Gran parte de lo que estamos viendo en los mercados se explica por una pérdida de confianza del inversor. Ya lo anticipábamos: 2026 iba a ser el año de la gran rotación y la diversificación. Una rotación desde los grandes índices tecnológicos y las mega capitalizaciones hacia otros sectores de la economía. Pensábamos que índices como el Russell 2000 o determinados índices europeos lo iban a hacer mejor, y de momento se está cumpliendo.
Las grandes tecnológicas americanas están sufriendo por sus elevadas valoraciones. No es que el mercado dude del potencial de la inteligencia artificial, sino que está ajustando precios. Los resultados empresariales, de hecho, siguen siendo positivos: cerca del 80% de las compañías del S&P 500 han batido expectativas, con un crecimiento de beneficios en torno al 12% y márgenes en máximos desde 2009. El problema no está en el presente, sino en las expectativas futuras.
Uno de los factores que ha incrementado la volatilidad ha sido el anuncio de Anthropic, que ha puesto en duda modelos de negocio, especialmente en compañías de software. Herramientas que antes requerían licencias, seguimiento comercial o gestión administrativa ahora pueden automatizarse completamente con inteligencia artificial. Esto ha generado dudas sobre hasta qué punto esta disrupción puede extenderse a otros sectores, como el financiero, y ese es uno de los grandes temores actuales del mercado.
Lo comparo con lo que ocurrió el año pasado con la irrupción de DeepSeek: vimos fuertes caídas en las tecnológicas que luego se convirtieron en una oportunidad de compra. Por eso creo que podemos ver más volatilidad a corto plazo, pero sigo siendo positivo en el medio y largo plazo, apoyado en catalizadores como el crecimiento económico, los estímulos fiscales y monetarios y una situación macro que sigue siendo constructiva. Quizá se le ha dado demasiada importancia al nombramiento de Kevin Warsh en la Reserva Federal, cuando en realidad las decisiones dependen de un comité amplio.
En Europa estamos viendo un comportamiento muy positivo, con el IBEX 35 destacando, aunque creemos que el sector bancario puede haber tocado techo. Sus resultados han estado muy apoyados en ajustes contables y recompras de acciones. Vemos más oportunidades en tecnológicas europeas que han corregido con fuerza, como SAP o ASML, y también en sectores como defensa e infraestructuras, impulsados por el aumento del gasto público en Europa.
En cuanto a los metales, la corrección reciente ha sido principalmente técnica. Ha habido mucho apalancamiento, un trasvase de posiciones desde otros activos y liquidaciones forzadas, especialmente en opciones, lo que ha generado más volatilidad. A nivel fundamental seguimos siendo muy positivos, especialmente con el Oro, por los elevados niveles de deuda, los déficits fiscales, la acumulación por parte de bancos centrales y la necesidad de diversificación de los inversores institucionales. La plata y el cobre tienen además un fuerte respaldo industrial, y el cobre sigue siendo uno de nuestros grandes favoritos a largo plazo.
Respecto al Bitcoin, en los últimos meses se ha comportado más como un activo especulativo que como refugio. La pérdida de confianza, la fuerte correlación con las bolsas y la toma de beneficios han pesado en su evolución. Aun así, seguimos siendo muy positivos a largo plazo: su oferta es limitada, es un activo fuera del control de los bancos centrales y, en un entorno de inflación estructuralmente más alta y políticas monetarias laxas, creemos que debería terminar ajustando al alza. Lo que hace falta ahora es paciencia y que vuelvan los catalizadores adecuados: más liquidez, menos restricción en el balance de la Fed, cierta desregulación financiera y un marco regulatorio más claro.

