de esa inversión al carecer de retornos periódicos por lo que es una quimera saber los años en los que se recupera la inversión manteniendo esos productos. Y el caso del capital riesgo suele estar marcado por operaciones fallidas (sobre todo en aquellos que operan como business angels) que muchas veces se compensan con una gran historia de éxito.

En las bolsas y en los bonos, pese a la dificultad de acertar en las compraventas, es posible acercarse a saber en un momento concreto si las acciones están caras o baratas, y a percibir unos dividendos o recompra de acciones que en el primer caso aumentarán la cuenta corriente del inversor, y en el segundo mejorarán los ratios de las acciones que están en el mercado. Ahí, será más fácil tomar decisiones de compraventa, al igual que con los bonos con su rentabilidad  (cupón) y su relación con los movimientos de tipos de interés que en un momento decidan los bancos centrales de las distintas economías.

Ser cauteloso con el oro y el bitcoin suenan, hoy por hoy, a sustos de viejas. Pero no estaría de más pensar sobre los motivos de su ascenso.