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Araceli de Frutos, consejera de Araceli de Frutos EAFI, considera que la reacción de los mercados estadounidenses a la victoria demócrata resulta desmesurada, especialmente en el sector tecnológico. Explica que las bolsas reciben inicialmente los resultados electorales con alivio, pero posteriormente registran fuertes caídas ante las declaraciones de representantes demócratas sobre la posibilidad de frenar el desarrollo de centros de datos y determinadas inversiones vinculadas a la inteligencia artificial.
La experta señala que estas propuestas deben analizarse con cautela, puesto que Estados Unidos necesita mantener su competitividad tecnológica frente a China. Además, recuerda que el Gobierno estadounidense continúa en manos republicanas, por lo que cualquier medida requiere negociaciones. En consecuencia, considera que las correcciones pueden generar oportunidades de inversión, aunque recomienda revisar las valoraciones y las perspectivas de beneficios de las compañías tecnológicas.
En cuanto a Europa, destaca que sus índices muestran una mayor resistencia gracias a su menor exposición tecnológica y al peso de sectores tradicionales. Subraya especialmente el comportamiento del Ibex 35, favorecido por la importancia del sector bancario. No obstante, advierte de que empresas industriales vinculadas al suministro de equipamiento para centros de datos, como Schneider Electric y Siemens, también sufren las consecuencias de las ventas generalizadas.
Respecto al balance de 2026, De Frutos reconoce que se trata de un ejercicio complicado para la gestión activa, debido al protagonismo de los acontecimientos geopolíticos y a la volatilidad de variables como el petróleo y los tipos de interés.
Sin embargo, destaca que los resultados empresariales mantienen una evolución favorable y demuestran la capacidad de adaptación de las compañías a escenarios económicos cambiantes. Considera que esta fortaleza de los beneficios constituye uno de los principales factores que sostienen las cotizaciones.
De cara a los próximos meses, sostiene que la estrategia de inversión no cambia sustancialmente, aunque contempla ajustes en la ponderación tecnológica para evaluar las consecuencias de las posibles nuevas políticas estadounidenses. Insiste en que la inteligencia artificial continúa siendo una tendencia estructural y que el sector tecnológico debe conservar una presencia relevante en las carteras, siempre desde una perspectiva de largo plazo.
Al mismo tiempo, defiende una diversificación más equilibrada entre sectores cíclicos y defensivos. En consumo básico y productos personales menciona compañías como Danone y L'Oréal, mientras que en el ámbito eléctrico mantiene su interés por Iberdrola y Engie, apoyándose en sus resultados y en la rentabilidad por dividendo.
Dentro del sector tecnológico favorece compañías consolidadas como Microsoft, mientras que, en el financiero europeo, identifica oportunidades en UniCredit e Intesa Sanpaolo.
En definitiva, De Frutos recomienda evitar decisiones impulsivas motivadas por el miedo, aprovechar selectivamente las oportunidades derivadas de las correcciones y mantener carteras diversificadas. Su planteamiento combina prudencia ante la incertidumbre política, confianza en la capacidad de adaptación empresarial y continuidad de una estrategia de inversión a largo plazo.

